Hay libros que mezclan la memoria de quien escribe con la memoria de quien lee. No se limitan a contar una historia, la terminan de construir en el acto íntimo de la lectura, con las voces de fondo, con la forma en la que sujetamos el libro, con el lugar físico y emocional desde el que lo abrimos. Libros que se cosen a nuestra experiencia sin pedir permiso.
Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro, es uno de esos libros.
La autora, escritora colombiana, según leo en las contras de sus libros, hace literatura de lo cotidiano y de la intimidad. En esta obra se sitúa a medio camino entre la novela breve, la memoria y el texto poético, aborda la figura de la madre y su progresiva pérdida de la memoria a través del bordado.
La narradora reconstruye la memoria materna siguiendo los hilos, los nudos, las telas. El bordado se convierte así en un lenguaje alternativo, una forma de decir lo que no siempre puede nombrarse o recordarse de otra forma. Cada puntada guarda una historia, cada hilo conecta tiempos. A través de este gesto, pasar el hilo de un lado a otro de la tela, la autora propone una manera de resistir al olvido y de sostener el recuerdo.
Yo también bordo. Y leo. Y quizá por eso el libro me ha atravesado con una delicadeza especial. Me ha parecido tan hermoso y tan tierno que, por momentos, me he perdido en mis propios recuerdos: en las manos que aprendieron antes que yo, en los objetos que sobreviven a quienes los usaron, en esa transmisión silenciosa que no siempre pasa por las palabras. Por momentos, también, me he detenido en esas sentencias mínimas y luminosas sobre el sentido de los hilos, los nudos y las pérdidas. Frases que se quedan.



La historia que propone Los hilos perdidos es dura. Habla de enfermedad, de deterioro, de ausencia, pero está construida de una forma casi onírica, fragmentaria, como funciona la memoria cuando intenta aferrarse a algo que se escapa. No hay un relato lineal ni una cronología cerrada. Hay imágenes, sensaciones, gestos que vuelven. Y en esa estructura quebrada hay una verdad emocional muy poderosa. La reivindicación también de un saber históricamente femenino y doméstico como forma de escritura.
Los hilos perdidos se ha convertido en mi libro-costura, con el que acaba 2025 y empezaba 2026. en este cambio de año. Recomendadísimo.