Categoría: Historia

  • Maria da Fonte, una mujer que son 7 o un ciento

    La mujer minhota, en referencia a las mujeres de la región del Minho (zona norte de Portugal), es considerada, generalizando, como una mujer fuerte y de armas tomar. En cierta manera, la etiqueta le viene dada por los acontecimientos de la revuelta de 1846 iniciada por mujeres en la zona de Póvoa de Lanhoso (distrito de Braga). Aquella revuelta, conocida por el nombre de Revolución de Maria da Fonte, hizo caer al gobierno de Costa Cabral y creó un mito entorno a la figura de la mujer minhota como símbolo de la revolución popular.

    Un poco de contexto

    El gobierno de Costa Cabral (perteneciente al movimiento cartista, defensor de la Carta Constitucional de 1826) estaba imponiendo una serie de medidas y nuevas leyes que el pueblo no veía con buenos ojos.

    El ambiente seguía caldeado desde las Guerras Liberales (1828-1834), guerra civil que enfrentó a los liberales constitucionales de Pedro IV contra los liberales absolutistas de su hermano D. Miguel. El resultado de la guerra fue a favor de los constitucionales que devolvieron el trono a Maria II, hija de Pedro IV. Además, dentro de los liberales constitucionales se fue abriendo una brecha entre un bando más de derechas, los cartistas, y otro más de izquierdas, los setembristas, que dio lugar a la Revolución de Septiembre (1836).

    Inciso: D. Pedro IV fue también Pedro I de Brasil, el último rey de Brasil y con el que el país consiguió la independencia de Portugal. Como sugerencia, el libro “El imperio eres tú”, de Javier Moro, narra esta parte de la historia de Brasil y Portugal.

    Esta división, el ambiente de descontento y las reformas de Costa Cabral -reorganización fiscal, aumento de los impuestos y cambios en hábitos muy arraigados a la tradición- fueron el perfecto caldo de cultivo para la exaltación popular. Y ésta se desató curiosamente como contestación a la medida que prohibía los entierros en las iglesias y obligaba al registro del fallecimiento, obtener la licencia sanitaria, pagar el entierro y realizarlo en los cementerios construidos en campo abierto. La población de las aldeas era reacia a estas reformas, creían que los difuntos quedaban desprotegidos si eran enterrados en otro lugar que no fueran las iglesias, como se hacía tradicionalmente.

    Las 7 Marias da Fonte

    Maria_da_Fonte-Bordalo Pinheiro-Wikipedia
    Maria da Fonte, de Bordalo Pinheiro. Fuente: Wikipedia

    A la muerte de Custódia Teresa, el 21 de marzo de 1846, en la aldea de Fontarcada, Póvoa de Lanhoso, los vecinos quisieron darle entierro en la iglesia, como era costumbre. Sin embargo, carecían del permiso de la Junta de Salud y las autoridades decidieron imponer la ley ya que unos meses antes, en enero, ya había habido altercados con otro fallecido. Los vecinos, en su mayor parte mujeres, no permitieron que los restos de Custódia fueran enterrados a la intemperie en el cementerio, y ellas mismas trasladaron el cuerpo a la iglesia y lo enterraron.

    Las autoridades, como medida ejemplar, decidieron poner freno a las movilizaciones apresando y encarcelando a las cabecillas de los altercados. Así las primeras 4 Marias da Fonte: Joaquina Carneira, Maria Custódia Milagreta, Maria da Mota e Maria Vidas, fueron llevadas a la prisión. Un centenar de mujeres de los alrededores, ataviadas con palos, piedras y hoces, salió a la calle rumbo a la cárcel para liberar a sus “compañeras”. Lo lograron. Joana Maria, se convirtió en la quinta Maria da Fonte al ser la primera en golpear la puerta de la cárcel para liberar a las otras cuatro.

    La sexta Maria da Fonte ya era conocida por este nombre antes de la revolución. Maria Luiza Balaio era dueña de una taberna situada en el Largo da Fonte, donde los clientes ya conspiraban contra el gobierno de Cabral. Cuando las liberadoras y liberadas pasaban por su puerta, la tabernera las invitó a celebrar la euforia donde la vitorearon animadas por la adrenalina y el vino.

    Las movilizaciones fueron extendiéndose durante las semanas siguientes por las aldeas vecinas. Josefa Caetana fue detenida en la aldea de Galegos, convirtiéndose por ello en la séptima Maria da Fonte. Antes de llegar a la prisión, un grupo de mujeres consiguió liberarla.

    Maria da Fonte es la heroína del pueblo, sea una, sean 7 o un ciento de mujeres. Los motivos y las discrepancias sobre por cuál de todas ellas le es dado el nombre a la revolución ya no importan. El símbolo ya está creado.

    Inciso: Entre los libros escrito por Camilo Castelo Branco (1825-1890) figura uno titulado «Maria da Fonte» que relata pormenorizadamente estos acontecimientos, ensalzando la figura de una de estas Marias, la tabernera Maria Luiza Balaio. Esta historia está escrita como respuesta contra la versión de 1883 escrita por el padre Casimiro José Vieira.

    Angelo Frondoni (1808-1891), compositor italiano, compuso un himno popular, «Maria da Fonte ou do Minho«. Este himno fue furante algún tiempo el canto de guerra del partido progressista em Portugal.

    Además, Zeca Afonso escribió y compuso la canción «As 7 mulheres do minho»; mujeres a las que coloca en las páginas más brillantes de la historia de Portugal y atribuye un gran valor.

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    Post Data: Después de la Revolución de Maria da Fonte

    Los ánimos de revuelta se extienden como la pólvora. Ya no son solo grupos de mujeres en las aldeas del norte, ahora es una buena parte del pueblo que se sube a la ola. Ante la presión, la Reina Maria II destituye el gobierno de Costa Cabral y nombra como Ministro a Pedro de Sousa Holstein (1º Duque de Palmela). Como sabremos más adelante al seguir leyendo la historia, el problema sigue latente y la división entre las fuerzas visible; el resultado será una nueva guerra civil: la Guerra de Patuleia (1846-1847).

  • Corazones malditos y un destino macabro

    Era el año 1338, la joven Constanza Manuel va a conocer al que ya es su segundo esposo, el príncipe Pedro de Portugal. Con 22 años, Constanza ya ha sido reina consorte de Castilla al ser casada con el rey Alfonso XI, repudiada por éste con el cual no consumó el matrimonio y ahora casada con otro heredero a un trono para sellar alianzas entre los reinos. No parece que el destino vaya a cambiarle la suerte, Pedro se enamora de la dama que la acompaña, Inés de Castro.

    Los ojos de la noble gallega, Inés, y el heredero a la corona portuguesa se cruzan y surge un amor reprobado por los intereses de la casa real portuguesa y aquellos que veían en la familia Castro (emparentada con los primeros reyes de Castilla) una amenaza a la estabilidad de los poderes.

    El rey Alfonso IV de Portugal, en aras de mantener la estabilidad del matrimonio de su hijo con Constanza y alejarlo de las pasiones con doña Inés, manda al exilio a Inés de Castro que se refugia en Alburquerque. El amor no lo rompen las fronteras, tal vez la muerte…

    Constanza muere al dar a luz a su hijo Fernando, siguiente en la línea de sucesión al trono de Portugal. Este giro de los acontecimiento hace que Pedro lo aproveche para rescatar a su amada, casarse en secreto (aunque no existen pruebas documentales de este matrimonio) y vivir un idilio que deja cuatro descendientes: Afonso, João, Dinis y Beatriz.

    Alfonso IV piensa, incitado también por otras voces, en aquello de que tal vez la muerte… Y en una de las ausencias de Pedro del Monasterio de Santa Clara donde vive con Inés, el rey Alfonso acude a deshacerse del inconveniente que supone Inés de Castro. Lo acompañan tres enemigos de los Castro, Alonso Gonçalves, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. Era el 7 de enero de 1355 y en el monasterio, ahora Quinta das Lágrimas, queda sentenciada una venganza cruel.

    Ilustración "Depois de morta foi rainha (1987), de Lima de Freitas. Portada del libro Inês de Portugal de João Aguiar. Inés de Castro.
    Ilustración «Depois de morta foi rainha (1987), de Lima de Freitas. Portada del libro Inês de Portugal, de João Aguiar.

    La muerte no es sino otra frontera que el amor consigue traspasar y enciende el enconamiento de Pedro, que en un primer impulso declara la guerra a su padre y promete vengar a su amada. Alfonso concede algunos poderes a su hijo y firman la paz, pero no hay olvido. Pasan apenas dos años, en 1357 muere el rey Alfonso IV y es coronado Pedro I.

    La leyenda, o una libre interpretación de los hechos, cuenta que Pedro, una vez rey, mandó exhumar el cadáver de Doña Inés para sentarlo en el trono y proclamarla reina de Portugal, obligando a los cortesanos a rendirle los honores que se le deben a una reina. Posteriormente, Inés de Castro fue llevada al monasterio de Alcobaça donde sus restos descansan en un fastuoso túmulo. Pies con pies fue colocado otro túmulo para recibir a Pedro y así, el día del juicio al levantarse se encontrarían frente a frente y serían lo primero que verían.

    Alonso Gonçalves, Pedro Coelho y Diego López huyen a Castilla cuando Pedro se convierte en rey. Pero los reyes de Castilla y Portugal realizan un acuerdo para intercambiarse huidos de ambas partes. Diego consigue escapar a Francia mientras que Alonso y Pedro son llevados al palacio de Santarem donde les arrancan el corazón, a uno por la espalda y al otro por el pecho. Corazones malditos, según Pedro I.

    A todo esto, era el año 1338, Inés de Castro acompaña a la comitiva de la esposa de Pedro I, todo apunta a que sea Constanza la protagonista de la historia y no ella, sin embargo, el destino macabro ya se ha puesto en marcha.

  • Una de las 72 historias por las que Portugal entró en la 1ª Guerra Mundial

    El 23 de febrero de 1916, Portugal requisó 72 buques alemanes que se encontraban anclados en los puertos portugueses. Así, Portugal entró en la 1ª Guerra Mundial del lado de los aliados. Uno de esos buques, el Lahnek de la compañía Deutsche Dampfschiffarts Gesellschaft Hansa, fue rebautizado con el nombre Gil Eannes y se convirtió, después de servir como buque de guerra, en orgullo de la marina como buque hospital con una larga trayectoria.

    Actualmente, el Gil Eannes ya no es el que era. El buque hospital ya no asiste en los mares de TerraNova a los bacaladeros portugueses. El Gil Eannes está retirado y es ahora un buque museo que recuerda su propia historia. Pero, además, este Gil museo tampoco es aquel buque aprehendido a los alemanes; este, construido en1955 en los astilleros de Viana do Castelo, sustituyó al ajado buque de la Gran Guerra y sirvió hasta 1984.

    Tras su amarre definitivo su suerte estuvo tambaleándose durante más de una década hasta que la Cámara de Viana lo rescató y lo reformó rescatando sus memorias.

    El buque amarrado hoy en Viana do Castelo se puede visitar y en él se puede descubrir todo lo que sirvió este navío: buque hospital, de mando, correo, remolcador, rompehielos. Realizó la mayor parte de su servicio en los mares de TerraNova y Groenlandia, llevando víveres y correo a los marineros, asistiéndoles en las largas y frías temporadas de la pesca del bacalao, o incluso abriendo paso entre hielo a otras naves que quedaban encalladas.

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    Según se guarda en los registros, a pesar de la gravedad de algunos de los casos en los que el buque hospital tuvo que asistir, nunca murió un marinero a bordo; aunque sí sirvió también como transporte de difuntos hasta los cementerios reservados a los portugueses de St. John’s en Terranova o Hollsteinborg en la costa este de Groenlandia.

    Después de esta etapa, volvió a servir como mercante en diferentes travesías por todo el mundo.

    Cabo Bojador, cabo de la costa atlántica norteafricana, situado en la costa norte del Sáhara Occidental.
    Cabo Bojador, cabo de la costa atlántica norteafricana, situado en la costa norte del Sáhara Occidental.

    Gil Eannes lleva la historia también en su nombre. Fue un escudero del Rey D. Henrique. El primero que atravesó el Cabo Bojador, de cual circulaban leyendas de monstruos marinos, y consiguió regresar. Como prueba de su hazaña trajo un ramo de flores a las que llamaron “rosas de Santa María” en honor de a quien los portugueses hicieron patrona de África en 1415.

    Puede estar seguro el primero de estos tres Gils, el valiente escudero, que los otros dos le han seguido la estela.

  • La Torre de los Clérigos, faro de Oporto

    Esta torre fue durante algún tiempo una referencia para los barcos que entraban Duero arriba hacia Oporto. Hoy, puede seguir siendo referencia para muchos en la ciudad, para no perderse y orientarse. Es la Torre de los Clérigos.

    Es como un faro. Los faros se ven desde muchos sitios y desde ellos se puede establecer un punto guía.

    Después de tantos paseos por Oporto, tantas visitas fugaces y largas estancias, por fin subí los doscientos y pico escalones. Y allá arriba, a 75 metros de altura comprendí el perímetro de Oporto.

    La Torre dos Clérigos, proyectada por el arquitecto Nasoni, fue la casa de la congregación que formaron la Cofradía de los Clérigos Pobres de Nuestra Señora de la Misericordia, la Hermandad de San Felipe de Nery y la Cofradía de los Clérigos de San Pedro. La finalidad de esta congregación era la de socorro a los clérigos pobres.

    La Iglesia de los Clérigos y la enfermería se completaron con la construcción de la torre en un terreno baldío que les fue cedido, entre 1732 y 1779. Aquel terreno baldío era estaba entre la Fonte da Arca (Fuente del Arca), hoy Praça da Liberdade,  y el lugar donde se enterraba a los que morían en la horca y a los que morían en las celdas de la cárcel, Adro dos Enforcados (Átrio de los Ahorcados).

    A medio camino entre el suelo y la cima de la torre se pasa por el carrillón de concierto, no sin cierto temor de sentir retumbar el sonido golpeando contra las gruesas paredes de granito que forman la torre. Al llegar arriba del todo, hay una especia de balconada desde la que sentir la respiración de la ciudad, distinguir la línea del Duero que separa Oporto de Gaia, reconocer la Avenida da Liberdade, la estación de São Bento y la Catedral. Y justo a los pies de la torre, la plaza de Lisboa, hoy recuperada, pero que durante años estuvo abandonada y antes de eso, fue el Mercado do Anjo (hasta 1952) (Mercado del Ángel).

    La ciudad no termina en una vista de 360º, en cada vuelta se desenrosca una capa y como un faro, nos va dando luces sobre sus rincones.

  • Los caretos de Podence

    La sala museo de Caretas de Podence, en Macedo de Cavaleiros, tiene una entrada principal, pero también se puede acceder por la puerta trasera del bar. Si apareces por allí una tarde de sábado de octubre, es muy probable que entres por la trasera.

    Todas las máscaras, las de Podence o las de Venecia, tienen un aspecto siniestro. La mueca callada de un instante, produce desasosiego. Las caretas de Pdence, además son metálicas.

    Caretas metálicas del carnaval transmonstano. Caretas de Podence. LeleSorribas2013
    Caretas metálicas del carnaval transmonstano. Caretas de Podence. LeleSorribas2013

    Las paredes blancas del museo y los ventanales consiguen darle luz a la sala y el colorido de los trajes permite pensar que todo aquello forma parte de un momento de fiesta. En las dos salas que componen el museo hay varios trajes completos del Entrudo (Carnaval) trasmontano. Los trajes cubren todo el cuerpo con tiras de colores, de la cabeza los pies. Los “mascarados” llevan también un cinto con cencerros y la cara cubierta con una máscara metálica. Imaginar las calles de este silencioso pueblo en los días del carnaval, con cientos de hombres ataviados con estos disfraces crea una imagen asustadora.

    Detalle del cinto del traje de Careto con los cencerros. Caretos de Podence. LeleSorribas2013
    Detalle del cinto del traje de Careto con los cencerros. Caretos de Podence. LeleSorribas2013

    La tradición cuenta que tras el callado invierno y antes de las restricciones de la cuaresma, los jóvenes se transforman al vestirse de Caretos y corren agitando sus cencerros por las calles del pueblo acechando a las mozas. Las muchachas que no quieren corresponder al cortejo se unen a los hombres y corren con ellos.

    Las máscaras vistas de cerca parecen frías, además de bastante terroríficas. Realmente, es fácil imaginar que al colocarla delante de la cara se producirá una transformación.

    Este año el carnaval de los caretos se celebra del 1 al 4 de marzo. Una buena oportunidad para conocer esta tradición y comprobar que el silencio y el estruendo se dan la mano en un punto en el que surge algo parecido al miedo.

    Figura completa de un Careto y una máscara. Caretos d ePodence. LeleSorribas2013
    Figura completa de un Careto y una máscara. Caretos d ePodence. LeleSorribas2013
  • Otra vez la primera vez en Oporto y São João

    Tejados de Oporto, al fondo la Sé. LeleSorribas2012

    Redescubrir una ciudad a través de otras personas y en otros momentos, cuando las cargas emotivas han cambiado, hace que se incluyan nombres nuevos en el mapa y expresiones diferentes ante estímulos similares. Con Oporto he pasado varias veces por esta experiencia y creo que podría repetirla infinidad de veces. Oporto no se agota con las visitas obligadas, no se agota aunque se haya vivido en ella, no se agota con los lugares desapercibidos.

    El Infante Don Henrique, El Navegante, presidiendo los jardines de laplaza  que lleva su nombre. LeleSorribas2013
    Esta vez me hubiera gustado encararme a la escultura de El Infante Don Henrique, El Navegante, ver hacia donde apuntaba su dedo y mirar también en la dirección contraria. Esa posición, a hombros del navegante, en la plaza que lleva su nombre me mostraría el mercado Ferreira Forges reabierto como restaurante, sala de conciertos, mercadillo y bar con terraza. En la dirección de su dedo, Don Henrique me señalaría el camino de los descubrimiento portugueses, recordándome que estaba redescubriendo Oporto.
    Interior de la Iglesia de São Francisco. Oporto. LeleSorribas2013
    Continuando con ese volver a ver y ver por primera vez, entré en el convento de San Francisco. El interior de la iglesia de San Francisco está decorado con tallas de madera revestidas de oro, una sobrecarga de formas y nudos. Según leí, se consideraba tal la ostentación de esta decoración que durante un tiempo se cerró porque no se consideraba oportuno celebrar el culto en ella con la pobreza que había alrededor. Lo que me atrajo hacia ella no fue su oro fueron esos otros ojos que me acompañaban y la curiosidad por lo que se escondía en sus catacumbas. En las catacumbas, que esperaba muy tétricas, encontramos un cementerio subterráneo muy ordenado cuyas fechas no iban mucho más allá del 1800 y pico. Las conversaciones encerradas en esas catacumbas suenan a relatos históricos aunque sean banales comentarios sobre primeras impresiones o sobre coleccionistas empedernidos de antigüedades.
    El tranvía de la línea 1, Passeio Alegre, por la orilla del Duero.Oporto. LeleSorribas2013
    Otra de esas cosas hechas por primera vez en el Oporto ya conocido fue ir en tranvía desde la iglesia de San Francisco hasta la Foz, pasando por todos los barrios en la orilla del Duero, que se estaban preparando para celebrar São João. Y una vez en la playa, dejar las huellas en la arena y marcar caminos de ida y vuelta era algo que había que hacer: orientar los pies en la dirección de los descubrimientos y dejarse llevar también por los efectos del solsticio de verano (São João).
    Huellas de ida y vuelta. Praia dos Ingleses. Oporto.LeleSorribas2013
    Llega la noche grande, la curiosidad de quien no ha estado es contagiosa, por mucho que yo haya dicho, haya visto o haya probado: las sardinas no saben siempre igual, los sonidos del bullicio tampoco suenan de la misma manera, los globos de papel lanzados vuelan con promesas nuevas y las batallas de martelinhos son indescriptibles. El momento álgido son los fuegos artificiales, que marcan el arranque del día 24 a las 00:00 exactas, aunque la fiesta lleve ya horas en acción. En ese momento, el de los fuegos, la ciudad para, las miles de personas se alinean y solo se escuchan los chispeos de los petardos de colores y las bombas luminosas, al finalizar los aplausos y los gritos son tan ruidosos como los fuegos y el movimiento vuelve a inundar la Ribeira y las calles aledañas.
    La Ribeira, al fondo el Puente Don Luís, con los «martelhinhos» en acción.Oporto. LeleSorribas.2013
    Oporto ha sido redescubierto, puedo decirlo con la ilusión de saber que aún me quedan miradas curiosas que echarle. Desayunar en esta ciudad es una primera vez continua aunque siempre se sirva zumo de naranja, meia de leite, torrada o cruasán.