Etiqueta: Interfado

  • Fado Libre: lo que cabe en una canción

    Fado Libre: lo que cabe en una canción

    Compartimos viaje, no sé si destino. El auditorio del Orfeó Lleidatà volvió a llenarse para escuchar a Fado Libre, el dúo que cerraba los conciertos de InterFado 2026 en Lleida.

    La experiencia musical empieza con una cena de sabores portugueses, en este caso alentejanos: gazpacho, ensalada de pulpo, bacalao con nata, cataplana alentejana y buñuelo de calabaza. El cilantro me llevó a explicarle a mi hija el día que lo probé por primera vez. Las mesas también eran compartidas. A nuestros compañeros les encantó el bacalao; a nosotras, la ensalada de pulpo.

    Fado Libre son dos: Anabelle Dos Santos Rosa y Raphaël Charrier. Ella, nacida en Francia, hija de portugueses, ha cultivado una identidad muy vinculada al país de sus padres y de sus abuelos. Con Raphaël, según nos cuentan, ha encontrado un aliado musical para vivir dentro de esa dualidad.

    Raphaël, como manda la tradición, arranca solo en el escenario. Primero afina su guitarra, la coloca sobre su pierna izquierda, casi vertical, y se abraza a ella. Sus ojos cerrados me dicen que está en algún sitio, pero no sé dónde. No es el virtuosismo lo que me atrapa. Son su gesto y su balanceo los que me arrastran a alguna parte: acordes del fado con notas evocadoras de otra lusofonía, tal vez Brasil, o quizá de ese lugar que desconozco.

    Sale a continuación Anabelle. Canta O nosso povo, un fado que me lleva hasta Amália, y en el que yo interpreto, leyendo entre líneas, cómo construyen su forma de estar en el fado. 

    O nosso povo não sabe 

    todas as coisas que eu sei  

    tem uma réstia de luz onde cabe 

    todo este amor que eu lhe dei… 

    Por isso se canta… 

    Antes de cantar Fado Bailado, Anabelle nos explica que le recuerda a sus veranos de infancia en el Algarve. Allí conoció la festa do emigrante, el corridinho (baile tradicional), y descubrió qué significaba ser emigrante. 

    Luego canta Madredeus y soy yo quien se los lleva a todos en coche de Lisboa a Oporto. Subo el volumen. La pregunta siempre latente: ¿por qué me conmueve tanto esta música?

    La voz de Anabelle gana fuerza en los agudos, se afina y se cuela por las rendijas. Sobre el escenario es delicada, mira a Raphaël y se van juntos con los ojos cerrados a ese lugar misterioso que nos están mostrando en cada una de las elecciones de su repertorio.

    Raphaël coge el micro y nos explica: somos Fado libre y somos libres de cantar lo que queremos. Destino: Brasil. Tom Jobim. Aunque si me tapara los oídos sabría interpretar que el baile de Anabelle con el cuerpo recogido y el zigzag de sus pies evoca Brasil.

    En los bises, Anabelle presenta Barco Negro como la historia de un amor capaz de sobrevivir incluso a la muerte.

    Mi hija ha estado dibujando en mi libreta y yo me he olvidado de los títulos de las canciones. Así que hoy escribo mirando sus dibujos: una guitarra, una mesa con una copa, una mano, una boca, un ataúd. No dibuja solo lo que ve, también lo que entiende: lua, estrela, noite, dia, mar.

    Compartimos el viaje.

  • Cualquier cielo puede traer una noche de fado

    Cualquier cielo puede traer una noche de fado

    Presidencial abre InterFado en Lleida con un concierto que recuerda que el fado no necesita traducción para emocionar.

    “Luna creciente. Berço. Arrulla.
    Cualquier cielo puede traer una noche de Fado.”


    Las palabras me acompañan mientras voy en coche hacia el Orfeó para el concierto de Presidencial, el primero del programa de InterFado de este año. Mi cuerpo se prepara, rememora los primeros encuentros con el fado.


    No soy tan joven, pero no sé si tengo edad suficiente para sentir este escalofrío. El de una tradición antigua que, sin embargo, para nada me es ajena.
    Veinte años. La mitad de mi vida con el arrepio dentro de la piel. Se dice pronto. Y la mitad de ellos ya, manteniendo la pasión en la distancia. No es una añoranza triste, es una saudade deseada, apacible. Lo pienso con orgullo.
    Mi arraigo es como las raíces del centeno: largas, resistentes, capaces de extenderse incluso cuando la tierra cambia. Así me descubro, como una espiga que guarda dentro de sí los acordes de un fado tradicional y las palabras con las que nos alcanza: confesso, vento, beijo, céu, ausente, amor, coração…


    Empieza a sonar la guitarra portuguesa. Doce cuerdas que pasan entre los dedos de Márcio Silva. Sus agudos erizan la piel de mi espalda como una caricia. Sus graves son como la palma de la mano caliente recreándose en mi vientre.

    Márcio dirige la mirada al otro lado del escenario. Lo acompaño. La viola (guitarra de fado) de António Reis vibra en mi pecho y todavía no lo he escuchado todo.
    Ahí aparece Ana Margarida, la fadista. Su voz flota como un pañuelo de seda para envolvernos.
    Es ella la encargada de presentar a los músicos. A veces la sombra de la fadista es muy grande, la de Ana Margarida les deja espacio. Son tres sobre el escenario y los tres son.


    Ana Margarida se esfuerza por hablar en español, consciente de que buena parte del público no comprende las letras que canta. Explica que ellos son fadistas y que el fado no es perfecto, que es corazón. Y ellos ponen el corazón.
    Así empezó todo, con mi corazón latiendo en estrofas de cuatro versos que vuelven una y otra vez. ¿Qué estará sintiendo quien las escucha por primera vez?
    Encuentro una respuesta en la mesa de al lado. Un chico sigue el ritmo con los dedos. Tal vez intenta memorizarlo. No sé si entiende las palabras, tampoco le hace falta. Algo de esa música ya es suyo.


    La luz se dirige ahora a António Reis, que toca y canta: “tudo nela é fado”. Todo en esta noche es fado, desde el arrullo, la piel y la emoción.
    Ana Margarida vuelve para llevarnos a una Marcha Popular, el público canta la lala lalala. La timidez desaparece en la penumbra de la sala. Los aplausos congelan a los tres en el escenario. Si se acabara aquí, el final sería hasta festivo. Desmontaría el mito de que la música portuguesa es siempre tan nostálgica.


    No es el fin. Ana Margarida sale con António y nos regalan un último momento. Los dos cantan sobre un amor imposible e inolvidable. Un amor que perdura.


    Ya son veinte años.

    Cierre del concierto de Presidencial (Ana Margarida, Márcio Silva y António Reis) en InterFado 2026 en el Orfeó Lleidatà.
  • Entre fado y arrullos: crónica de Fado Inverso en InterFado

    Entre fado y arrullos: crónica de Fado Inverso en InterFado

    Llegó el día del concierto del festival InterFado. Fado Inverso, a quienes entrevisté recientemente, actuaban en el Orfeó Lleidatà a las 22 h. Desde hace unos años instauré una pequeña tradición: llevar a las niñas a los fados.

    Así, la noche del 17 de octubre, las niñas, con su sueño y la ilusión del plan que se repite desde hace tres años, entraron en la sala ya llena del Orfeó. Escogimos sitio en la última fila, por si había que abandonar el auditorio a mitad del concierto. Salieron Ana Roque y João David Almeida al escenario, bajaron las luces, se hizo el silencio y comenzó a vibrar Andorinha.

    Las niñas esperaban Duas lágrimas de orvalho, porque la habíamos estado cantando en casa. No llegaba y el sueño empezaba a vencerlas. Me conmovió verlas acurrucarse con Balada para uma menina (despenteada): las veía con la cabeza apoyada en la mesa, el cabello revuelto y los párpados cada vez más pesados. Cantaron también Matilde y fue bonito descubrir que detrás de la letra había también la historia de una madre.

    Los aplausos acalorados tras cada muestra de fado (y de lo inverso) las hacían saltar del asiento y volver enseguida a su ovillo. Sonó entonces uno de Amália: Gaivota, una muestra de que aún es posible volver a los clásicos y extraer las emociones de otro punteo. Estaba en plena piel de gallina, conectando con ese hilo invisible que me estremece al escuchar “meu amor na tua mão, nessa mão onde cabia perfeito meu coração”, cuando un tirón de la camisa me devolvió a la sala, a la osadía de llevar a unas niñas pequeñas a un concierto un viernes por la noche.

    Rompieron de nuevo los aplausos. Ana explicó que iban a hacer otro fado muy tradicional, pero de esa forma diferente que los caracteriza. Sabía que era el momento en que João David arrancaría con esa especie de beatbox que vira en un canto que me recuerda a la música árabe y que enseguida entraría Ana con el tono afinado de Duas lágrimas de orvalho. Solo con sus voces crearían lo que, para mí, es la joya de su fado y de la transformación.

    —Chicas —me apresuré a decirles—, esta es la que esperabais.

    Lo intentaron, de verdad que lo intentaron, pero el sueño era más fuerte.

    No sé hasta qué punto es buena idea arrastrarlas conmigo en este acto que alberga la esperanza de crearles buenas memorias. Dudo que el cansancio les permitiera disfrutarlo. Egoístamente, si me quedo en lo esencial, quizá hubiera sido mejor ir sola, pero no quiero perder la oportunidad de que algún día lleguen a amar el fado la mitad que yo.

    Gracias, obrigada, Ana y João David, por poner banda sonora a nuestras historias.

    Balada para uma menina (despenteada) de Fado Inverso. Las niñas dejándose arrullar

    Hace apenas unos días compartía en el blog mi conversación con Fado Inverso, el dúo portugués formado por Ana Roque y João David Almeida, que regresaba al festival InterFado con su primer disco, Avenida da Liberdade. En aquella entrevista hablábamos de raíces y de transformación, de cómo el fado se reinventa sin perder su alma. Esta vez, las palabras se hicieron música y pude sentir en directo todo aquello que contaban: la emoción, la búsqueda y esa forma tan suya de respirar el fado.

  • InterFado 2016 viste Lleida de Fado

    17 a 23 de octubre

    cartell-interfado-2016Cada año, cuando se aproxima el mes de octubre, se me pone el corazón de filigrana sabiendo que es el mes de InterFado en Lleida, el Festival Internacional de Fado de Catalunya.

    La misión del festival es descubrir sonidos del Fado más allá de las fronteras portuguesas o de las fronteras del estilo tradicional, y siempre, siempre, lo consiguen. Este año InterFado cuenta con tres propuestas: Fado em trio, un grupo de Oporto que transforma el fado introduciendo instrumentos que no le son propios y con unas versiones muy sorprendentes de las músicas más conocidas. Deutsche Fado quartet, desde Alemania consiguen evocar la saudade de quienes emigraron de Portugal hacia fuera o de quienes conocieron esa forma de sentir lusa y ya no han conseguido desprenderse de ella. Lizzie, una francesa enamorada del fado y de la canción francesa, que busca transmitir ese universo tan personal que se crea al fusionar los dos acentos.

    Un año más, el viernes y el sábado habrá “petiscos” portugueses para que música y sabores vayan de la mano, en esta ocasión con la novedad de que habrá platos elaborados con impresora 3D.

    Además, ya se puede visitar en el Cafè del Teatre la exposición Fadografía, imágenes realizadas dentro del Programa de trabajo InterFado promovido por la Fundación Internacional Artecitta, dirigido por Antonio Bretch.

    Y, el jueves día 20, en el Funàtic (20.30h) habrá película, José y Pilar, un retrato de una de las voces literarias más representativas de Portugal y de Iberia, José Saramago.

    Programa de conciertos

    Fado em trio

    21 de octubre, 22.30h, Cafè del Teatre

    Flora Miranda: Voz

    Bernardo Soares: piano

    Ricardo Casaleiro: Vibráfono y percusión

    Deutsche Fado Quartet

    22 de octubre, sábado, 22.30h, Cafè del Teatre

    Maria Carvalho: Voz

    António de Brito: Voz /guitarra

    Daniel Pircher: Guitarra portuguesa

    Benjamin Walbrodt: Violoncelo

    Lizzie

    Domingo, 23 de octubre, 19.00h, Orfeò Lleidatà

    Lizzie: Voz, Guitarra y acordeón

  • Bailando la ausencia. Nenhures, exposición fotográfica de InterFado

    Nenhures ha sido un trabajo muy interesante de investigación sobre la cultura portuguesa y de introspección en mis emociones más cercanas al Fado. El reto propuesto por InterFado era mostrar el Fado desde la fotografía. Quise evitar recurrir a elementos icónicos, por lo que las fotografías muestran lugares de Portugal y también, Granada, Cadaqués, Ibiza, Girona, Almería, Ortigueira y.

    El punto álgido de la exposición, cuando cobró vida, fue el sábado día 17. El Col·legi de Periodistes de Lleida organizó una visita guiada para poner contexto a esas imágenes de ninguna parte. Acudieron 16 personas, parte de las cuales son integrantes del aula municipal de teatro, que sabiendo el tema de la exposición, vinieron después de haber realizado un trabajo de interiorización del vacío y expresión de la ausencia mediante el cuerpo. Con lo cual, mis explicaciones, las imágenes y la música de fondo fueron fluyendo fácilmente.

    Antes de nada, las situé en quién era yo y mi pasión por Portugal y la cultura lusófona. Periodista y fotógrafa, que hace ya diez años tomó la feliz decisión de hacer un Erasmus en Portugal y desde entonces, su trabajo ha estado relacionado con los países de lengua portuguesa (redacción, traducción, relaciones comerciales, estudios de mercado, comunicación).

    Después, les expliqué resumidamente las fases por las que ha pasado la cultura portuguesa hasta conformar unas características que, culturalmente hablando, diferencian Portugal de otro país. El lirismo, la saudade, la espiritualidad, el fatalismo, el decadentismo, el nacionalismo, la inclinación por los relatos históricos, el progreso, la libertad.

    Y les conté que Nenhures también es el resultado de una introspección personal. ¿Dónde me encuentro con el Fado? En su profundidad y regocijo por el lamento (con leves llamadas a la esperanza), en el peso que recae en la expresividad de los acordes y en el idioma portugués (para mí poesía, un nicho de emociones dispuestas para ser representadas por cualquier vía creativa).

    Tras pasar por cada una de las imágenes, el grupo decidió completar el momento poniendo sus trabajos de expresión corporal en relación con el espacio expositivo. Las imágenes tomaron vida y cantaban aquello que para mí evocaban: vacío, recogimiento, ofuscación, tormento, introversión, llanto, melancolía, pérdida de la inocencia, crepúsculo y esperanza. Durante unos minutos, Nenhures se hizo cuerpo y el cuerpo, movimiento. InterFado en estado puro.

    Ayer fui a recoger la exposición para dejar sitio a la siguiente, volviendo a visualizar ese momento mientras dejaba las paredes vacías del vacío que representaban mis fotografías.

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=g049AzcVPGI]

  • Emociones universales, UniverFado. Concierto de clausura de InterFado.

    Ser el punto y final no es sencillo, lo sabe la última nota de un fraseo y lo saben UniverFado, como responsables de cerrar la 4ª edición del Festival Internacional de Fado de Catalunya, InterFado.

    Carolina Blàvia dejó su papel de directora creativa del festival y se puso el de fadista, chal incluido. Acompañada por Pancho Marrodán, al piano y Mariona Montagut, al violín, son UniverFado, un proyecto que reinventa el fado dándole un toque muy personal desde el momento mismo del proceso creativo. Este proceso parte de la sinestesia, es decir, Carolina utiliza el dibujo y los colores para abrirse a la composición. Durante el concierto, se pudieron ver las imágenes que han dado lugar a las músicas propias que presentaban: Lo carrer, Fado histriónico, História de Flor, Evasió…

    El concierto, a diferencia de los de Cordeone y Clave de Fado que se hicieron en el Cafè del Teatre, se realizó en el Orfeó, un lugar también acogedor y con buena sonoridad. La sala se llenó. Gente de diferentes edades, con ganas de más fado y de seguir disfrutando de propuestas musicales novedosas.

    Carolina salió con paso seguro al escenario, su chal rojo puso el toque apasionado al vestuario para acompañar la gestualidad y la firmeza de su voz en cada tema. Hace unos meses, UniverFado se había presentado en el Cafè del Teatre y ahora, pasado este tiempo, se nota cómo tanto las músicas propias, como las versiones se han ido amoldando a las maneras y los “jeitos” (modos) del grupo. El violín se ha hecho con un lugar importante para darle dramatismo a los versos cantados por Carolina. Y el piano es una compañía natural para que no echemos de menos los sonidos metálicos y más agudos de la guitarra portuguesa.

    Con cada explicación, Carolina ponía el énfasis en que el fado es un género universal porque las emociones a las que canta también lo son.

    LeleSorribas 2015
    LeleSorribas 2015