Categoría: Historia

  • Bajo el sol de Chaves, Portugal

    Aquel día el sol en Chaves rajaba las piedras, seguro que los días anteriores y posteriores también fue así, y seguro que todos los veranos es así. La luminosidad era espectacular, pero el calor hizo que tuviese que rebajar el ritmo de la visita.
     
    Recuerdo perfectamente ese día, el día que visité Chaves. Venía de una ruta por la Costa Oestede Portugal y había hecho noche en Moselos (Viseu). No había dormido mucho durante la semana de ruta y ese día en Moselos, tampoco porque era el último día de las fiestas de la pedanía y aproveché para ir a la plaza a ver la orquesta de música pimba y popular. La plaza estaba llena pero se notaba el cansancio acumulado y aunque la fiesta no se extendió hasta muy de madrugada, aún se alargó la noche mientras unos recogían y otros terminábamos las cervezas y las bifanas.
    ¡Hmm! No era sobre las noches populares que iba a hablar, sino sobre los días de sol, o mejor dicho, sobre un día de sol en Chaves.
     
    Chaves está al noreste del Portugal, haciendo frontera con Verín, con la que conforma la Eurociudad Chaves-Verín. Chaves es otro de esos ejemplos donde la frontera se diluye, es otro de esos lugares que forman la “raia” y que se convierten en lugares mezcla, lugares únicos, lugares experimento y lugares experiencia.
    En esta frontera, las guerras, o la amenaza de ellas, hasta una época medianamente reciente, eran habituales. Chaves también sufrió ser puerta de cruce para romanos, bárbaros, castellanos o franceses con ansias de territorio.
     
    Cañones en los muros del castillo de Chaves rodeados por un jardín de flores.
    LeleSorribas2011
    El rey Don Dinis, que reinó de 1279 a 1325, definió las fronteras de Portugal y terminó la construcción del castillo y de las murallas de Chaves. La torre de vigilancia del castillo y parte de las murallas son lo que hoy se mantiene en pie, recordando que esos muros fueron testigos de trifulcas, amoríos, conquistas y reconquistas o de hechos como la Convención de Chaves (7 de octubre de 1837) con la que se puso fin a la Revuelta de losMariscales. 
     
    Torre de vigilancia del castillo de Chaves.
    LeleSorribas2011
    Si no fuera por el calor de ese día, que atrofia los sentidos, todo me hubiera olido a historia por Chaves. Pero aquel día el calor rajaba las piedras y éstas desprendían el halo que se produce al evaporarse el tiempo y que invita a la gente a quedarse en casa hasta que la noche vaya bajando los termómetros.
     
    Brillo del sol sobre la torre de vigilancia del castillo de Chaves. LeleSorribas2011
    El agua, elemento relevante en Chaves, mostraba en el río una calma que para nada reivindicaba la fuerza de otras épocas. La ciudad está atravesada por el río Támega, sobre el que en el siglo I fue construido el puente romano de trajano para dar continuidad a la vía romana que unía Braga (Bracara Augusta) con Astorga (Asturica Augusta). El puente sigue uniendo ambas márgenes, y sirve para medir las crecidas que ha sufrido el río en varias ocasiones.
     
    Puente romano trajano sobre el río Támega. Chaves.
    LeleSorribas2011
    Cansada de la lluvia y de las nubes que no nos daban tregua recurrí a buscar días soleados en fotos, fue así que recordé esta visita a Chaves. Recordé la contradictoria sensación de agotamiento y vitalidad, y recordé como me pareció que Chaves luchaba entre contrarios: una frontera geográfica impuesta en los mapas y borrada por los ciudadanos; la piedra y el agua, lo antiguo y lo moderno, las flores y los cañones, la luz y la sombra.
     
    Columna del puente de Trajano y al fondo puente nuevo sobre el Támega. Chaves.
    LeleSorribas2011
    Entre el sol y la sombra, la calle desierta. Chaves.
    LeleSorribas2011

     

     
  • Al agua desde el puente Don Luis I. Oporto

    Puente Don Luis I vista desde el lado de Gaia dirección San Pedro da Afurada.
    LeleSorribas2008
     
    Vai! Vai! Vai! Vai! Lança-te! Salta! Unos chavales, de no más de quince años, se animaban los unos a los otros desde lo alto del puente para que se lanzasen al río, alrededor un montón de curiosos nos fuimos apiñando para ver sus volteretas y su desafío a la gravedad.
    Muchachos decidiendo quién sería el siguiente en lanzarse al río.
    LeleSorribas2012
    Hace años, una tarde de calor sofocante paseando con un amigo por la misma zona, al cruzar el puente pensé en alto sobre la posibilidad de lanzarnos desde allí arriba al río. Mi amigo me dijo que el golpe contra el agua era contundente y que ya se había ahogado algún atrevido, aunque eso tenía más que ver con el no saber nadar que con el planchazo. Él se había tirado cuando tenía, más o menos, la edad de los muchachos que estaba viendo ahora. En su adolescencia, me contó, acostumbraba a pasarse las tardes del verano en la Ribeira zambulléndose en el Duero. Ahora, algunos mantienen esa costumbre y son objeto de admiración (un poco de envidia) de los turistas que se pasean por la Ribeira o de los barcos rabelo que pasean gente río arriba. Por cierto, el paseo fluvial dicen que es espectacular y que cuanto más hacia el interior se va, más espectacular es.
    Barco Rabelo en construcción. LeleSorribas2008
    El Puente Don Luís I, no fue el primer puente en unir ambas orillas, antes estuvo el puente Pensil, un puente que colgante, que dejaba un poco aislada la ciudad de Oporto, frente al crecimiento comercial que mostraba la parte sur, Vila Nova de Gaia.
    La desembocadura del río Duero fue ganando protagonismo en los siglos previos al s. XIX con la construcción de barcos y el comercio fluvial y marítimo. Posteriormente el vino atrajo empresarios ingleses que instalaron las bodegas en el lado de Vilanova de Gaia.
    En 1879 se convocó a concurso la construcción de un nuevo puente que uniese las dos orillas y permitiese unas mejores comunicaciones. Tanto Oporto como Vila Nova de Gaia tienen dos alturas, por tanto, el desafío era unir las dos orillas a dos alturas.
    El concurso lo ganó Teófilo Seyrig, que había trabajado con Gustave Eiffel en la proyección del Puente Doña María Pía, puente para el transporte ferroviario, que también une Oporto y Vila Nova de Gaia, pero más hacia el interior.
    Vista del puente Don Luis I desde el Cais de Gaia. Al otro lado, la Ribeira, en la
    parte inferior, y la zona de la Sé en la parte superior. LeleSorribas2008
    El puente es usado habitualmente, tanto el tablero inferior, para coches y personas, que une los dos paseos por la orilla del río (el Cais de Gaia con la Ribeira); como el tablero superior, para el metro y personas, que une Mafamude con la zona de la Sé de Oporto.
    La noche de São João (del 23 al 2 de junio) se concentran miles personas para atravesar corriendo el puente después de los fuegos artificiales que dan la salida a la peregrinación, de bailarico en bailarico, por la Ribeirahasta la Foz para cumplir con el baño en el mar al amanecer.
    No sé cuantas veces habré cruzado el puente, por arriba y por abajo, por ocio o por necesidad, siempre que paso pienso en el río, siempre que paso me acuerdo de la conversación con A. sobre lanzarnos y sumergirnos. También me acuerdo que lo que más nos echó para atrás no fue la vergüenza o el civismo, sino el aspecto turbio de las aguas. Ese día cuando vi lo animados que estaban los muchachos, lo hábiles que parecían subiendo y bajando y una y otra vez, sentí un escalofrío de envidia, por su juventud y por su acento portuense.
    Vai, vai, vai! Salta! Lanza-te!
     
    Preparado y listo, uno de los chicos dispuesto a lanzarse al Duero.
    LeleSorribas2012
     
  • Lugares desapercibidos III: Torre da Rua de Baixo

    La ciudad de Oporto no descansa, está continuamente elucubrando con qué sorprender a los que viven en ella o a los que la visitan. El visitante suele entrar a la ciudad con algunas expectativas, es fácil que tratándose de Oporto, las expectativas sean bastante elaboradas: ciudad con encanto, con un casco antiguo bello pero un tanto abandonado, ambiente tranquilo, raíces profundas, ciudad histórica, casa da música, avenida dos aliados, signos potentes, torre dos clérigos, Ribeira… Y entre todas esas cosas aparecen y desaparecen, según la destreza de los ojos que la van desnudando, detalles, lugares desapercibidos.
    La zona do Barredo, en la que ya estuvimos buscando alSenhor da Boa Fortuna, guarda más curiosidades. Si continuamos descendiendo desde las Escadas do Barredo a mano derecha acabaremos dándonos de bruces con la Rua de Baixo y en ella, haciendo esquina, una casa de aspecto medieval, con la piedra ruda y gastada, es la Torre da Rua de Baixo.
    La Torre no es una torre olvidada, hay una placa que como un pie de foto le pone nombre y fecha, se estima que su construcción sea del siglo XIII aunque posteriormente haya sido restaurada  o transformada. Parece ser uno de los edificios más antiguos de la ciudad y sin duda es un ejemplar extraño entre los que le circundan. La Torre da Rua de Baixo es otro de esos lugares que podrían pasar desapercibidos, no por su falta de atractivo, sino porque estamos muy cerca de atravesar el barrio y aparecer en la Ribeira, y ante eso, ante el Duero, hay pocos ojos que consigan mantener la atención.
    Entrada principal al edificio. Era común que el acceso fuera
    a través de una escalera exterior.
    Torre da Rua de Baixo. Oporto. Portugal. LeleSorribas2012
  • Más lugares desapercibidos, Senhor da Boa Fortuna. Oporto

    Continuando con la serie de lugares que pasandesapercibidos, me vuelvo a detener en Oporto. Esta vez, el lugar es más habitual en las rutas de los turistas, pues estamos en la zona cerca de la Ribeira, callejeando por detrás de la Sé. Es decir, en pleno corazón de una de las zonas más castizas de Oporto.
    El paseo desde la Sé hasta la Ribeira es una pendiente que combina escaleras y calles empinadas, todas ellas estrechas. Y de repente, si uno alza la vista antes de descender unas escaleras que van a dar a la Rua do Barredo se encuentra de frente con un ventanuco enrejado cubierto por un tejadillo y con un farol que promete iluminarlo al caer la noche. Encima se puede leer, Senhor da Boa Fortuna. Y después del pormenorizado análisis descubrimos que el señor de la buena fortuna ha dejado su lugar privilegiado… quizá se cansó de pasar desapercibido o de darle la espalda al Douro (río Duero).
    El nicho vacío del Senhor da Boa Fortuna en
    la Rua do Barredo, parroquia de São Nicolau. Oporto.
    LeleSorribas2012
  • Sobre lugares desapercibidos, el Puerto de Carreiros en Oporto

    Oporto tiene una historia en cada esquina, una historia en cada metro de orilla del río que la abraza: el Duero. Nada más llegar a la ciudad, uno se da cuenta de la importancia que tiene el río, por su trazado, porque se divisa casi desde cualquier punto mínimamente elevado, por la vida de la Ribeira, por la arquitectura de la costa, por las huellas de las “cheias” (las inundaciones por el desbordamiento del río en épocas de lluvia).
     
    La curiosidad se despierta en el momento menos pensado, cuando uno ya ha visto la Torredos Clérigos, la  Sé, el jardín del Palacio de Cristal, la Estaciónde São Bento, la Avenidados Aliados, el Puente Dom Luís… cuando uno ya ha visto los puntos de referencia turísticos de la ciudad, uno comienza a dejarse interesar por otros lugares.
     
    Una señasl advierte del peligro de ser azotado por una ola al caminar
    por el muelle del puerto de Carreiros. LeleSorribas2012

    El puerto de Carreiros, un pequeño muelle entre la Foz Velha e la Foz Nova, era un puerto de abrigo para cuando la navegación hacia el interior del río estaba imposibilitada por la bajada del caudal.

     
    Segundo muelle, construido en 1896, del puerto de Carreiros.
    LeleSorribas2012

     

    Escalera de acceso al muelle del puerto de Carreiros. LeleSorribas2012

    Este pequeño muelle puede pasar desapercibido en un paseo entre playas. Hoy, en el muelle ya no se ven pasajeros ni mercancías, hoy hay turistas que buscan la foto de las olas rompiendo contra las rocas, paseantes que apoyados en la barandilla meditan y melancolizan, pescadores pacientes que dejan sus cañas en soportes fijos mientras charlan. Aquello para lo que fue proyectado a dejado de ser su función, y por ello es fácil que se nos despiste entre  los pasos por el recorrido costero entre el Fuerte de São João Baptista (o Castelo da Foz) y el Fuerte de São Francisco Xavier (o Castelo do Queijo).
     

    Placa en la que se recuerda que éste fue un puerto de refugio.
    LeleSorribas2012

     

    La fecha de su construcción no está clara, uno de los primeros documentos en los que se nombra es de 1619, en el que aparece diseñado con forma de concha y en el que se preveía su uso como refugio para barcos de pesca. Los usos fueron creciendo en función de las necesidades, en 1860 hay constancia de que en Carreiros había un núcleo poblacional, entonces el puerto comenzó a recibir mercancías y pasajeros. Debido a ello, para facilitar estas nuevas funciones, en 1869 se construyó el primer tramo del muelle; y así, entre 1881 y 1885 tuvo que ser construido el segundo tramo del muelle. Pero de la misma manera que creció su protagonismo, decreció. En 1908 la concentración de la actividad en el reciente puerto de Leixões hizo que el puerto de Carreiros, así como otros tantos puertos de abrigo que se encuentran por toda la costa hasta la entrada en el Duero, perdió sus usos.
     
    Ahora esos puertos son lugares donde el tiempo perdió el sentido, lugares que pueden pasarnos desapercibidos y con ellos, sus historias.
     Vista del muelle con sus actuales habitantes. LeleSorribas2012

     

  • Torres Vedras y Santa Cruz. Historia y playa en la Costa Oeste

    En pleno agosto, época estival al norte de la línea del Ecuador, se recurre impulsivamente a recuperar/recomendar destinos donde disfrutar del sol y/o de todas las buenas cosas que el descanso veraniego nos puede ofrecer. Entre estos lugares, me he acordado de Torres Vedras.
    Ya estoy imaginando la cara de quienes conocen Torres Vedras, están frunciendo el ceño, pues la ciudad en esta época queda desierta. La mayor parte de sus gentes se refugian en la costa, la costa de Torres Vedras: Santa Cruz, por ejemplo.
    Hace un año, exactamente un año, aparcaba el coche, moteado por la polvoreda de carreteras secundarias desde Lisboa, en la plaza de la República. El tiempo no estaba muy soleado y nos pareció buena idea cambiar la playa por la ciudad y conocer esas torres viejas (significado de Torres Vedras) de las que habíamos oído alguna vez hablar en batallitas históricas. Al bajar del coche el rumor de la calle era animado, las calles no estaban atestadas de gente pero se veía movimiento, la terraza de la pastelería de la plaza 25 de Abril estaba llena, de todos modos, entramos y probamos un típico pastel de Feijão (la gastronomía típica me parece uno de los mejores souvenirs que uno puede adquirir).
    Calle del casco antiguo de Torres Vedras. LeleSorribas2011
    En poco menos de una hora, lo que tardamos en subir hasta el Castillo de Torres Vedras, la ciudad quedó desierta y la única alma que encontramos nos recomendó desplazarnos a la costa, sin duda, “tenéis que ir a Santa Cruz, aquí en verano no se queda nadie”.
    Vistas desde el castillo de Torres Vedras. LeleSorribas2011
    El Castillo de Torres Vedras ha ido siendo reconstruido: por los musulmanes, durante el reinado de D. Afonso Henriques, por orden de Dinis I, de D. Fernando, de D. Manuel I, después del terremoto de 1755, fue reforzado para las Guerras Liberales,  y también en 1866 y finalmente desde 1950  hasta finales del siglo XX ha sido objeto de restauración y conservación. El castillo se encuentra en un alto, para llegar hay que subir algunas calles escalonadas, desde allí se ven todos los tejados de la ciudad y algo más, una imagen de postal.
    Iglesia de Santa Maria dentro de los muros del castillo
    de Torres Vedras. LeleSorribas2011
    Tras sus murallas se encuentra la Iglesia de Santa Maria, que ofrece un contraste visual bastante llamativo; una iglesia calada en blanco con los marcos en azulón encerrada entre los muros de piedras casi anaranjadas de unas murallas de la época romana.
    Casa pegada a uno de los muros del castillo.
    Apenas 1,5m. de separación. LeleSorribas2011
    Sorprende ver lo pegadas que están algunas casas a los muros del castillo, sobretodo sabiendo que unos siglos atrás (en 1790, después del terremoto del 55) fue prohibida la edificación cerca de sus murallas debido al riesgo de desplome de los muros. El estado de estos muros hoy está, seguramente, en mejores condiciones que en aquellos tiempos, pero alguno en alguno de los laterales apenas se pueden extender los brazos.
    Portugal, ya he mencionado en varias ocasiones (por ejemplo 1, 2, 3) está lleno de fortalezas, su situación estratégica como puerta de entrada por el sur de Europa lo han hecho un territorio atractivo. Y debido a ello, el castillo necesitó ser reconstruido en todas esas ocasiones.
    El rey D. João I (1385-1433) estableció su residencia en el castillo de Torres Vedras y en una casa cercana se recuerda en un aplaca que allí, y bajo su reinado, se reunió el Consejo para decidir sobre la conquista de Ceuta, fue entonces cuando comenzó la época de los Descubrimientos Portugueses.
    Torres Vedras forma parte del conjunto defensivo construido para la custodia de las zonas circundantes a Lisboa durante las Guerras Peninsulares (1810).
    Este conjunto defensivo es conocido como las Líneas de Torres Vedras. Una serie de construcciones que configuraban líneas para la defensa de la capital, Lisboa y que permitirían en el peor de los casos la huída del ejército inglés por mar. Estamos remontándonos al año 1809, cuando las tropas francesas de Napoleón Bonaparte hacían ofensivas de conquista. Gracias a estas líneas y a la estrategia del comandante del ejército anglo-luso Arthur Wellesey, duque de Wellington, las tentativas de conquista fracasaron e forzaron la retirada del ejército del mariscal Massena (nombrado comandante por Napoleón del ejército encargado de la hazaña).
    Y después de la guerra, llega la calma, y después del paseo histórico por el casco antiguo de Torres Vedras, toca despojarse de la ropa y adquirir un look playero en Santa Cruz.
    Una de las largas playas en la costa de Torres Vedras, donde se celebra
    un campeonato de surf. LeleSorribas2011
    Calas en Santa Cruz, zona de costa más abrupta. LeleSorribas2011
    Santa Cruz comenzó a ser destino turístico a principios del siglo XX. Aunque ya antes acudían las gentes de los alrededores a disfrutar de la tranquilidad de la zona.
    En algún lugar leí, o vi, pero ahora no consigo encontrar las referencias que Santa Cruz era en los 60 considerada la Biarritz portuguesa, una zona de veraneo para intelectuales y gente bien, donde comenzaron a verse los bañadores de dos piezas.
    Estampa típica de Santa Cruz. LeleSorribas2011
    A día de hoy, es uno de esos lugares de playa que en verano multiplica su población por mucho, pero se puede decir que conserva la esencia de lo que fue: un lugar de retiro, exótico, con una línea de costa espectacular de grandes arenales y calas pequeñas. Sus playas también son lugar de concentración para surfistas y otros deportes de agua y viento.
    En Santa Cruz acabó saliendo el sol, nos dimos un baño de sal y sol, atravesamos la roca de guincho, vimos despertar a propios y extraños, desayunamos en una terraza desde la que se veían las fachadas coloridas de los apartamentos de verano y continuamos ruta por la Costa Oeste.
    Fachadas coloridas en Santa Cruz. LeleSorribas2011