Esta torre fue durante algún tiempo una referencia para los barcos que entraban Duero arriba hacia Oporto. Hoy, puede seguir siendo referencia para muchos en la ciudad, para no perderse y orientarse. Es la Torre de los Clérigos.
Es como un faro. Los faros se ven desde muchos sitios y desde ellos se puede establecer un punto guía.
Después de tantos paseos por Oporto, tantas visitas fugaces y largas estancias, por fin subí los doscientos y pico escalones. Y allá arriba, a 75 metros de altura comprendí el perímetro de Oporto.
La Torre dos Clérigos, proyectada por el arquitecto Nasoni, fue la casa de la congregación que formaron la Cofradía de los Clérigos Pobres de Nuestra Señora de la Misericordia, la Hermandad de San Felipe de Nery y la Cofradía de los Clérigos de San Pedro. La finalidad de esta congregación era la de socorro a los clérigos pobres.
La Iglesia de los Clérigos y la enfermería se completaron con la construcción de la torre en un terreno baldío que les fue cedido, entre 1732 y 1779. Aquel terreno baldío era estaba entre la Fonte da Arca (Fuente del Arca), hoy Praça da Liberdade, y el lugar donde se enterraba a los que morían en la horca y a los que morían en las celdas de la cárcel, Adro dos Enforcados (Átrio de los Ahorcados).
A medio camino entre el suelo y la cima de la torre se pasa por el carrillón de concierto, no sin cierto temor de sentir retumbar el sonido golpeando contra las gruesas paredes de granito que forman la torre. Al llegar arriba del todo, hay una especia de balconada desde la que sentir la respiración de la ciudad, distinguir la línea del Duero que separa Oporto de Gaia, reconocer la Avenida da Liberdade, la estación de São Bento y la Catedral. Y justo a los pies de la torre, la plaza de Lisboa, hoy recuperada, pero que durante años estuvo abandonada y antes de eso, fue el Mercado do Anjo (hasta 1952) (Mercado del Ángel).
La ciudad no termina en una vista de 360º, en cada vuelta se desenrosca una capa y como un faro, nos va dando luces sobre sus rincones.
No me quise detener a comer. En cuanto me desembriagué del sosiego del crucero por el cañón del Duero, arranqué dirección Macedo de Cavaleiros. La carretera desde Miranda do Douro hasta Macedo se me hizo un paseo. Un paseo por carreteras secundarias, atravesando pueblos vacíos, pueblos con grupos apoyados en las puertas de los bares, pueblos con tractores en movimiento y pueblos con gente sentada en las puertas de las casas.
De repente recordé que era domingo electoral, elecciones municipales. Macedo de Cavaleiros en domingo electoral no está disponible para nada más. En los alrededores de la Cámara Municipal, había un montón de gente gesticulando que debía llevar horas en la misma posición.
Transmontano en la puerta de su casa. Santa Combinha. LeleSorribas2013
El día estaba grisáceo, seguía amenazando la lluvia, pero me pareció mejor idea dar un paseo por las playas fluviales que por las calles apagadas. Estas playas, en la zona protegida de la Albufeira do Azibo, forman una especie de península interna, el pico es Santa Combinha. Por curiosidad me metí en Santa Combinha. Entré por la calle central, pasando por delante de todas las puertas abiertas de las casas, bajo la atenta mirada de los que allí estaban. Llegué hasta la puerta de la iglesia y allí detuve el coche. Me bajé y sentí el murmullo sobre mi coronilla. Un hombre que estaba apoyado al lado de la puerta de su casa, como de postal, se dio cuenta de que llevaba una cámara de fotos y no dudó en pedirme una foto. A saber cuánto tiempo llevaba posando esperando por aquella postal. En seguida salió la mujer de dentro de casa y comenzó a contarme la historia de la casa. Los números de las puertas se habían ido borrando. Los grabó un pedrero ahí, pero debió hacer unos “gatanhufos” y ya casi no se ven”. La casa era de la familia del hombre, el abuelo de éste había hecho un escalón con dos piedras desiguales, pero allí seguían. Están tan bien puestos que hasta los que pusieron el empedrado nuevo de la calle respetaron el escalón.
Cuando me despedía el hombre hizo ademán de venir conmigo y la mujer puso una mueca seria mientras decía. Ya te lleva en foto, no seas pesado. Sonreí y me despedí agitando la mano.
Volví a Macedo y busqué mi hotel. Un hotel pequeñito en el centro, el Hotel Muchacho. Moderno, limpio y familiar. Dejé las cosas y salí a cenar. No me resistí a una posta à mirandesa. Cené como una reina con el sonido de los resultados electorales de fondo.
Posta à mirandesa. LeleSorribas2013
Las raciones en Portugal suelen ser para dos, así que me sobró bastante. En la mesa de al lado un grupo comentaba con alguna extrañeza los buenos resultados del PCP (Partido Comunista de Portugal). Por algún lado tenemos que salir. Decía uno de ellos.
Salí y mientras volvía al hotel repasé las vistas de las playas que había visitado por la tarde. Son una de las siete maravillas de Portugal, y de veras lo son. Un escape para el calor del interior en los meses de verano.
Al día siguiente me esperaba el camino inevitable hacia la costa. El interior siempre acaba en la costa. Este viaje al interior también. Lo que no sabía es que la tormenta que me amenazaba todos estos días estaba esperándome en la frontera entre el interior y la costa. La cortina de agua y niebla me sirvió para comprender que Tràs-os-Montes no sólo es interior por su ubicación, sino por cómo te hace sentir en conexión contigo mismo.
El silencio puede ser tan perturbador como tranquilizante. Tiene ese efecto siniestro de las cosas que suceden en momentos extremos. Habrá quien niegue el silencio absoluto, pero resulta imposible de negar si uno ha estado en las Arribes del Duero, es decir, en el cañón que hace de frontera entre Tràs-os-Montes y Zamora.
Una calle de Miranda do Douro al atardecer, cuando el comercio ha cerrado y el silencio comienza a devorarlo todo. LeleSorribas2013
Ya había sentido cómo el silencio se apoderaba de todo la tarde anterior, al pasear por Miranda do Douro: Me sorprendí, sobre todo, con el silencio que se fue apoderando de las calles cuando las tiendas comenzaron a cerrar. Recordé haber guardado esta impresión para escribirla en el cuaderno de viaje.
Al cruzar el puente que separa la parte nueva del casco viejo de Miranda do Douro, la sensación se agudizó. Comenzaba a caer una lluvia fina y el cielo seguía tapado. Llegué a la catedral callejeando. En la plaza del ayuntamiento dos transmontanos vestidos con el traje tradicional se miran eternamente, siempre a punto de arrancar el baile.
Mirandeses en la plaza del ayuntamiento. LeleSorribas2013
Pasé por las ruinas de unos muros que en tiempo fueron murallas. La situación de esta población, elevada, hizo, como a casi todas las poblaciones de frontera, que fuera un fuerte de defensa.
Casa dos cachorros eróticos, situada en la Rua Cosatanilha que desemboca en las antiguas puertas de entrada a la ciudad. LeleSorribas2013
En la Rua da Costanilha hay varias casas del siglo XV. Destaca una de ellas por las “gárgolas” talladas en su fachada, la Casa dos Cahorros Zambargonhados, en ella se guardan las costumbres de cama medievales. También es conocida como la casa dos cahorros eróticos.
La biblioteca municipal, desde 1999, está ubicada en una antigua iglesia, la iglesia de los Frades Trinos, construida entre el 1718 y 1728. Al fondo de la calle ya se ve la parte de atrás de la catedral.
La catedral me parecía más impresionante vista desde la lejanía, desde el otro lado del puente o desde la carretera. Pero no dejó de llamarme la atención la cobertura, como bordada, que hacía el musgo sobre la piedra. Las vistas desde allí arriba hacia la presa dan una buena perspectiva de la frontera-río. Además, la catedral nos recuerda que esta tierra, Tras-os-montes, siempre ha parecido estar apartada. En 1545 se fundó la diócesis de Miranda a petición del rey Juan III al papa Pablo III, debido a que la distancia que había con la diócesis de Braga.
Tenía ganas de hacer el recorrido por el Duero, cañón arriba. El recorrido por aguas internacionales comenzó en silencio. Laura, la guía, hizo hincapié en que mantuviéramos ese silencio absoluto. Para saborearlo y por respeto a la fauna protegida de la zona. Curva a la derecha y fuera estrés, adiós civilización.
El cañón, de 150 kilómetros, hace de frontera a lo largo de 120 kilómetros. En él anidan una pareja de águilas perdiceras; el 10 % de las cigüeñas negras, unas 15 parejas; una pareja de águilas reales; buitres; búhos; milanos; halcones. También hay nutrias, y aunque se advierta en el embarcadero por el riesgo de cocodrilos, sólo es un guiño para hacerse una foto simpática. Sólo aquí y en el río Sabor se da una planta, endemismo ibérico, conocida como boca de dragón o dragón de arribes. En el lado portugués, que recibe el sol de la mañana y es más húmedo, los antiguos pobladores hicieron terrazas de cultivo. Las condiciones eran óptimas, aunque el trabajo fuera más arduo.
En el lado español abundan los líquenes, éstos son bioindicadores de la calidad del aire. Además, son la fuente de leyendas y supersticiones. Una de ellas dice que si una mujer no ve el número dos que ha dibujado el liquen en la roca no se casará y en caso de estar casada, su marido la engañará. Todas las mujeres del barco se apiñaron en la ventana para verlo, y detrás fueron los hombres, por si la superstición en estos tiempos más modernos se ha extendido a ellos también.
Estábamos de regreso, curva a la izquierda, ya se veía Miranda a lo alto. El silencio nos había cautivado a todos y el otoño amenazaba de nuevo con nubes grises.
El viaje al interior debía continuar internándose en Trás-os-Montes, dirección Macedo de Cavaleiros.
Al fondo, dominando el silencio, Miranda doDouro. LeleSorribas2013
El olor de la cocina portuguesa ha llenado Lleida. Al menos una cocina de Lleida. Cerca de treinta asistentes se han acercado por medio de esos olores, a cuatro platos de distancia, a Portugal.
El cocinero leridano Antoni Rúbies ha hecho de maestro de cocina. Para hacerlo se documentó y se empapó de las particularidades culinarias portuguesas. No se limitó a presentar las recetas, sino que a cada paso añadía comentarios: “el arroz, la patata y las verduras están casi siempre presentes en las comidas”, “las sopas son un plato bastante típico incluso en días de mucho calor”, “en Portugal existe una receta de bacalao para cada día” o “algunos platos los terminan con cilantro, una hierba muy aromática a la que aquí no estamos muy acostumbrados”.
Tenía una hora, eran las 19:43, para cocinar cuatro especialidades: arroz de tamboril, sopa de couve, brandada de balcalhau y bacalhau à brás. En el recetario que nos dieron a cada asistente: Bacallà Dorado, Sopa de col, Arrós de Tamboril y Stracciatella de bacallà amb figues d’Alguaire.
El chef se detuvo con el arroz, pues es su especialidad y la especialidad que aborda en su restaurante. Y con la brandada sacó la creatividad y realizó un ejercicio de fusión que impactó bastante entre los atentos aprendices de cocina.
Los olores de cada uno de los platos iban saliendo de las cazuelas, por partes, pidiendo paso. Como el propio Antonio Rúbies, que con tremenda delicadeza combinaba las tareas de cada uno de los platos y las explicaciones. El resultado se iba sintiendo y al marcar el reloj las 20:45 los cuatro platos en fila y “vestidos” de gala estaban listos.
La stracciatela de bacalao con higos, bacalhau à brás y sopa de col.
La cocina portuguesa es, para mí que no soy especialista en gastronomía pero sí de buen diente, como Portugal. Es una mezcla de sabores que pueden resultarnos muy familiares de la dieta mediterránea, sin embargo, introduce trazas exóticas: cítricos, hierbas aromáticas, legumbres, verduras, frutas. Como nos explicó el chef, la cocina portuguesa tiene toques de la cocina morisca, mediterránea, atlántica, brasileña… En definitiva, cada plato es un pedazo de Portugal o de su historia.
El viaje al interior (tenía una deuda con él) comenzó con otro viaje. Un viaje de introspección durante las siete horas de coche a solas de Lleida a Miranda do Douro. Tantas horas con la atención puesta en la carretera y la música fundiéndose con el sonido del motor consiguieron introducirme en un metaviaje.
Al acercarme a Zamora, fueron apareciendo los carteles indicativos que marcaban Portugal. Insistían en hacerme pasar por el centro de la ciudad. Conseguí deshacer el laberinto y salir a una carretera provincial. Entonces comenzó a llover y a anochecer en el espejo retrovisor.
Vista a través de los árboles de las rocas del cañón del Duero. LeleSorribas2013
Las fronteras son abruptas. Incluso cuando no se es consciente de estar atravesándolas. Esta es amarilla y azul oscuro casi negó. Las nubes grises espesas por encima de la cabeza descargaban sin furia pero con amenaza de estropear la introspección. La carretera serpenteó en ascenso sobre el Duero hasta que llegué a un aparcamiento lleno de autobuses que aguardaban por los excursionistas.
Miranda do Douro se encuentra a un lado del cañón del Duero que hace de frontera natural. En pleno Parque Natural de Arribes del Duero. La ciudad portuguesa es famosa por su orografía, por sus construcciones medievales, por su gastronomía y por sus comercios, a los que acuden millares de autobuses todos los años.
En Miranda existe una lengua propia, el mirandés. Tenía curiosidad por escuchar hablar mirandés, pero sólo lo encontré escrito en las placas informativas de los monumentos y de las calles. Según he sabido, son muy pocos los hablantes de mirandés. Aunque hay una buena cantidad de estudios, personas y empresas que demuestran el interés en recuperar la lengua y con ella una parte muy importante de la cultura de la región. Desde finales de los 80 se introdujo en la enseñanza, a finales de los 90 se elaboró la Convención Ortográfica y se le otorgó reconocimiento político a través de una ley (Lei7/99, de 29 de Janeiro).
Placa con el nombre de la vía en mirandés. Lhargo de la Sé. LeleSorribas2013
La primera persona con la que hablé fue la dueña del pequeño hostal donde me alojaba. La entrada estaba en los soportales entre dos comercios de ropa de casa. Seguía lloviendo intensamente cuando me bajé del coche y llegué al hostal bastante mojada. Mientras la dueña me guiaba hasta mi modesta habitación, dijo “trajo la lluvia, menina. Por fin llueve. Ya era necesario”. Yo, que me iba a quejar por haber tenido tan mala pata de llegar con la lluvia, le di la razón y sonreí.
Después, en vez de quedarme en la habitación refugiándome de la lluvia, me puse el chubasquero rojo y salí a dar una vuelta y disfrutar del agua que tanto ansiaban por aquellas tierras.
Me sorprendí, sobre todo, con el silencio que se fue apoderando de las calles cuando las tiendas comenzaron a cerrar. El sonido de la lluvia y mis pasos me evadieron de nuevo en un metaviaje. Entré en un bar que tenía dos mesas ocupadas, una con tres mujeres y tres niños del pueblo y otra con cuatro parejas y dos bebés de Zamora. La mezcla de sus conversaciones me resultó una evidencia firme de lo difusa y abrupta que puede resultar una frontera. El tono de las mirandesas era suave, el del grupo de zamoranos era alto. La mesa de ellas estaba ordenada y la de los otros llena con sus consumiciones, móviles y juguetes. Ellas hablaban de las elecciones locales del día siguiente. El grupo de Zamora hablaba en subgrupos de lo que les había cambiado la vida tener hijos. Yo no hablaba con nadie, observaba, comía un sandwich mixto en pan de hogaza y bebía una Superbock. Me fijé en que debajo del nombre del bar, como en las puertas de los edificios muy antiguos, figuraba la fecha de fundación: 1971. La fecha en sí no me dijo nada, pero el detalle me recordó que aún no había cruzado el puente para ver la catedral.
…
Al fondo la Catedral de Miranda do Douro, la Sé, asomada al Duero. LeleSorribas2013
Monção, al sur del Miño (al Norte, Salvaterra), dedicará una semana a la juventud transfronteriza. Del 23 al 27 de octubre, la Asociación de Jóvenes Cambeses en colaboración con el Municipio de Monção y con el apoyo del Instituto Portugués de Deporte y Juventud, organizan las Jornadas Transfronterizas de la Juventud.
Durante las jornadas se abordarán, desde la perspectiva transfronteriza, temas como el emprendimiento o las iniciativas culturales y artísticas de Galicia y el Norte de Portugal.
El evento tiene como objetivos informar a los jóvenes de diversas plataformas de apoyo, incentivar el emprendimiento creativo y continuar estrechando los lazos transfronterizos por medio del arte y la cultura.
Las actividades se realizarán en el Cine Teatro de João Verde y en la Biblioteca Municipal y serán gratuitas, exceptuando el concierto de Noiserv.