Categoría: Turismo

  • La playa de Caminha

    Después de visitar Moledo descubrí que en la propia Caminha también hay una zona de playa, en la desembocadura del Miño. Una zona pequeña, tranquila y ventosa según los días y la dirección de los aires.
    La playa de Caminha está justo al lado del camping, por lo que como opción de vacaciones me parece un destino espectacular (también hay hoteles, pero yo tengo cierta predilección por las acampadas). En la misma playa hay varios restaurantes y chiringuitos, y además se ofrece la posibilidad de hacer alguna actividad acuática: esquí, lápiz (ese flotador gigante en el que varias personas se sientan en fila y una lancha las arrastra), paseos en embarcación por el Miño, piragüismo.
    Lo mejor que puedo hacer para no extenderme mucho y acabar diciendo (como siempre) que es un pequeño paraíso. Sobre todo por no caer en el uso de la reiteración os dejo unas fotografías.
    Siempre después de la playa podéis dar un paseo por Caminha.

    Fotografias del embarcadero que une con el paseo al lado del río Miño y de la playa de Caminha con el Monte de Santa Tecla del otro lado.
    Fotografñias de Lele Sorribas. 2010
  • La playa de Caminha

    Después de visitar Moledo descubrí que en la propia Caminha también hay una zona de playa, en la desembocadura del Miño. Una zona pequeña, tranquila y ventosa según los días y la dirección de los aires.
    La playa de Caminha está justo al lado del camping, por lo que como opción de vacaciones me parece un destino espectacular (también hay hoteles, pero yo tengo cierta predilección por las acampadas). En la misma playa hay varios restaurantes y chiringuitos, y además se ofrece la posibilidad de hacer alguna actividad acuática: esquí, lápiz (ese flotador gigante en el que varias personas se sientan en fila y una lancha las arrastra), paseos en embarcación por el Miño, piragüismo.
    Lo mejor que puedo hacer para no extenderme mucho y acabar diciendo (como siempre) que es un pequeño paraíso. Sobre todo por no caer en el uso de la reiteración os dejo unas fotografías.
    Siempre después de la playa podéis dar un paseo por Caminha.

    Fotografias del embarcadero que une con el paseo al lado del río Miño y de la playa de Caminha con el Monte de Santa Tecla del otro lado.
    Fotografñias de Lele Sorribas. 2010
  • Situando Caminha en el mapa y en la historia

    Caminha limita al norte con el río Miño, al este con Vila Nova de Cerveira, al sur con Viana do Castelo y al oeste con el Atlántico. Esta situación estratégica ha tenido su repercusión a lo largo de la historia y hoy en día también le aporta consecuencias.

    Placa que recuerda las batallas de la invasión francesa situadas en la desembocadura del río Miño, en la playa de Caminha.

    Fotografías de Lele Sorribas. 2010
    Históricamente hablando, la frontera con España por el Miño ha sido motivo de disputas entre España y Portugal. Desde 1906 se dibuja una línea imaginaria por el centro del río, pero la configuración de la cuenca ha variado por la construcción de presas y por las excavaciones periódicas para permitir la navegación del ferry entre Caminha y A Guarda.
    Debido a esta posición de costa, marina y fluvial, fronteriza desde la época romana Caminha ha sido punto estratégico de defensa. En la época romana la villa de Caminha fue fortificada. Su puerto fue de gran importancia por el paso de comerciantes de metales y por la pesca hasta el siglo XVI. En el siglo XVII se realizaron construcciones de defensa exterior. Durante la segunda invasión francesa en el siglo XIX Caminha se mantuvo fuerte e impidió que las tropas francesas tomasen la ciudad.
    Las islas del río Miño, pequeñas islas, han sido el gran problema de la disputa de la frontera entre España y Portugal. Algunas de ellas se han destinado a la agricultura y el ganado, otras son atracción turística porque en ellas se construyeron fortificaciones de defensa contra los ataques piratas y las invasiones extranjeras.
    En la pequeña isla de Ínsua, situada a 200 metros de la costa frente a la playa de Moledo, se conserva una fortaleza militar. La fortaleza de Nossa Senhora da Ínsua fue mandada construir para defenderse de los continuos ataques durante las guerras con España y los frecuentes saqueos de piratas al Convento y a la Iglesia existentes ya en la isla.
    Después de estas revueltas, cuando el puerto dejó de ser importante y la guerra ya no era habitual, Caminha entró en un modo de vida más tranquilo que posteriormente, a mediados del siglo XX, fue alterado por la llegada del Turismo.
    El turismo en Caminha tiene varias formas, está el turismo de veraneo que se deja caer en las zonas de playa: Moledo y Vila Praia de Âncora. Y el turismo de excursionistas que visitan Caminha para ver una bonita villa histórica o para encontrar productos y gangas en sus ferias y mercadillos.
    Lo más complicado cuando una pequeña población se nutre básicamente del turismo es mantener una identidad cultural propia, ya que esta se suele adaptar a los requerimientos del visitante y acaba por diluirse con la identidad del lugar.
    Sin embargo, en Caminha esta identidad cultural se ha cultivado mucho, sobre todo a través de iniciativas individuales y de asociaciones. Entre otras cosas es de destacar el papel del periodismo local que ha contribuido a mantener una buena base documentaria. También se conservan colecciones de arte recopiladas por particulares.
    Puede ser debido a esa búsqueda de mantenimiento de la identidad propia que Caminha ha sido, y es, muy prolífica en el aparecimiento de iniciativas de dinamización cultural y recreativa: Entre las iniciativas existentes: Feria Medieval, el Festival Internacional de Cometas en Moledo, los clubes deportivos, las bandas de música, las agrupaciones musicales, iniciativas teatrales, ferias de lectura y fiestas gastronómicas.
  • Moledo: Playa y viento. Playa y monte.

    Entre Caminha y Vila Praia de Âncora se encuentra la playa de Moledo. Lugar que desde principios del siglo pasado goza de um estatus importante entre las playas portuguesas. De la costa norte, es una de esas playas que durante el verano recibe visitantes de las altas esferas del país, y muchos visitantes españoles y de otros lugares de Europa.
    Praia de Moledo. Lele Sorribas. 2010
    La playa de Moledo, no es una playa tranquila. Normalmente el viento juega con el mar y el oleaje es de gran envergadura; un estupendo paraje para amantes del surf y del windsurf, u otras variedades deportivas que requieran de mar y viento.
    Todos los años a finales de mayo se celebra un festival internacional de cometas.
    La playa está rodeada por la Mata do Camarido, un área natural rica en vegetación en la que (con cuidado de no perderse) se puede aprovechar para dar un paseo y unir playa y monte. ¡Ya no hay más dudas que plantearse!
    La zona de playa cuenta con servicios de bares y restaurantes, hamacas y sombrillas, baños públicos y aparcamientos.
    Parece ser que el arenal de esta playa ha ido disminuyendo en los últimos años y los responsables de la zona balnear están debatiendo las posibilidades para salvaguardar la playa y la Mata do Camarido. Al contrario está sucediendo en la playa de Vila Praia de Âncora, donde la zona de arena ha crecido.
    En mi experiencia, las veces que he ido a Moledo el viento era lo suficientemente fuerte como para no atreverme al baño, pero el lugar es lo suficientemente bonito como para repetir sacrificando los baños tranquilos por unas vistas espectaculares del Monte de Santa Tecla (España) y del Forte de Nossa Señora da Ìnsua.
    Vistas desde la playa de Moledo del Monte de Santa Tecla al fondo y en medio del mar el Forte de Nossa Senhora da Ínsua. Lele Sorribas. 2010
  • Silencio, santuario, ermita y faro: Cabo Espichel

    La calma, el sol y el infinito toman cuenta de los cabos. Para mí los cabos son el lugar donde la tierra dice ¡Basta! Y se corta. ¡Basta! Y ya no camina más, deja que el mar le tome el relevo y el infinito tome cuenta de ella.
    Cabo Espichel. Lele Sorribas. 2010
    El Cabo Espichel no es ninguna excepción, es exactamente un punto y aparte hasta el próximo continente. Durante mucho tiempo se pensó que era el punto más extremo de la península ibérica, pero esa posición la ocupa el Cabo da Rocha. Cabo Espichel es el punto más meridional de la desembocadura del Tajo, lo cual lo sitúa en Sesimbra, al sur de Lisboa.
    Hay varias cosas, que desde mi punto de vista hacen espectacular este lugar: el silencio, el Santuario de Nossa Senhora do Cabo Espichel y la Ermita da Memoria.
    El silencio es tan inmenso como antes hablaba del infinito. No tiene más explicación que escucharlo.
    Cabo Espichel. Lele Sorribas. 2010
    El Santuario de Nossa Senhora es lo primero que te encuentras al llegar al cabo y parece no haber ni más allá ni más acá, solo un santuario con un cierto aspecto fantasmal.
    Santuario da Nossa Senhora do Cabo Espichel. Lele Sorribas. 2010
    Este santuario fue construido en el siglo XVIII, aunque ya antes de él se había construído una ermita, la Ermita da Memoria, al parecer en el lugar donde a dos ancianos se les apareció la virgen allá por el 1410. Por tanto a este lugar se le asocia una espiritualidad desde muy antaño. Incluso desde más antaño todavía, porque al lado hay una zona donde se encontraron huellas de dinosaurios que todavía se conservan y que se asocian a lugares mágicos.
    Ermita da Memória. Lele Sorribas. 2010
    Interior de la ermita, con las paredes azulejadas que cuentan la historia de la aparición de la virgen.
    Lele Sorribas. 2010
    Esta parte de la costa fue conocida por la Costa Negra, era un lugar estratégico de defensa frente a las tropas inglesas. No había faro y el recorte de la tierra contra el mar quedaba sumergido en una oscuridad seguramente claustrófobica para las batallas.
    En 1790 se construyó el faro, fue el primer faro construido en las costas marítimas portuguesas.
    Faro do Cabo Espichel. Lele Sorribas. 2010
    Por toda esta conglomeración de historia, leyenda y espiritualidad fue lugar de peregrinaje y en el santuario se construyeron dos hileras de habitaciones que servían de hospedaje para los peregrinos. Hoy es lugar de peregrinaje de quien quiere divisar una espectacular costa, de quien gusta de la historia y de las historias y de quien después quiere disfrutar de las playas que le siguen, como por ejemplo a Praia das Bicas o a Praia do Meco.
  • Un arenal en el medio del Miño

    Inesperadamente el camino hacia Moledo se cortó un poco antes de alcanzar la playa. Un allmada y “passado Seixas cortas à directa e sempre em frente a descer. Depois… ali estou eu”.
    Al ir bajando la cuesta después de torcer a la derecha allí estaba él esperándonos con la toalla ya al cuello. De repente, detrás suya aparecieron unas vistas espectaculares del Miño con España al otro lado.

    La mancha de tierra que está en medio del Rio Miño y que es atravesada por una línea blanca que simula la frontera es la isla de la que hablo. Mapa de Google Maps. 
    Cogimos la toalla y el protector solar (porque caía el sol que rajaba las piedras), nos subimos con facilidad en la hinchable motorizada y en menos de un minuto no estábamos ni en Portugal ni en España, o estábamos en los dos países a la vez. Nos bajamos de la lancha de un salto y nos encontramos en una isla entre Seixas y O Rosal. Una isla que es un pedazo paradisíaco de arena en medio del río Miño.
    Al principio de la tarde estábamos solos del lado frontal a Portugal, en la otra orilla, frente a España, había una familia y una manada de caballos (naturaleza libre).
    Recorrimos el islote casi entero bordeando su perímetro; resultó ser una tarea difícil porque el agua no entra uniforme en la tierra y hay lugares donde la arena parece el fondo del río con un aspecto más cercano al lodo y por otros lugares la arena, que es oscura, está tan seca que arde y atrapa los pies. El paseo fue una aventurilla por un desierto rodeado de oasis.
    A lo largo de la tarde fueron apareciendo pequeñas embarcaciones (españolas) que aprovecharon la ruta por el río para detenerse y darse un baño.
    El agua en esta parte del río es templada y transparente, el fondo del río está limpio de vegetación y la corriente no es ni tan fuerte ni tan traicionera como en otras partes del mismo río, por lo que darse un baño es un placer. Sobretodo cuando como ayer el sol era abrasador.
    Para cruzar hasta el islote únicamente se puede hacer en lancha o embarcación. En el mismo puerto donde dejamos el coche está el embarcadero y las lanchas que hacen el servicio. No puedo decir lo que cuesta (aunque no debe ser mucho) porque el hombre que nos llevó no me quiso decir el precio, «estejam a vontade que vêm quase com família minha».
    Seguro que volveré, no solo porque siempre quise estar en una isla desierta (y la encontre!), sino porque para la próxima vez ya se que la cámara no se me moja en el trayecto fluvial.