Categoría: Turismo

  • Los caretos de Podence

    La sala museo de Caretas de Podence, en Macedo de Cavaleiros, tiene una entrada principal, pero también se puede acceder por la puerta trasera del bar. Si apareces por allí una tarde de sábado de octubre, es muy probable que entres por la trasera.

    Todas las máscaras, las de Podence o las de Venecia, tienen un aspecto siniestro. La mueca callada de un instante, produce desasosiego. Las caretas de Pdence, además son metálicas.

    Caretas metálicas del carnaval transmonstano. Caretas de Podence. LeleSorribas2013
    Caretas metálicas del carnaval transmonstano. Caretas de Podence. LeleSorribas2013

    Las paredes blancas del museo y los ventanales consiguen darle luz a la sala y el colorido de los trajes permite pensar que todo aquello forma parte de un momento de fiesta. En las dos salas que componen el museo hay varios trajes completos del Entrudo (Carnaval) trasmontano. Los trajes cubren todo el cuerpo con tiras de colores, de la cabeza los pies. Los “mascarados” llevan también un cinto con cencerros y la cara cubierta con una máscara metálica. Imaginar las calles de este silencioso pueblo en los días del carnaval, con cientos de hombres ataviados con estos disfraces crea una imagen asustadora.

    Detalle del cinto del traje de Careto con los cencerros. Caretos de Podence. LeleSorribas2013
    Detalle del cinto del traje de Careto con los cencerros. Caretos de Podence. LeleSorribas2013

    La tradición cuenta que tras el callado invierno y antes de las restricciones de la cuaresma, los jóvenes se transforman al vestirse de Caretos y corren agitando sus cencerros por las calles del pueblo acechando a las mozas. Las muchachas que no quieren corresponder al cortejo se unen a los hombres y corren con ellos.

    Las máscaras vistas de cerca parecen frías, además de bastante terroríficas. Realmente, es fácil imaginar que al colocarla delante de la cara se producirá una transformación.

    Este año el carnaval de los caretos se celebra del 1 al 4 de marzo. Una buena oportunidad para conocer esta tradición y comprobar que el silencio y el estruendo se dan la mano en un punto en el que surge algo parecido al miedo.

    Figura completa de un Careto y una máscara. Caretos d ePodence. LeleSorribas2013
    Figura completa de un Careto y una máscara. Caretos d ePodence. LeleSorribas2013
  • Viaje al interior: Macedo de Cavaleiros y promesa de volver. Parte III

    No me quise detener a comer. En cuanto me desembriagué del sosiego del crucero por el cañón del Duero, arranqué dirección Macedo de Cavaleiros. La carretera desde Miranda do Douro hasta Macedo se me hizo un paseo. Un paseo por carreteras secundarias, atravesando pueblos vacíos, pueblos con grupos apoyados en las puertas de los bares, pueblos con tractores en movimiento y pueblos con gente sentada en las puertas de las casas.

    De repente recordé que era domingo electoral, elecciones municipales. Macedo de Cavaleiros en domingo electoral no está disponible para nada más. En los alrededores de la Cámara Municipal, había un montón de gente gesticulando que debía llevar horas en la misma posición.

    Transmontano en la puerta de su casa. LeleSorribas2013
    Transmontano en la puerta de su casa. Santa Combinha. LeleSorribas2013

    El día estaba grisáceo, seguía amenazando la lluvia, pero me pareció mejor idea dar un paseo por las playas fluviales que por las calles apagadas. Estas playas, en la zona protegida de la Albufeira do Azibo, forman una especie de península interna, el pico es Santa Combinha. Por curiosidad me metí en Santa Combinha. Entré por la calle central, pasando por delante de todas las puertas abiertas de las casas, bajo la atenta mirada de los que allí estaban. Llegué hasta la puerta de la iglesia y allí detuve el coche. Me bajé y sentí el murmullo sobre mi coronilla. Un hombre que estaba apoyado al lado de la puerta de su casa, como de postal, se dio cuenta de que llevaba una cámara de fotos y no dudó en pedirme una foto. A saber cuánto tiempo llevaba posando esperando por aquella postal. En seguida salió la mujer de dentro de casa y comenzó a contarme la historia de la casa. Los números de las puertas se habían ido borrando. Los grabó un pedrero ahí, pero debió hacer unos “gatanhufos” y ya casi no se ven”. La casa era de la familia del hombre, el abuelo de éste había hecho un escalón con dos piedras desiguales, pero allí seguían. Están tan bien puestos que hasta los que pusieron el empedrado nuevo de la calle respetaron el escalón.

    Cuando me despedía el hombre hizo ademán de venir conmigo y la mujer puso una mueca seria mientras decía. Ya te lleva en foto, no seas pesado. Sonreí y me despedí agitando la mano.

    Volví a Macedo y busqué mi hotel. Un hotel pequeñito en el centro, el Hotel Muchacho. Moderno, limpio y familiar. Dejé las cosas y salí a cenar. No me resistí a una posta à mirandesa. Cené como una reina con el sonido de los resultados electorales de fondo.

    Posta à mirandesa. LeleSorribas2013
    Posta à mirandesa. LeleSorribas2013

    Las raciones en Portugal suelen ser para dos, así que me sobró bastante. En la mesa de al lado un grupo comentaba con alguna extrañeza los buenos resultados del PCP (Partido Comunista de Portugal). Por algún lado tenemos que salir. Decía uno de ellos.

    Salí y mientras volvía al hotel repasé las vistas de las playas que había visitado por la tarde. Son una de las siete maravillas de Portugal, y de veras lo son. Un escape para el calor del interior en los meses de verano.

    Al día siguiente me esperaba el camino inevitable hacia la costa. El interior siempre acaba en la costa. Este viaje al interior también. Lo que no sabía es que la tormenta que me amenazaba todos estos días estaba esperándome en la frontera entre el interior y la costa. La cortina de agua y niebla me sirvió para comprender que Tràs-os-Montes no sólo es interior por su ubicación, sino por cómo te hace sentir en conexión contigo mismo.

    Me prometí volver antes del próximo otoño.

  • Viaje al interior: Arribes del Duero. Parte II

    El silencio puede ser tan perturbador como tranquilizante. Tiene ese efecto siniestro de las cosas que suceden en momentos extremos. Habrá quien niegue el silencio absoluto, pero resulta imposible de negar si uno ha estado en las Arribes del Duero, es decir, en el cañón que hace de frontera entre Tràs-os-Montes y Zamora.

    Una calle desierta y mojada de Miranda do Douro al atardecer, cuando el comercio ha cerrado y el silencio comienza a devorarlo todo. LeleSorribas2013
    Una calle de Miranda do Douro al atardecer, cuando el comercio ha cerrado y el silencio comienza a devorarlo todo. LeleSorribas2013

    Ya había sentido cómo el silencio se apoderaba de todo la tarde anterior, al pasear por Miranda do Douro: Me sorprendí, sobre todo, con el silencio que se fue apoderando de las calles cuando las tiendas comenzaron a cerrar. Recordé haber guardado esta impresión para escribirla en el cuaderno de viaje.

    Al cruzar el puente que separa la parte nueva del casco viejo de Miranda do Douro, la sensación se agudizó. Comenzaba a caer una lluvia fina y el cielo seguía tapado. Llegué a la catedral callejeando. En la plaza del ayuntamiento dos transmontanos vestidos con el traje tradicional se miran eternamente, siempre a punto de arrancar el baile.

    Mirandeses en la plaza del ayuntamiento. LeleSorribas2013
    Mirandeses en la plaza del ayuntamiento. LeleSorribas2013

    Pasé por las ruinas de unos muros que en tiempo fueron murallas. La situación de esta población, elevada, hizo, como a casi todas las poblaciones de frontera, que fuera un fuerte de defensa.

    Casa dos cachorros eróticos. LeleSorribas2013
    Casa dos cachorros eróticos, situada en la Rua Cosatanilha que desemboca en las antiguas puertas de entrada a la ciudad. LeleSorribas2013

    En la Rua da Costanilha hay varias casas del siglo XV. Destaca una de ellas por las “gárgolas” talladas en su fachada, la Casa dos Cahorros Zambargonhados, en ella se guardan las costumbres de cama medievales. También es conocida como la casa dos cahorros eróticos.

    La biblioteca municipal, desde 1999, está ubicada en una antigua iglesia, la iglesia de los Frades Trinos, construida entre el 1718 y 1728. Al fondo de la calle ya se ve la parte de atrás de la catedral.

    La catedral me parecía más impresionante vista desde la lejanía, desde el otro lado del puente o desde la carretera. Pero no dejó de llamarme la atención la cobertura, como bordada, que hacía el musgo sobre la piedra. Las vistas desde allí arriba hacia la presa dan una buena perspectiva de la frontera-río. Además, la catedral nos recuerda que esta tierra, Tras-os-montes, siempre ha parecido estar apartada. En 1545 se fundó la diócesis de Miranda a petición del rey Juan III al papa Pablo III, debido a que la distancia que había con la diócesis de Braga.

    Tenía ganas de hacer el recorrido por el Duero, cañón arriba. El recorrido por aguas internacionales comenzó en silencio. Laura, la guía, hizo hincapié en que mantuviéramos ese silencio absoluto. Para saborearlo y por respeto a la fauna protegida de la zona. Curva a la derecha y fuera estrés, adiós civilización.

    El cañón, de 150 kilómetros, hace de frontera a lo largo de 120 kilómetros. En él anidan una pareja de águilas perdiceras; el 10 % de las cigüeñas negras, unas 15 parejas; una pareja de águilas reales; buitres; búhos; milanos; halcones. También hay nutrias, y aunque se advierta en el embarcadero por el riesgo de cocodrilos, sólo es un guiño para hacerse una foto simpática. Sólo aquí y en el río Sabor se da una planta, endemismo ibérico, conocida como boca de dragón o dragón de arribes. En el lado portugués, que recibe el sol de la mañana y es más húmedo, los antiguos pobladores hicieron terrazas de cultivo. Las condiciones eran óptimas, aunque el trabajo fuera más arduo.

    En el lado español abundan los líquenes, éstos son bioindicadores de la calidad del aire. Además, son la fuente de leyendas y supersticiones. Una de ellas dice que si una mujer no ve el número dos que ha dibujado el liquen en la roca no se casará y en caso de estar casada, su marido la engañará. Todas las mujeres del barco se apiñaron en la ventana para verlo, y detrás fueron los hombres, por si la superstición en estos tiempos más modernos se ha extendido a ellos también.

    Estábamos de regreso, curva a la izquierda, ya se veía Miranda a lo alto. El silencio nos había cautivado a todos y el otoño amenazaba de nuevo con nubes grises.

    El viaje al interior debía continuar internándose en Trás-os-Montes, dirección Macedo de Cavaleiros.

    Al fondo, dominando el silencio, Miranda doDouro. LeleSorribas2013
    Al fondo, dominando el silencio, Miranda doDouro. LeleSorribas2013
  • Viaje al interior. De Lleida a Miranda do Douro. Parte I

    El viaje al interior (tenía una deuda con él) comenzó con otro viaje. Un viaje de introspección durante las siete horas de coche a solas de Lleida a Miranda do Douro. Tantas horas con la  atención puesta en la carretera y la música fundiéndose con el sonido del motor consiguieron introducirme en un metaviaje.

    Al acercarme a Zamora, fueron apareciendo los carteles indicativos que marcaban Portugal. Insistían en hacerme pasar por el centro de la ciudad. Conseguí deshacer el laberinto y salir a una carretera provincial. Entonces comenzó a llover y a anochecer en el espejo retrovisor.

    Vista a través de los árboles de las rocas del cañón del Duero. LeleSorribas2013
    Vista a través de los árboles de las rocas del cañón del Duero. LeleSorribas2013

    Las fronteras son abruptas. Incluso cuando no se es consciente de estar atravesándolas. Esta es amarilla y azul oscuro casi negó. Las nubes grises espesas por encima de la cabeza descargaban sin furia pero con amenaza de estropear la introspección. La carretera serpenteó en ascenso sobre el Duero hasta que llegué a un aparcamiento lleno de autobuses que aguardaban por los excursionistas.

    Miranda do Douro se encuentra a un lado del cañón del Duero que hace de frontera natural. En pleno Parque Natural de Arribes del Duero. La ciudad portuguesa es famosa por su orografía, por sus construcciones medievales, por su gastronomía y por sus comercios, a los que acuden millares de autobuses todos los años.

    En Miranda existe una lengua propia, el mirandés. Tenía curiosidad por escuchar hablar mirandés, pero sólo lo encontré escrito en las placas informativas de los monumentos y de las calles. Según he sabido, son muy pocos los hablantes de mirandés. Aunque hay una buena cantidad de estudios, personas y empresas que demuestran el interés en recuperar la lengua y con ella una parte muy importante de la cultura de la región.  Desde finales de los 80 se introdujo en la enseñanza, a finales de los 90 se elaboró la Convención Ortográfica y se le otorgó reconocimiento político a través de una ley (Lei7/99, de 29 de Janeiro).

    Placa con el nombre de la vía en mirandés. Lhargo de la Sé. LeleSorribas2013
    Placa con el nombre de la vía en mirandés. Lhargo de la Sé. LeleSorribas2013

    La primera persona con la que hablé fue la dueña del pequeño hostal donde me alojaba. La entrada estaba en los soportales entre dos comercios de ropa de casa. Seguía lloviendo intensamente cuando me bajé del coche y llegué al hostal bastante mojada. Mientras la dueña me guiaba hasta mi modesta habitación, dijo “trajo la lluvia, menina. Por fin llueve. Ya era necesario”. Yo, que me iba a quejar por haber tenido tan mala pata de llegar con la lluvia, le di la razón y sonreí.

    Después, en vez de quedarme en la habitación refugiándome de la lluvia, me puse el chubasquero rojo y salí a dar una vuelta y disfrutar del agua que tanto ansiaban por aquellas tierras.

    Me sorprendí, sobre todo, con el silencio que se fue apoderando de las calles cuando las tiendas comenzaron a cerrar. El sonido de la lluvia y mis pasos me evadieron de nuevo en un metaviaje. Entré en un bar que tenía dos mesas ocupadas, una con tres mujeres y tres niños del pueblo y otra con cuatro parejas y dos bebés de Zamora. La mezcla de sus conversaciones me resultó una evidencia firme de lo difusa y abrupta que puede resultar una frontera. El tono de las mirandesas era suave, el del grupo de zamoranos era alto. La mesa de ellas estaba ordenada y la de los otros llena con sus consumiciones, móviles y juguetes. Ellas hablaban de las elecciones locales del día siguiente. El grupo de Zamora hablaba en subgrupos de lo que les había cambiado la vida tener hijos. Yo no hablaba con nadie, observaba, comía un sandwich mixto en pan de hogaza y bebía una Superbock. Me fijé en que debajo del nombre del bar, como en las puertas de los edificios muy antiguos, figuraba la fecha de fundación: 1971. La fecha en sí no me dijo nada, pero el detalle me recordó que aún no había cruzado el puente para ver la catedral.

    …

    Al fondo la Catedral de Miranda do Douro, la Sé, asomada al Duero. LeleSorribas2013
    Al fondo la Catedral de Miranda do Douro, la Sé, asomada al Duero. LeleSorribas2013
  • Tengo una deuda con el interior. Pero esta vez, costa norte.

    Esta no será una entrada de largas historias, esta vez la
    visita fue muy corta y antes de empezar debo hacer una sentencia: Portugal no
    es sólo su costa.
    Existe un Portugal interior muy apetecible e interesante aunque yo, una vez más, haya acabado en la costa. La costa norte. Me dejé llevar por las orillas y los horizontes infinitos. Me encanta cuando
    el sol se deja caer sobre el Atlántico, y además, sólo disponía de un día en Portugal.
    Pasé ese único día en las playas de Póvoa de Varzim, Ofir,
    Apúlia y Esposende.
    Poco a poco las señales van desapareciendo. LeleSorribas2013
    Póvoa de Varzim pertenece al distrito de Porto. Está a unos 30 kilómetros de dicha ciudad. La costa de Póvoa es abrupta. La playa es de arena gruesa y las rocas cercan el agua en forma de conchas. Esa disposición puede hacer creer que el agua estará más templada, pero el agua está igual de fría que en otras zonas más abiertas.
    Siguiendo dirección norte por la carretera de la costa, el paisaje es primero natural, luego rural y después comienza a estar pellizcado por casas de aspecto lujoso. Al llegar a Fão, un día de verano de agosto, se ve movimiento y al coger la dirección de la playa, Ofir, el movimiento aumenta. Fão ya no es Porto, pertenece al concelho de Esposende que a su vez está en el distrito de Braga.
    Dunas, arboleda y una iglesia en la costa. Ofir. LeleSorribas2013
    La playa de Ofir, nombre de la playa de Fão, es un enorme arenal. Esta zona de costa conserva una primera línea de arboleda y dunas. De repente, un corte en la tierra y la playa aparece extendida unos cuantos metros por debajo del nivel de los ojos.
    Entrada cuesta abajo a la playa. Ofir. LeleSorribas2013
    Hay una leyenda que habla de Ofir como el lugar de donde el rey Salomón recibía oro y piedras preciosas. Un día, el rey decidió hacer un regalo a las tierras de Fão y envió unos caballos en sus navíos. Los navíos cargados con lo caballos se vieron en medio de una tempestad y naufragaron, dejando los caballos petrificados en el mar.
    Antes de ir desconocía completamente la leyenda por lo que no reparé en las rocas que se divisaban desde la orilla mar adentro. Por el contrario, me detuve ante una fortaleza de arena y me hizo pensar que Portugal es un país de Fortalezas (entiéndanse ambos sentidos).
    Una fortaleza de arena o un símbolo. Ofir. LeleSorribas2013
    Antes de seguir subiendo hacia el norte, volví sobre mis pasos y paré en Apúlia. Apúlia es una pequeña villa del concelho de Esposende, famosa por sus molinos, algunos de los cuales se remontan al siglo XVIII.
    Al fondo unos molinos, al lado del mar. Apúlia. LeleSorribas2013
    Finalmente, rumbo norte, llegué a Esposende. Esposende tiene como eslogan “Um privilégio da natureza” y viendo sólo su costa, no puede ser mentira.
    La próxima vez tengo una deuda pendiente con el interior. 
    La próxima vez tengo una deuda pendiente con el interior, aunque parezcaque el mar engulle la tierra. Esposende. LeleSorribas2013
  • Otra vez la primera vez en Oporto y São João

    Tejados de Oporto, al fondo la Sé. LeleSorribas2012

    Redescubrir una ciudad a través de otras personas y en otros momentos, cuando las cargas emotivas han cambiado, hace que se incluyan nombres nuevos en el mapa y expresiones diferentes ante estímulos similares. Con Oporto he pasado varias veces por esta experiencia y creo que podría repetirla infinidad de veces. Oporto no se agota con las visitas obligadas, no se agota aunque se haya vivido en ella, no se agota con los lugares desapercibidos.

    El Infante Don Henrique, El Navegante, presidiendo los jardines de laplaza  que lleva su nombre. LeleSorribas2013
    Esta vez me hubiera gustado encararme a la escultura de El Infante Don Henrique, El Navegante, ver hacia donde apuntaba su dedo y mirar también en la dirección contraria. Esa posición, a hombros del navegante, en la plaza que lleva su nombre me mostraría el mercado Ferreira Forges reabierto como restaurante, sala de conciertos, mercadillo y bar con terraza. En la dirección de su dedo, Don Henrique me señalaría el camino de los descubrimiento portugueses, recordándome que estaba redescubriendo Oporto.
    Interior de la Iglesia de São Francisco. Oporto. LeleSorribas2013
    Continuando con ese volver a ver y ver por primera vez, entré en el convento de San Francisco. El interior de la iglesia de San Francisco está decorado con tallas de madera revestidas de oro, una sobrecarga de formas y nudos. Según leí, se consideraba tal la ostentación de esta decoración que durante un tiempo se cerró porque no se consideraba oportuno celebrar el culto en ella con la pobreza que había alrededor. Lo que me atrajo hacia ella no fue su oro fueron esos otros ojos que me acompañaban y la curiosidad por lo que se escondía en sus catacumbas. En las catacumbas, que esperaba muy tétricas, encontramos un cementerio subterráneo muy ordenado cuyas fechas no iban mucho más allá del 1800 y pico. Las conversaciones encerradas en esas catacumbas suenan a relatos históricos aunque sean banales comentarios sobre primeras impresiones o sobre coleccionistas empedernidos de antigüedades.
    El tranvía de la línea 1, Passeio Alegre, por la orilla del Duero.Oporto. LeleSorribas2013
    Otra de esas cosas hechas por primera vez en el Oporto ya conocido fue ir en tranvía desde la iglesia de San Francisco hasta la Foz, pasando por todos los barrios en la orilla del Duero, que se estaban preparando para celebrar São João. Y una vez en la playa, dejar las huellas en la arena y marcar caminos de ida y vuelta era algo que había que hacer: orientar los pies en la dirección de los descubrimientos y dejarse llevar también por los efectos del solsticio de verano (São João).
    Huellas de ida y vuelta. Praia dos Ingleses. Oporto.LeleSorribas2013
    Llega la noche grande, la curiosidad de quien no ha estado es contagiosa, por mucho que yo haya dicho, haya visto o haya probado: las sardinas no saben siempre igual, los sonidos del bullicio tampoco suenan de la misma manera, los globos de papel lanzados vuelan con promesas nuevas y las batallas de martelinhos son indescriptibles. El momento álgido son los fuegos artificiales, que marcan el arranque del día 24 a las 00:00 exactas, aunque la fiesta lleve ya horas en acción. En ese momento, el de los fuegos, la ciudad para, las miles de personas se alinean y solo se escuchan los chispeos de los petardos de colores y las bombas luminosas, al finalizar los aplausos y los gritos son tan ruidosos como los fuegos y el movimiento vuelve a inundar la Ribeira y las calles aledañas.
    La Ribeira, al fondo el Puente Don Luís, con los «martelhinhos» en acción.Oporto. LeleSorribas.2013
    Oporto ha sido redescubierto, puedo decirlo con la ilusión de saber que aún me quedan miradas curiosas que echarle. Desayunar en esta ciudad es una primera vez continua aunque siempre se sirva zumo de naranja, meia de leite, torrada o cruasán.