Me gusta dar consejos.
No lo sabía, pero entre los mensajes del día tenía uno que llevaba esperando años, si no toda la vida.
Antes de llegar a él, todavía debía acabar el artículo sobre las recomendaciones de ahorro en calefacción para el invierno que se suponía que se acercaba. Seguía vistiendo camisetas de manga corta, aunque ahora también arrastrara una chaqueta por si las moscas.
Llegará el frío y estaré listo. Tan preparado como estoy cada día para ese mensaje que iba subiendo en mi bandeja de entrada.
Abro la carpeta que se llama: Te aconsejo leerme para acabar amándome.
Redacto. Varios expertos en ahorro coinciden: Revisar los radiadores antes de encenderlos…
Compruebo que tu foto sigue en mi cartera después de pagar el café. Estos artículos necesito escribirlos en sitios concurridos.
Y sigo escribiendo: Con el otoño, las bajadas de temperaturas y la llegada del frío, la calefacción vuelve a convertirse en una de las grandes protagonistas imprescindibles de cualquier hogar. No es la única: la manta y el sofá también son dos esenciales de esta época.
Cuando escribo, no miento. Hablo de evidencias. Si mi calefacción no se enciende, los diálogos que recreo en mi cabeza me arropan.
Los editores no nos leen, por eso lo sigo haciendo. Cada vez arriesgo más. Soy más intenso, más directo. Me felicitan porque mi sección es de las más leídas.
—Qué buen ojo tienes para escoger los temas. —Se atreven a elogiarme.
Podría contárselo, explicarles lo que hago como caso de éxito. No. No quiero deshacer el misterio. Es mi… nuestro rincón secreto.
Continuo: Una vivienda deshabitada durante largos periodos necesita recuperar gradualmente su temperatura. Las paredes, los muebles y los objetos también han acumulado la ausencia.
Me gusta esta última frase. La dejo y remato con la voz de un experto. El experto es ese fantasma que firma todas las frases que suenan a sentencia y da credibilidad.
Cuando la vivienda está vacía, lo más eficiente es reducir la temperatura o apagar el sistema y programar su puesta en marcha para recuperar el confort cuando vayamos a volver a casa. Un hogar puede estar preparado para recibir a sus ocupantes incluso antes de que hayas decidido regresar.
Me guardo preguntas para cuando vuelvas. ¿Me crees?
Se me ha hecho tarde. Pienso en apagar ya el ordenador. La duda me da permiso para echar un último vistazo al email.
Asunto: Soy yo
Pienso en cuando vuelvo a casa de mis padres, llamo al timbre y cuando descuelgan digo: soy yo.
Abro el correo. Te leo.

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