Etiqueta: narrativa

  • Voy. Quiero ir

    Entre un Crea y un Recrea
    Voy. Quiero ir.
    Sé que voy. Sé que quiero ir.
    El gerundio no funciona.
    Entre un Crea y un Recrea.
    En ese instante.

  • Quase um beijo

    Há terras que quase se beijam.
    Há terras que se dão as mãos por baixo das correntes
    e com a esperança de que a maré não recue tanto como para serem descobertas.
    Há terras que estão condenadas a se olhar pela eternidade.
    Há terras para as quais o Fado guarda sortes de línguas de areia que cheguem até a outra margem.
    Há pessoas que quase se beijam.

     

    Foz do rio Minho, desde o monte de Santa Tecla.
    Do lado esquerdo da imagem, Caminha (Portugal).
    Do lado direiro da imagen, A Guarda (Espanha).
    No meio, a ilha, o Forte de Nossa Senhora da Ínsua.
    Lele Sorribas. 2011
  • O capitão

    O céu, tão azul, veste os olhos de água
    O mar, antes rio, alonga-se nos fundos do océano
    O capitão ainda está a procura da Terra

    A Terra está em movimento,
    Até parece uma dançarina
    Se não for o vento que o puxa,
    Quem iria rumar ao capitão?

    O barco, caroço de pistacho, mantém a vela direita
    As ondas, batida após batida, teimam no seu intento
    O capitão mantém sempre a calma.

    A calma que a navegar não exite,
    E é ele que inventa.
    Se não for a imaginação que o alimenta
    Qual seria a realidade do capitão?

    O horizonte, linha trepidente, anuncia costa
    A beira, desconhecida, já é por ele amada
    Do outro lado, a costa antiga, já está quase esquecida

    A costa antiga morre en ciúmes,
    Ciúmes do vento que o empurra
    Se não for o vento que o puxa
    O capitão ainda estaria en Terra.

  • Fue de abandono

    Hace unos días me dieron una mala noticia, una noticia que me afectó de dos maneras: pena y rabia.
    Hace años me coincidió compartir residencia con un chico de Timor del Este, el muchacho era muy tímido, sonriente y de apariencia frágil. Durante mi estancia en la residencia, coincidimos unas cuantas veces en la cocina, él siempre cocinaba arroz y pescado y nunca aceptó nuestra tortilla de patata. Le encantaba cantar y silbar, y por tanto, era bastante común oírle por los pasillos. Nunca le vi con amigos, alguna vez aceptó salir en grupo, pero al final acababa desapareciendo solo.
    Zé estaba estudiando gestión empresarial con una beca que también le pagaba el alojamiento y las dietas, gracias a ello podía estudiar y vivir, solo y únicamente gracias a ello. Desde el día que salió de Timor para estudiar la carrera no había vuelto y durante los años siguientes tampoco volvió.
    La última vez que le vi, seguía viviendo en la residencia pero la beca ya no le pagaba las dietas y se buscó un trabajo en el comedor universitario. Los estudios no le iban bien y no aprobó el curso para mantener la beca de estudios, por tanto ya solo y únicamente gracias a ello podía vivir, no estudiar y no volver a su casa.
    En verano el comedor cerró, se quedó sin empleo y, (esto es una suposición mía) creo que debido a su timidez y su peculiar forma de sonreír no consiguió encontrar salida a su sitación. Se convirtió en un “nadie”, nadie le recordaba, nadie le echaba de menos, nadie le ayudó, nadie se dio cuenta. Murió: yo no le recordaba, yo no le echaba de menos, yo no le ayudé, yo no me di cuenta, murió, y fue de abandono.
  • Miguel

    Respiro, pero no tengo la sensación de aprovechar todo el aire que entra en mi cuerpo y empiezo a sentir que me ahogo.
    Veo, pero lo que entra por mis ojos no es todo lo que miro y tengo la sensación de que me he quedado ciega.
    Te oigo, pero no te escucho. ¿De qué vale entonces? Podría ser sorda y daría igual.
    No te toco porque no estás aquí, pero cuando quiero puedo sentir tu piel y tu cuerpo entre mis manos. No me importa que no estés presente.
    Me da igual.
    Tengo los sentidos atrofiados. La culpa la tiene el refresco que me bebí ayer mientras sonaba una canción que me recordó a Miguel.
    Miguel es el de la foto que encontraste en mi cartera, pero no te preocupes demasiado, a lo mejor mañana suena nuestra canción.
    La canción está tardando en sonar y Miguel se está apoderando de recuerdos que no son de él, que eran tuyos, tampoco eran míos. Miguel se está llevando tu vida por delante y la canción no suena nunca más.
    Es un desastre porque yo ya me había acostumbrado a llamarte Jorge y no se si me costará más deshacerme de lo poco que se de ti o de lo mucho que sabe Miguel de ti.
    No te quiero compartido, pero tampoco me gustas a medias para dejarte de lado y regalarte a la primera de cambio.
    Miguel es así, no soporta verme feliz y prefiere no aparecer para decírmelo. Se conforma con eliminar una parte importante, la más importante.
    Jorge se ha ido, finalmente no lo he tenido que compartir porque él solo ha tomado la iniciativa y se ha ido, nos ha dejado solos, a Miguel y a mí. Decía que le abrumaba toda esta historia, que estábamos locos y no le interesaba saber si lo que oigo es o no es lo que él dice, o si lo que veo es lo que hay delante de mis ojos o a mis espaldas.
    Miguel piensa como yo, no entiende nada. Jorge es un poco raro algo tan sencillo como hacerse a un lado para que le susurrara algo a Miguel en el oído le parecía una ofensa. En ese caso es mejor que se haya ido, porque a mi me gusta susurrarle a Miguel en el oído y que él me diga que le hago cosquillas en el culo.
    Adiós Jorge.
    Ahora Miguel está contento, pero yo no. A veces tarareo la canción que tenía que haber sonado hace tiempo y siento que estoy tocando la primera vértebra de Jorge. Es como al principio.
    Respiro, pero no tengo la sensación de aprovechar todo el aire que entra en mi cuerpo y empiezo a sentir que me ahogo.
    Veo, pero lo que entra por mis ojos no es todo lo que miro y tengo la sensación de que me he quedado ciega.
    Te oigo, pero no te escucho. ¿De qué vale entonces? Podría ser sorda y daría igual.
    No te toco porque no estás aquí, pero cuando quiero puedo sentir tu piel y tu cuerpo entre mis manos. No me importa que no estés presente.
    Pero ahora no me da igual.
    Miguel está convencido de que se me pasará así que me ha dejado sola. Ha dicho que hasta que no vuelva a ser feliz no me quiere a su lado porque le contagio un mal rollo que no le motiva. Se ha ido a vivir a la puerta de al lado, no puede desaparecer por si soy feliz de repente y no se entera a tiempo.
    Miguel es así, interesado.
    Tiene ideas descabelladas y conclusiones sin fundamento.
    Tiene los ojos marrones y los dientes perfectos.
    Tiene los dedos demasiado toscos, pero un pecho limpio y formado.
    Se le traba la lengua cuando habla del pasado y se emociona con películas futuristas.
    No entiende las ironías a la primera, ni comparte mi pasión por el amarillo, dice que es el color más estúpido que existe.
    Repite los mismos comentarios en los anuncios, canta las canciones de Ismael Serrano cambiando la letra, pero interpreta a Shakira a la perfección.
    Cuando cenamos fuera pide primero para que yo no me enfade. No bebe cuando conduce, pero si no conduce le llevo a casa siempre.
    Rebusca entre mis cosas por si le he dejado un mensaje oculto.
    Cambia de sitio los zapatos y dice que los ha perdido.
    Rompió mi bolso favorito y lo único que dijo es que estaba muy viejo.
    Me regaló una canica roja que tiré por una alcantarilla ayer cuando se fue a vivir a la puerta de al lado.
    Tiene un dedo del pie sin uña desde que cuando era pequeño le pisaron con la rueda de un monopatín.
    Tiene los codos rugosos y los pómulos salidos.
    Tiene las orejas más bonitas que he visto jamás.
    Me echa tanto de menos que jamás me lo ha dicho.
    Cuando tengo frío me agarra la cara con las dos manos y se acerca mucho a mí.
    Es perfecto, es un perfecto gilipollas que no me deja pero tampoco me quiere para siempre.
    Por eso yo sigo tarareando, intentando recordar toda la letra de la canción de Jorge, a lo mejor si la canto entera me lo trae de vuelta.
  • Esperar

    Recuérdame que no te espere cuando pase el tiempo de espera.
    A mí se me olvida todo y solo me acuerdo de esperarte.

    No te esperaría si estuvieras, por eso avísame cuando debes llegar para no esperarte en vano.

    Recuérdame que trato de ser práctica aunque me complique con esperas.

    Falsas esperas de quien está aquí sin querer estar.