Etiqueta: Viajar

  • Fría

    Fría

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    Nadie llega. Nadie parte.
    Fría.
    Ya no espera.

  • Aigüestortes desde Vall de Boí. Los caminos tienen puntos de inflexión

    Aigüestortes desde Vall de Boí. Los caminos tienen puntos de inflexión

    No se veía nada. Era de noche aunque aún era pronto. Es la hora de invierno que hace que parezca que los días son más cortos, siendo los días naturalmente más cortos.

    Aunque todo estaba oscuro, los faros del coche iban marcando el serpenteo de la carretera por el borde de la montaña. Ahí, aunque no lo veas, hay un lago y una presa. Y yo me lo imaginaba. Allá al fondo está Aigüestortes. Y yo me lo imaginaba. Ya estamos en el valle. Y entonces imaginé un agujero rodeado de enormes paredes verdes y pardas. Pensé también que si el mundo algún día se absorbe a sí mismo, lo hará a partir de un valle. Por qué no, a partir del Vall de Boí.

    Al salir del coche la oscuridad calaba hasta los huesos. Además, el frío de la noche de otoño comenzaba a helar sobre los caminos. No tardó en amanecer. Cuando el velo se levantó, las paredes que rodeaban el valle lucieron su colorido: verde oscuro, amarillo, naranja, marrón… No tuve duda, si el mundo decide absorberse a sí mismo lo hará por un valle.

    Las montañas coloreadas de otoño desde Barruera (Lleida). LeleSorribas2013
    Las montañas coloreadas de otoño desde Barruera (Lleida). LeleSorribas2013

    Desde Barruera, el pueblo de partida, la entrada al parque se puede hacer cogiendo un taxi en Boí. Ahora que los días son más cortos, subir en taxi es buena idea para llegar más arriba. Desde donde deja el todoterreno se pueden hacer varias rutas, unas  más cortas (de una hora), otras más largas (de unas cinco horas). Como el día lucía un fabuloso sol, cielo despejado y azul, la decisión estuvo clara: ruta larga.

    El agua en Aigüestortes está continuamente presente. Se camina al lado de la orilla de riachuelos cristalinos. Se cruzan puentes hechos con troncos partidos a la mitad. Se meten los pies en charcos espontáneos. Se escucha la caída de los chorros de las fuentes. Atruena y silencia el ruido de cascadas. El significado del nombre del parque cobra vida en cada metro que se recorre.

    Aguas cristalinas. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Aguas cristalinas. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Puentes de troncos para continuar la ruta. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Puentes de troncos para continuar la ruta. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    El agua corre a su antojo por todo el parque. No sigue líneas rectas. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    El agua corre a su antojo por todo el parque. No sigue líneas rectas. Aigüestortes. LeleSorribas2013

    La primera parada del trayecto es el Estany Llong. En esta explanada amarilla, en verano pastan las vacas. Y es verde. Y me lo imaginé. Atravesamos la llanura, parecía que pisábamos un colchón. A un lado se veían las montañas nevadas; al otro se intuían varias cascadas.

    Llanura de pasto al lado del Estany Llong. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Llanura de pasto al lado del Estany Llong. Al fondo entre los pinos se intuyen varias cascadas. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    El Estany Llong visto desde la subida al Estany Redó. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    El Estany Llong visto desde la subida al Estany Redó. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Después de caer desde la montaña, las aguas parecen mansas en los lagos.  Estany Redó. Aigüestortes. LeleSorribas2013
    Después de caer desde la montaña, las aguas parecen mansas en los lagos. Estany Redó. Aigüestortes. LeleSorribas2013

    Subiendo un poco más, saltando de piedra en piedra, se llega a otro de los doscientos lagos que hay en todo el parque, el Estany Redó. Las aguas cuando terminan de caer se quedan estancadas en estos lagos, un poco de reposo. Antes de comenzar el descenso, imitamos ese gesto. Desde allí arriba el valle no parecía valle. Era momento de regresar sobre nuestros pasos. Hay un punto de inflexión en todos los caminos que hace que cambie la perspectiva. En ese punto las ganas de llegar, sea  a donde sea, no importan y la posibilidad de que el mundo se vaya a absorber a sí mismo se disipa.

    Con el Lago Redó a las espaldas. Portarró d'Espot, al fondo. LeleSorribas2013
    Con el Lago Redó a las espaldas. Portarró d’Espot, al fondo. LeleSorribas2013
    Un punto de inflexión en el camino. El regreso se hace más corto. LeleSorribas2013
    Un punto de inflexión en el camino. El regreso se hace más corto. LeleSorribas2013
  • Foi um dia em São Paulo

    Foi um dia em São Paulo

    Esta é uma estória rápida. Apenas uma olhadela por sobre uma cidade enorme. São Paulo tem mais de onze milhões de habitantes e nem sei quantos carros, mas é provável serem o dobro. A tal cidade-mundo, que segundo os taxistas paulistanos é um formigueiro de automóveis, não tem distâncias o mesmo percurso pode ser feito em trinta minutos ou levar mais de três horas, irá depender do dia e o momento.

    Esta estória rápida começa dentro dum taxi e acaba dentro do taxi. A gente queria passear um bocadinho à tarde antes de voltar ao trabalho e por isso apanhamos um taxi para ir até o centro. O taxista recomendou não sair do carro na Praça da Sé e, como turistas precavidos, seguimos a sua dica, já que a Praça da Sé estava um pouco desarrumada. Não foi por sermos preconceituosos, mas ouvimos muitos casos, e o nosso tempo também era limitado.

    O Senhor Lorenzo, o taxista zamorano a morar em São Paulo há cinquenta e tal anos, ofereceu-nos dar uma volta e passar nos pontos chave que a pé não conseguiríamos ver em tão poucas horas. Aceitamos o oferecimento do Senhor Lorenzo, e vimos a cidade través dos vidros do carro: Sé, bairro japonês, ruas comerciais, centro financeiro, Mercado Municipal, Avenida Paulista… de repente, começou uma trovoada e anoiteceu.

    Foi assim, apenas num dia que São Paulo mostrou-nos as suas várias caras e estações. Para dizer verdade, eu fiquei com pica de mais.

  • Lugares sin salida

    Lugares sin salida

    Crematorio en el Cementerio Monumental de Milán. LeleSorribas2013
    Crematorio en el Cementerio Monumental de Milán. LeleSorribas2013
  • Lleida, recorrido circular, vertical y horizontal

    Lleida, recorrido circular, vertical y horizontal

    He ido a Lleida. No estaba en mis planes. He estado en Lleida, no estaba en mis planes y tampoco estaba en mi mapa. Me encantan los planes que no tienen fecha. Rellenar esos puntos con coordenadas temporales y geográficas es como completar las definiciones de un crucigrama que pensabas no saber y de repente te vienen a la cabeza. La sensación es gratificante y la sorpresa está asegurada.

    Me imaginaba Lleida, si es que alguna vez la imaginé, pequeña y recogida. La imaginación es engañosa, y Lleida no es muy pequeña, es bastante recogida, pero también es abierta y amplia. La zona vieja es un intríngulis de callejuelas estrechas que salen de una calle comercial (eje formado por las calles Sant Antoni, Major, Sant Joan, Carme, Cardenal Remolins), que según me dijeron tiene unos tres kilómetros. Las callejuelas son curvadas, algunas tienen escaleras, son oscuras y con sus nombres se podría escribir una cantiga.

    Recorrí el eje comercial, sin exagerar, tantas veces que cubrí una etapa y media (de las buenas) del Camino de Santiago. En esta calle, hay una iglesia en honor a Sant Jaume (Santiago) y se encuentran las señales de los peregrinos. Si sigo el camino pasaré por la casa de mi infancia (Astorga), pensé, y las seguí y las contradije varias veces.

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    Plaza de la Paeria, donde se encuentra el Palacio de la Paeria (ayuntamiento). Lleida. LeleSorribas2013
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    Capilla de Sant Jaume. S. XIV. Lleida. LeleSorribas2013

    El primer paseo lo comencé en la estación de tren, Lleida-Pirineus, y llegué a la plaza de Sant Joan. Una plaza extraña para mis ojos acostumbrados a las plazas soportaladas. En esta plaza los soportales están a la salida, en la continuación de la calle, hacia ambos lados. En el medio de la plaza, la disposición de escalones predice buen tiempo o buen carácter para sentarse a pasar el rato; unas escaleras mecánicas en el lateral incitan seguir el camino hacia arriba y el nombre de Sant Joan se lo debe a la iglesia dedicada al santo, que arrinconada preside la plaza.

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    Plaza de Sant Joan, al fondo la iglesia dedicada al santo. Lleida. LeleSorribas2013

    El segundo paseo lo comencé en el Parque Tecnológico, en la otra punta de la ciudad pasando cerca del conjunto monumental de Gardeny, que me quedé sin ver. Seguí el trazado de la calle y llegué hasta la calle de Sant Antoni,punto de partida del eje comercial, en la otra dirección. Llegué otra vez a la plaza de Sant Joan. Me encontré conmigo sorprendiéndome otra vez con las escaleras mecánicas, y esta vez subí.

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    Escaleras mecánicas de la Plaza de Sant Joan que dan acceso a edificios de administración pública y al ascensor para subir al Turó. Lleida. LeleSorribas2013

    Subí y después de subir seguí subiendo: más arriba, decían el ascensor y una moneda de veinte céntimos (precio del tiquet para el ascensor) y allá arriba, la Seu Vella y mi cara de admiración al descubrir que las murallas de esta catedral me resultaban familiares, tan parecidas con las de algunas fortalezas portuguesas, por ejemplo.  El ascenso no terminó por aquí, desde las murallas todavía quedaba subir hacia la catedral (Seu Vella) y el castillo del rey (La Suda).

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    Parte de las murallas que rodean la Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013

    Desde la colina de la catedral, cualquiera está condicionado a mirar hacia abajo y descubrir que Lleida también es abierta y amplia al abrir el campo visual hacia el río.

    El conjunto arquitectónico, yo que poco sé de arquitectura, es sorprendente. Reconozco que me quedé embobada con las figuras de los rosetones, de las puertas, con las gárgolas y con los arcos del claustro, gótico. Las formas redondeadas, simples por repetitivas, pero seguro que complejas en su concepción, hacían juegos de luces embaucadores. Después de llegar tan alto y de dar un salto en la historia de ocho siglos atrás, unas escaleras desde el claustro volvieron a invitarme a seguir subiendo, 238 escalones en espiral después, me acerqué mucho más arriba. Crecí más de 100 metros sobre el nivel del mar.

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    Vistas hacia el paseo del río Segre. Lleida. LeleSorribas2013
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    Puerta de L´Anunciata. Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013
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    Claustro de la Seu Vella. LeleSorribas2013
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    Ornamentación. Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013
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    Claustro de la Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013
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    Vistas al claustro y a la iglesia de la Seu Vella desde la torre del campanario. Lleida. LeleSorribas2013

    Subir no evita bajar, es más, subir obliga a bajar. Pero para hacer la bajada más leve, salí del Turó (colina en catalán) por la puerta del León y fui bajando por la calle de Sant Martí, en el camino me encontré con la iglesia de Sant Martí, del siglo XII. Yo descendía, pero el tiempo seguía avanzando en sentido contrario y las callejuelas y su intríngulis me introdujeron de nuevo en la Lleida recogida.

    Iglesia de Sant Martí
    Iglesia de Sant Martí. S. XII. Lleida. LeleSorribas2013
    Puerta del León
    Puerta del León. Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013

    Hasta que no llegué al río, no me di cuenta de que había hecho un recorrido circular, vertical en el espacio, horizontal en el tiempo.

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    Zona verde y paseo a lo largo del río Segre. Al fondo se ve la torre del campanario de la Seu Vella. Lleida. LeleSorribas2013

    He ido a Lleida y he estado en Lleida, sin estar en mis planes ya está en mi mapa y me ha regalado la experiencia de las formas redondeadas, como aquellas que me embelesaron del estilo gótico y como las que me enredaron en los edificios de la calle Major de estilo modernista.

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    Balcones azulejados de la casa Magi Llorens. 1905-07. Lleida. LeleSorribas
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    Casa Melcior. 1910. Lleida. LeleSorribas2013

    También vi un homenaje a la cultura, el 13 de abril se celebró la Diada de la Cultura, con sardanas, danzas de gigantes y castellers, pero esto da para otra entrada. Asimismo, habré de retomar estas líneas para detenerme en el frío y el silencio del interior de las catedrales, de la Seu Nova (la catedral nueva  del siglo XVIII) y de la Seu Vella.

    Si alguien no tiene Lleida en su mapa, le recomiendo que lo vaya apuntando.

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    Lleida, terra de ponent. LeleSorribas2013
  • Once maneras de llegar y regresar de Huesca

    Once maneras de llegar y regresar de Huesca

    Once maneras de ir y volver, once maneras de llegar y regresar de Huesca, así titulé la libreta de viaje con partida desde Vigo y destino Huesca.

    Cuando comencé la búsqueda para ver cómo podía llegar al Congreso de Periodismo Digital de Huesca, nunca pensé que tendría tantas opciones. Es más, en un principio, me producía cierto dolor de espalda pensar en la cantidad de horas de viaje que me esperaban. La idea del dolor de espalda me duró lo que tardé en darme cuenta de la cantidad de puntos que podía unir desde Huesca y la emoción de descubrir el destino.

    Acercarme al este peninsular me cautivó, llevaba bastante tiempo con el run-run de Aragón; reconozco que en ese run-run sonaba Zaragoza y Teruel, pero finalmente fue Huesca quien ganó las apuestas, y antes de comenzar a desgranar el cuaderno de viaje, he de decir: no me defraudó.

    Me esperaba una ciudad tranquila, pequeña y fría. No me equivoqué en nada, pero habría de añadir que Huesca es también acogedora, apacible y olvidada.

    El olvido de Huesca se atestigua casi a la primera, cuando uno pregunta por aquí (por la costa oeste) y empiezan a confundir los nombres Huesca y Teruel. Un poco más de ese olvido se comprueba al caminar por la ciudad, una buena parte del casco antiguo parece dejado al abandono. Esto, por otra parte, me produce sensaciones, no contradictorias, pero sí contrapuestas: pena y paz, sensaciones propias de los sitios degradados. Uno de los motivos de esta degradación se debe a que la mayor parte de los edificios del casco viejo fueron construidos con piedra arenisca que no es muy resistente a las inclemencias meteorológicas y al paso del tiempo.

    Tras un solar en obras, la catedral de Huesca.
    Tras un solar en obras, la catedral de Huesca. LeleSorribas2013
    El tiempo que pasa y el tiempo que sucede erosionan los muros. Huesca. LeleSorribas2013
    El tiempo que pasa y el tiempo que sucede erosionan los muros. Huesca. LeleSorribas2013

    Poco a poco, o más pronto que tarde, ese olvido va rellenado huecos con la historia que late en las piedras que permanecen en pie. Por ejemplo, las de la catedral de estilo gótico, que entre los árboles levanta su torre, un tercio más baja como consecuencia de la guerra civil.

    Torre de la catedral. Huesca. LeleSorribas2013
    Torre de la catedral. Huesca. LeleSorribas2013
    Fachada principal de la catedral de Huesca. LeleSorribas2013
    Fachada principal de la catedral de Huesca. LeleSorribas2013

    Entre calle y calle el acento aragonés se me iba impregnando, por momentos, me sentí afortunadamente perdida en el interior de la muralla. Porque Huesca es otra de esas ciudades amuralladas que abundan en nuestra geografía. Según he leído después, la muralla de Huesca tenía 99 torres de las que hoy solo queda una de ellas. Además había nueve puertas de entrada, que tampoco han resistido los siglos al perder el sentido defensivo de la propia muralla. Quedan los resquicios de una de esas puertas, La Porteta, por la que se accede a la calle del Desengaño.

    La Porteta, única puerta aún en pie de la muralla de Huesca. LeleSorribas2013
    La Porteta, única puerta aún en pie de la muralla de Huesca. LeleSorribas2013
    Ni siquiera las calles están libres del desengaño. Calle del desengaño. Huesca. LeleSorribas2013
    Ni siquiera las calles están libres del desengaño. Calle del desengaño. Huesca. LeleSorribas2013

    Muchos desengaños habrá vivido la calle, muchos de los que no queda constancia y otros que más que desengaños son desmentidos y que ponen cara al “bien” y al “mal” (en una moral, posiblemente católica). El muro en el que se apoya la cuesta de acceso desde la calle del desengaño hacia una puerta de las dependencias episcopales, hay dos figuras: un ángel y un carnero cornudo y fálico. A falta de datos históricos aclaratorios, resulta curioso y acompaña la multitud de significaciones de la calle del desengaño.

    Entre el bien y en mal. Huesca. LeleSorribas2013
    Entre el «bien» y el «mal». Huesca. LeleSorribas2013

    Los nombres de las calles no solo sirven para situarte en la ciudad y como documento histórico, tienen también la capacidad de evocar estados de ánimo e ilusiones (espejismos) en las personas que se detienen a leer las placas. Y después de sucederme eso en la del desengaño, llegué a la del suspiro, en la que me encontré un anuncio de primavera.

    Entre un árbol florido y un suspiro. Calle del suspiro. Huesca. LeleSorribas2013
    Entre un árbol florido y un suspiro. Calle del suspiro. Huesca. LeleSorribas2013

    Así en Huesca, la apacible, acogedora y olvidada, se me olvidó el frío, del que me vine a acordar cuando pretendí sentarme a escribir estas líneas en una terraza diseñada para leer, escribir o evadirse (aunque cada cual hará lo que le convenga).

    Terraza con invitación al reposo. Huesca. LeleSorribas2013
    Terraza con invitación al reposo. Huesca. LeleSorribas2013

    Al descubrirme con las manos heladas y mi propósito inviable, regresé sobre mis pasos hasta el mirador, sobre la Ronda de Montearagón y anoté en la libreta con letra temblorosa, “me quedan diez”.

    Vista desde el mirador a las sierras exteriores y la Hoya de Huesca. LeleSorribas2013
    Vista desde el mirador a las sierras exteriores y la Hoya de Huesca. LeleSorribas2013