Etiqueta: Miño

  • Sugerencia de fin de semana: Travessia da Ribeira Minho

    Indicador de la travesia en Vila Nova de Cerveira. Lele Sorribas. 2011
    Un paseo por la orilla del Miño es una buena sugerencia para un fin de semana de primavera.
    Este indicador está situado en Vila Nova de Cerveira, donde se puede comenzar una ruta. Hasta Valença serán 16 kilómetros; hasta Monção, 37´5 kilómetros y hasta Melgaço, 68´8 kilómetros.
    El grado de dificultad indicado en la señal hay que tenerlo en cuenta, algo dificil. No obstante, aunque solo se recorran unos pocos kilómetros o incluso unos pocos metros, el paisaje compensará.
    ¡Buen paseo!
  • La primera de muchas tardes en la Serra d´Arga

    Ahora que los días son más largos y el calor se ha hecho un hueco en nuestros armarios, es el momento perfecto para hacer escapadas a la montaña.

    

    Parada para foto en las puertas de la Serra d´Arga.
    Lele Sorribas. 2011

    

    La Serra d´Arga, situada entre el río Lima y el río Miño es un espacio natural tan amplio como tardes de verano existan. Pertenece a la Red Europea Natura 2000 y pertenece a Vila Nova de Cerveira, Caminha, Ponte de Lima y Viana do Castelo. Cuatro localidades con las que se puede jugar para completar las rutas y rematar con un “petisco” o una cena.
    Un regato, y un horreo, sobre el verde intenso
    no es necesario que diga nada más. Lele Sorribas. 2011
    Si la naturaleza y los paisajes no fueran suficientes (que lo son), las leyendas cubren la Serra, de reyes, de santos, de pastoras, de amores… y de miles de historias que se narran en las suelas de las botas de los caminantes, los pedales de las bicicletas, las ruedas de las motos, los cascos de los caballos, las toallas de los bañistas, los motores de los coches.
    Una de las vías para las excursiones (para adentrarse en la Serra es
    recomendable recurrir a profesionales que te orienten). Lele Sorribas. 2011
    La Serra d´Arga en el Norte de Portugal le hace un guiño a Galicia y desde ella se pueden divisar Caminha, el Miño, la desembocadura del Miño en el Atlántico y Galicia.
    Desde lo alto de la Serra se ve la unión de Portugal y Galicia por el Miño.
    Lele Sorribas. 2011
    Yo ya comencé mi andadura por la Serra d´Arga y lo hice a lomos de una vespa. El domingo me junté a un grupo de amantes de estas motos de Vigo, Nigrán y Viana do Castelo. Estos grupos de vespistas organizan a menudo salidas y encuentros para conocer parajes nuevos, disfrutando de los sonidos y olores de sus motos, de las paradas técnicas y las paradas gastronómicas.

    Los vespistas alineados. Lele Sorribas. 2011
  • La playa de Caminha

    Después de visitar Moledo descubrí que en la propia Caminha también hay una zona de playa, en la desembocadura del Miño. Una zona pequeña, tranquila y ventosa según los días y la dirección de los aires.
    La playa de Caminha está justo al lado del camping, por lo que como opción de vacaciones me parece un destino espectacular (también hay hoteles, pero yo tengo cierta predilección por las acampadas). En la misma playa hay varios restaurantes y chiringuitos, y además se ofrece la posibilidad de hacer alguna actividad acuática: esquí, lápiz (ese flotador gigante en el que varias personas se sientan en fila y una lancha las arrastra), paseos en embarcación por el Miño, piragüismo.
    Lo mejor que puedo hacer para no extenderme mucho y acabar diciendo (como siempre) que es un pequeño paraíso. Sobre todo por no caer en el uso de la reiteración os dejo unas fotografías.
    Siempre después de la playa podéis dar un paseo por Caminha.

    Fotografias del embarcadero que une con el paseo al lado del río Miño y de la playa de Caminha con el Monte de Santa Tecla del otro lado.
    Fotografñias de Lele Sorribas. 2010
  • La playa de Caminha

    Después de visitar Moledo descubrí que en la propia Caminha también hay una zona de playa, en la desembocadura del Miño. Una zona pequeña, tranquila y ventosa según los días y la dirección de los aires.
    La playa de Caminha está justo al lado del camping, por lo que como opción de vacaciones me parece un destino espectacular (también hay hoteles, pero yo tengo cierta predilección por las acampadas). En la misma playa hay varios restaurantes y chiringuitos, y además se ofrece la posibilidad de hacer alguna actividad acuática: esquí, lápiz (ese flotador gigante en el que varias personas se sientan en fila y una lancha las arrastra), paseos en embarcación por el Miño, piragüismo.
    Lo mejor que puedo hacer para no extenderme mucho y acabar diciendo (como siempre) que es un pequeño paraíso. Sobre todo por no caer en el uso de la reiteración os dejo unas fotografías.
    Siempre después de la playa podéis dar un paseo por Caminha.

    Fotografias del embarcadero que une con el paseo al lado del río Miño y de la playa de Caminha con el Monte de Santa Tecla del otro lado.
    Fotografñias de Lele Sorribas. 2010
  • Un arenal en el medio del Miño

    Inesperadamente el camino hacia Moledo se cortó un poco antes de alcanzar la playa. Un allmada y “passado Seixas cortas à directa e sempre em frente a descer. Depois… ali estou eu”.
    Al ir bajando la cuesta después de torcer a la derecha allí estaba él esperándonos con la toalla ya al cuello. De repente, detrás suya aparecieron unas vistas espectaculares del Miño con España al otro lado.

    La mancha de tierra que está en medio del Rio Miño y que es atravesada por una línea blanca que simula la frontera es la isla de la que hablo. Mapa de Google Maps. 
    Cogimos la toalla y el protector solar (porque caía el sol que rajaba las piedras), nos subimos con facilidad en la hinchable motorizada y en menos de un minuto no estábamos ni en Portugal ni en España, o estábamos en los dos países a la vez. Nos bajamos de la lancha de un salto y nos encontramos en una isla entre Seixas y O Rosal. Una isla que es un pedazo paradisíaco de arena en medio del río Miño.
    Al principio de la tarde estábamos solos del lado frontal a Portugal, en la otra orilla, frente a España, había una familia y una manada de caballos (naturaleza libre).
    Recorrimos el islote casi entero bordeando su perímetro; resultó ser una tarea difícil porque el agua no entra uniforme en la tierra y hay lugares donde la arena parece el fondo del río con un aspecto más cercano al lodo y por otros lugares la arena, que es oscura, está tan seca que arde y atrapa los pies. El paseo fue una aventurilla por un desierto rodeado de oasis.
    A lo largo de la tarde fueron apareciendo pequeñas embarcaciones (españolas) que aprovecharon la ruta por el río para detenerse y darse un baño.
    El agua en esta parte del río es templada y transparente, el fondo del río está limpio de vegetación y la corriente no es ni tan fuerte ni tan traicionera como en otras partes del mismo río, por lo que darse un baño es un placer. Sobretodo cuando como ayer el sol era abrasador.
    Para cruzar hasta el islote únicamente se puede hacer en lancha o embarcación. En el mismo puerto donde dejamos el coche está el embarcadero y las lanchas que hacen el servicio. No puedo decir lo que cuesta (aunque no debe ser mucho) porque el hombre que nos llevó no me quiso decir el precio, «estejam a vontade que vêm quase com família minha».
    Seguro que volveré, no solo porque siempre quise estar en una isla desierta (y la encontre!), sino porque para la próxima vez ya se que la cámara no se me moja en el trayecto fluvial.
  • Un arenal en el medio del Miño

    Inesperadamente el camino hacia Moledo se cortó un poco antes de alcanzar la playa. Un allmada y “passado Seixas cortas à directa e sempre em frente a descer. Depois… ali estou eu”.
    Al ir bajando la cuesta después de torcer a la derecha allí estaba él esperándonos con la toalla ya al cuello. De repente, detrás suya aparecieron unas vistas espectaculares del Miño con España al otro lado.

    La mancha de tierra que está en medio del Rio Miño y que es atravesada por una línea blanca que simula la frontera es la isla de la que hablo. Mapa de Google Maps. 
    Cogimos la toalla y el protector solar (porque caía el sol que rajaba las piedras), nos subimos con facilidad en la hinchable motorizada y en menos de un minuto no estábamos ni en Portugal ni en España, o estábamos en los dos países a la vez. Nos bajamos de la lancha de un salto y nos encontramos en una isla entre Seixas y O Rosal. Una isla que es un pedazo paradisíaco de arena en medio del río Miño.
    Al principio de la tarde estábamos solos del lado frontal a Portugal, en la otra orilla, frente a España, había una familia y una manada de caballos (naturaleza libre).
    Recorrimos el islote casi entero bordeando su perímetro; resultó ser una tarea difícil porque el agua no entra uniforme en la tierra y hay lugares donde la arena parece el fondo del río con un aspecto más cercano al lodo y por otros lugares la arena, que es oscura, está tan seca que arde y atrapa los pies. El paseo fue una aventurilla por un desierto rodeado de oasis.
    A lo largo de la tarde fueron apareciendo pequeñas embarcaciones (españolas) que aprovecharon la ruta por el río para detenerse y darse un baño.
    El agua en esta parte del río es templada y transparente, el fondo del río está limpio de vegetación y la corriente no es ni tan fuerte ni tan traicionera como en otras partes del mismo río, por lo que darse un baño es un placer. Sobretodo cuando como ayer el sol era abrasador.
    Para cruzar hasta el islote únicamente se puede hacer en lancha o embarcación. En el mismo puerto donde dejamos el coche está el embarcadero y las lanchas que hacen el servicio. No puedo decir lo que cuesta (aunque no debe ser mucho) porque el hombre que nos llevó no me quiso decir el precio, «estejam a vontade que vêm quase com família minha».
    Seguro que volveré, no solo porque siempre quise estar en una isla desierta (y la encontre!), sino porque para la próxima vez ya se que la cámara no se me moja en el trayecto fluvial.