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	<title>Libros Archives - Al pie de la foto</title>
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	<description>Letras, reseñas, entrevistas y pies de foto</description>
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	<title>Libros Archives - Al pie de la foto</title>
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		<title>Le he pedido a Miguel que se calle</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Sep 2026 17:50:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que he aprendido de Los restos del día, de Kazuo Ishiguro, sobre mis personajes</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>Lo que he aprendido de Los restos del día, de Kazuo Ishiguro, sobre mis personajes</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los restos del día</em> no estaba en mi lista de pendientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entró por una vía bastante diferente: me propuse leer con propósito. <strong>Leer pensando en las historias que llevo años queriendo contar</strong>, en mis personajes y en las cosas que todavía no sé hacer bien. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminarlo, me reencontré con Miguel. Miguel llevaba años en un cajón. Y creo que al rescatarlo he entendido una de las cosas que me estaba costando de él. Quería conocerlo perfectamente. Le preguntaba: Miguel, ¿en qué piensas?, ¿por qué haces lo que haces?, ¿qué quieres hacer en el futuro?&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Quería tener respuestas para todo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Leyendo <em>Los restos del día</em> me he parado a pensar que Miguel no necesita saber quién es al dedillo para poder contarse. <strong>Los personajes, como las personas, no siempre actuamos por razones obvias para nosotros ni para los demás.</strong> A veces, hacemos algo y solo después encontramos una explicación que nos convenza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese punto también entra el lector. El lector hará sus conexiones e interpretaciones. Tal vez encontrará una motivación que ni el propio personaje se había planteado. las conexiones. Así que he sacado a Miguel del cajón y le he pedido que se calle un poco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le he pedido que no se justifique, que omita información, que se contradiga. Que como Stevens puede hablar mucho, pero no hace falta que cuente gran cosa. Puede, incluso, permitirse caerme un poco mal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa que tendré en cuenta es que Miguel no tiene por qué dar ni un paso para que las cosas cambien. O puede hacer un gran viaje, pero no ser necesariamente lo que haga que las cosas sean diferentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es parte de lo que me llevo de esta lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Stevens, el protagonista de Los restos del día, es un poco pedante y aburrido. Aún así sus devaneos te embaucan y sigues escuchándole. Él hace el viaje (literal, en coche) pero el desplazamiento se produce en el lector. <strong>Nuestra mirada sobre Stevens va cambiando y lo que al principio parece simple rigidez se percibe como algo más complejo.</strong> Eres consciente al leerlo de que muchas de las cosas que como lector entiendes sobre él, el propio Stevens no llega a comprenderlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso con Miguel, tengo que aprender a hacer esto. Escucharlo cuando no responde, dejarle recuerdos incompletos. Sacarlo del cajón y hacerle menos preguntas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto-819x1024.png" alt="pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto" class="wp-image-4227" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/09/pagina-de-ebook-de-los-restos-del-dia-de-kazuo-ishiguro-alpiedelafoto.png 1080w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>
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		<title>¿Por qué nos gusta llorar con los libros?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Aug 2026 13:05:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dos novelas sobre la muerte, la pérdida y esa extraña forma de esperanza que queda</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Dos novelas sobre la muerte, la pérdida y esa extraña forma de esperanza que queda cuando la vida no sale como esperábamos.</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br>—¿Estás llorando, mamá?<br>—Sí, es por el libro…<br>—¿A ver? «Cambiar el agua de las flores» —lee en la portada—. ¿Es triste?<br>—No exactamente.<br>…<br>—¿Estás llorando otra vez, mamá? —Sí…<br>—¿El libro de las flores?<br>—No, este es «El colibrí».<br>—¿Lloras con flores y pájaros?<br>—No, exactamente.<br>—Entonces, te gusta llorar.<br>—Bueno… creo que me gusta emocionarme.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos de los últimos libros que he leído me han dejado la misma sensación: <strong>la vida no siempre tiene sentido… hasta que lo tiene.</strong></p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" data-id="4203" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin-768x1024.png" alt="Portada del libro de Valérie Perrin, Cambiar el agua de las flores, de Duomo ediciones" class="wp-image-4203" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin-768x1024.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin-225x300.png 225w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin-1152x1536.png 1152w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin-1024x1365.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-Cambiar-el-agua-de-las-flores-de-Valerie-Perrin.png 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" data-id="4202" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi-768x1024.png" alt="Portada del libro en formato ebook, El colibrí, de Sandro Veronesi" class="wp-image-4202" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi-768x1024.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi-225x300.png 225w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi-1152x1536.png 1152w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi-1024x1365.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/08/Portada-de-El-colibri-de-Sandro-Veronesi.png 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong>«Cambiar el agua de las flores», de Valerie Perrin</strong>, es casi un poema escrito en prosa.<br><em>Un solo ser nos falta y todo parece despoblado</em>, así abre el primer capítulo. Un total de 94 títulos que parecen un poema. Y como sucede con la poesía: se lee y luego se entiende y, más tarde, se vuelve a entender.<br>El libro cuenta una vida dura, muy dura, la de Violette, sin embargo, es un libro optimista y hermoso. Presenta historias de amor que parecen exageradas o desequilibradas, como de telenovela. Aun así, en esa grandilocuencia soy capaz de reconocer sentimientos: una pasión fuera de horas, un primer amor…<br>Aunque, sin duda, lo más bonito es ver cómo se construye la vida en un lugar destinado a la muerte. El cementerio consigue traspasar las páginas y presentarse como un lugar donde vivir en paz, lo imaginaba como un espacio casi místico en el que no me importaría pasar unos días. Leía y tenía la sensación de que era el mejor homenaje que se le puede dar a nuestros antepasados, no por visitarlos, sino por <strong>reconocer en su lugar de descanso un sitio también de paz para los vivos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong>«El colibrí», de Sandro Veronesi</strong>, es la historia de un hombre tan normal que parece extravagante. Los avatares del destino no se lo ponen nada fácil, ni siquiera sus propias decisiones lo son, y la vida termina arrastrándolo.<br>Entré en el colibrí engatusada por el halo de vitalidad que me transmitía la portada y una frase cazada al vuelo que hablaba de esperanza y vivir con intensidad hasta el final.<br>Me sumergí en la historia <strong>pensando que no sufriría, no había entendido nada</strong>.<br>Está escrito de una manera magistral: cartas, cuentos, narrador omnipresente, mensajes de whatsapp. Las fechas se saltan, no es una cronología lineal. Requiere un pequeño esfuerzo para ir componiendo el puzzle.<br>Por otro lado, quien nos cuenta la historia no siempre es la misma persona. El retrato del protagonista se completa con otras voces. Así, el aprecio, respeto y empatía que llegues a sentir por él, Marco Carrera, no se cierra hasta que como lector decides cómo mirarlo. Yo me decanté por la ternura. He sentido mucha ternura por él en todo momento. Y no es baladí que use la palabra ternura, es una expresión repetida en diferentes momentos y que resultará clave para el desarrollo de la historia. Sin esa mirada enternecida, la novela hubiera sido otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>En ambos libros, <strong>me encontré pensando lo mismo: sálvalos</strong>. Se lo decía al escritor. Iba leyendo, sabía que sucedería algo terrible y aún así, con cierta ingenuidad, pensaba que tal vez se produjera un giro de guion. Si me pongo en la piel de quien escribe, solo me lo puedo imaginar con los ojos vidriosos, explicando a sus personajes que no puede hacer nada, pero que les promete ayudarlos a salir del agujero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Qué ejercicio tan valiente para quien escribe! Pero es que así es la vida: deseos que no se complacen, sentirse solo, quererse solo y descubrir que las cosas no salen como esperábamos. Y, a pesar de ello, encontrar algo parecido al optimismo.<br>Eso es exactamente lo que hacen “Cambiar el agua a las flores” y “El colibrí”. <strong>Muestran un optimismo que es todo menos ingenuo, es un optimismo consciente de que las cosas suceden y las decisiones vienen después</strong>: ¿qué hacemos con el dolor? ¿Qué lugar le damos a todo lo malo que nos pasa?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>Sí, mi hija tiene razón: me gusta emocionarme. Me gusta pasar las páginas, conversar con sus protagonistas, incluso con sus autores, y mirar mi vida a través de sus ojos.</p>
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		<title>Peñíscola después de Jerusalém</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 15:23:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[Autores lusófonos]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Peñíscola]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cómo leer cambia los lugares Subir al castillo, dejar que la noche me encuentre en</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo leer cambia los lugares</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Subir al castillo, dejar que la noche me encuentre en la playa, comer un helado, bañarme bajo la luna, comprar uno o dos libros en la <a href="https://www.instagram.com/libreriaparisp/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">librería París</a>. En invierno lo llamaríamos rutina. En Peñíscola son rituales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta vez llegué con <em>Jerusalém</em>, de Gonçalo M. Tavares, en la maleta. La tercera novela de <em>O Reino</em>, la tetralogía con la que el escritor portugués explora distintas formas del mal. Como suele sucederme, el libro terminó infiltrándose en los lugares que visitaba y alterando mi manera de mirarlos. (<a href="https://ileon.eldiario.es/opinion/asombroso-viaje-pomponio-flato-termas-astorga_129_13180474.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Como ya me pasó en la ruta romana de Astorga con Pomponio Flato</a>)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El castillo de Peñíscola guarda historias de cruzadas, templarios y del papa Luna. La visita guiada reconstruye ese pasado a través de un único personaje. Avanzamos por las estancias, la guía narra escenas y yo me sorprendo pensando que Tavares hace algo parecido en <em>Jerusalém</em>: construye la novela desde las personas que encarnan los acontecimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Pedro Martínez de Luna fue elegido papa durante el Cisma de Occidente. Cuando apenas le quedaban partidarios se refugió en Peñíscola. Siguió firmando documentos, nombrando cardenales y ejerciendo una autoridad que el mundo ya no reconocía. Nunca renunció», explica la guía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esas palabras aparece en mi cabeza, inevitablemente, Theodor Busbeck. No sé si el personaje se parece o no al Papa Luna, pero ambos viven encerrados en una certeza. Cada uno la suya. Hay algo profundamente literario en esa obstinación. La imagen del anciano rodeado de piedra y de mar, aislado del mundo, convencido de una verdad que ya casi nadie comparte. El papa Luna podría ser uno de los personajes de <em>Jerusalém</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guía añade otro detalle: con noventa años, Benedicto XIII retuvo durante siete horas a un emisario del papa de Roma para defender la legitimidad de su pontificado. Imagino ese discurso interminable, pronunciado primero para convencer a su interlocutor y después, quizá, para convencerse a sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Busbeck sostiene una idea inquietante: quien no busca a Dios está enfermo y debe ser tratado. Vista desde ahí, la obcecación del Papa Luna adquiere otro significado. En <em>Jerusalém</em> cuesta distinguir con claridad dónde termina todos tienen motivos y todos están locos. Los personajes viven atrapados en un trauma, una culpa o una obsesión. Todos son islas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También este castillo. Aunque ya no lo separe del continente una lengua de arena, sigue suspendido entre el mar y todo lo demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La novela funciona como un interruptor. De pronto dejo de mirar la fortaleza como un monumento y empiezo a verla como una sucesión de conflictos. Subo las escaleras intentando colocar el escudo como indica la guía. «Te atacarían por la derecha». El gesto dura apenas unos segundos, lo suficiente para imaginar el peso de aquello que habitó estas piedras: la violencia, la culpa, la necesidad de salvación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca había reparado en que casi todos los grandes edificios históricos se explican desde la violencia: la que motivó su construcción, la que ejercieron o aquella de la que pretendían protegerse. La belleza de las piedras superpuestas suele ocultar historias de barbarie. Busbeck habría recorrido este castillo buscando precisamente eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo que admiro especialmente en <em>Jerusalém</em>, y en toda la saga <em>O Reino</em>: el espacio que Tavares deja al lector. Sus novelas nunca clausuran el sentido. Obligan a completar las conexiones, a decidir quién está realmente cuerdo y quién no, a seguir pensando cuando ya se ha cerrado el libro. Quizá por eso la lectura acaba contaminando la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando termina la visita tengo la impresión de que la frontera entre ambos relatos se ha diluido. El castillo es el mismo de cada año, pero Tavares ha conseguido que lo lea de otra manera.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-2 is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4192" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-819x1024.png" alt="Castillo de peñíscola desde el agua en playa norte. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4192" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Castillo de peñíscola desde el agua en playa norte. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4193" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-819x1024.png" alt="Lengua de tierra que une el peñón del castillo de Peñíscola a la tierra. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4193" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Lengua de tierra que une el peñón del castillo de Peñíscola a la tierra. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4195" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-819x1024.png" alt="Torre del castillo de Peñíscola con vistas al mar. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4195" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Torre del castillo de Peñíscola con vistas al mar. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4194" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-819x1024.png" alt="Castillo de Peñíscola desde el mar en un día con oleaje. Playa norte. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4194" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Castillo de Peñíscola desde el mar en un día con oleaje. Playa norte. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>
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		<title>Crónica sobre la ruta romana de Astorga en ileon</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2026 09:02:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Astorga]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que leo siempre acaba colándose en mi vida. Esta vez de una manera especialmente</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Lo que leo siempre acaba colándose en mi vida. Esta vez de una manera especialmente redonda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>, de Eduardo Mendoza, me ha acompañado estos días e inevitablemente me ha acompañado también a la <a href="https://turismoastorga.es/ruta-romana/">ruta romana de Astorga</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Astorga fue Asturica Augusta. Desde pequeñita me enseñaron aquello de «Bimilenaria ciudad de Astorga». Fue en aquellos inicios de su existencia capital del oro del noroeste. En ella se asentó la Legio X Gemina, después de luchar por el terreno contra los astures y cántabros que allí vivían. Mucho más de esta historia ha quedado grabada en el subsuelo con una precisión sorprendente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leer el artículo completo <a href="https://ileon.eldiario.es/opinion/asombroso-viaje-pomponio-flato-termas-astorga_129_13180474.html">en ileon: El asombroso viaje de Pomponio Flato en las termas de Astorga</a></p>
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		<title>Escribir para hacer habitable el silencio. Sobre Luciérnaga, de Natalia Litvinova</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Feb 2026 14:41:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los desastres que se quedan latentes, esos con los que la gente convive con la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los desastres que se quedan latentes, esos con los que la gente convive con la naturalidad de lo cotidiano, me vuelan la cabeza. Chernóbil es uno de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El año pasado leí <strong>Voces de Chernóbil</strong>, de Svetlana Aleksiévic, y aquellas voces me persiguen y me han llevado hasta <em>Luciérnaga</em>, de Natalia Litvinova.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ambas lecturas puedo decir lo mismo: lo que más me impresiona es la belleza del horror. La capacidad de encontrar algo poético en lo putrefacto. La manzana más hermosa, la mejor cosecha de patatas, el agua más transparente… y la amenaza invisible que encierran<strong>. </strong>La muerte es real.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Luciérnaga</strong> no es solo la historia de una mujer que nace el mismo año que la explosión de Chernóbil. Es la memoria de tres generaciones atravesadas por algo que no se ve y de lo que no siempre se habla. Luciérnaga, como la radiación, es eso que está ahí aunque nadie lo nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Natalia Litvinova construye un relato familiar delicado y feroz a la vez. Un relato que es a la vez hechos históricos y álbum de familia. La infancia, marcada como todas por la inocencia que trata de completar aquello que los mayores solo explican a medias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Cuando era niña creía que por las noches la radiación salía de mí e iluminaba el cuarto como una pequeña lámpara.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa imagen es una excelente muestra de la poesía que encierra su título.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me encanta cómo convierte las emociones en algo tan visual como unas manchas en la nieve.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“La nieve se volvía sucia. Las enormes manchas grises que dejaban nuestras alfombras me producían una tristeza que no era capaz de explicar.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, ante todo, a pesar del silencio que la rodea, se nutre de la necesidad de contar, de revivir la memoria. Escribir se convierte en el acto necesario para que el silencio sea habitable. Por eso también usa el realismo mágico para traer de vuelta lo que nadie le ha llegado a contar nunca, lo que su madre calla y su abuela se llevó al pantano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luciérnaga (editorial Lumen) es un libro luminoso, no cegador. Es un texto plagado de poesía, porque Natalia es poeta. <a href="https://alpiedelafoto.com/no-lei-por-valentia-lei-por-deseo-manana-de-olalla-castro/">Una vez más, llego a las poetas a través de su prosa.</a></p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-2 is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4150" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/02/Luciernaga-de-Natalia-Litvinova-alpiedelafoto2.jpg" alt="" class="wp-image-4150"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4149" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/02/Luciernaga-de-Natalia-Litvinova-alpiedelafoto1.jpg" alt="" class="wp-image-4149"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4151" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/02/Luciernaga-de-Natalia-Litvinova-alpiedelafoto3.jpg" alt="" class="wp-image-4151"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4152" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/02/Luciernaga-de-Natalia-Litvinova-alpiedelafoto4.jpg" alt="" class="wp-image-4152"/></figure>
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		<title>No leí por valentía, leí por deseo. «Mañana», de Olalla Castro.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 Jan 2026 11:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Casi abandono, casi.Una madre pasando por el duelo de una hija. Nada más empezar. Sin</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Casi abandono, casi.<br>Una madre pasando por el duelo de una hija. Nada más empezar. Sin anestesia. “Una hija es como un miembro fantasma que nunca te deja de picar”, cita. Ahí ya me dolía todo. La voz de la protagonista seguía escarbando y cada una de sus frases se queda vibrando en algún sitio incómodo del cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguí leyendo. Seguí con esa sensación de estar entrando en un lugar donde no sabes si deberías quedarte. Y casi lo vuelvo a dejar. Entré en la historia de otra mujer. Otra vida. Un matrimonio concertado y el maltrato en el lugar de la decepción. La descripción de la violencia no es macabra, pasaría por la normalidad incluso. Hay rebeldía en este personaje, pero también aceptación. La salida parece inviable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, continué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No por valentía ni por disciplina lectora. Continué porque me obsesionan las palabras. El efecto que tienen. El modo en que el lenguaje puede sostenernos o hundirnos. La capacidad que tenemos para comunicarnos de tantas maneras. Continué porque la esperanza en esta historia está en el lenguaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque suene ingenuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Mañana</em> es un libro fácil de leer, difícil de transitar. No ofrece un consuelo rápido. Olalla Castro escribe desde un lugar muy profundo. En muchos momentos me he preguntado cómo se sobrevive a escribir algo así, cómo no te rompes del todo al ponerte las voces y los silencios de esos personajes. Después descubro las chispas de belleza y los destellos breves que van ganando espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el deseo. Hay algo muy poderoso en cómo el deseo busca surgir incluso en situaciones límite. Sí, también seguí por el deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Mañana” es la primera novela de Olalla Castro, poeta y ensayista. <a href="https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20250604/olalla-castro-escritora-manana-queria-118174737">En una entrevista, Olalla describe su poesía antes de Mañana como oscura</a>. No he leído su poesía. Siempre llego a las poetas a través de su prosa.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4144" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4144" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40-819x1024.jpg 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40-240x300.jpg 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40-768x960.jpg 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40-1024x1280.jpg 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto40.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4143" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4143" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41-819x1024.jpg 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41-240x300.jpg 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41-768x960.jpg 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41-1024x1280.jpg 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto41.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4142" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4142" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43-819x1024.jpg 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43-240x300.jpg 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43-768x960.jpg 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43-1024x1280.jpg 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto43.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4141" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4141" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44-819x1024.jpg 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44-240x300.jpg 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44-768x960.jpg 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44-1024x1280.jpg 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto44.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4140" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4140" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45-819x1024.jpg 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45-240x300.jpg 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45-768x960.jpg 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45-1024x1280.jpg 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/manana-olalla-castro-alpiedelafoto45.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>
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		<title>Es la vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 17:28:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Encontré el libro en el trastero de la casa nueva. Los antiguos inquilinos habían dejado</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Encontré el libro en el trastero de la casa nueva. Los antiguos inquilinos habían dejado algunas cajas olvidadas, restos de otra vida. Se lo enseñé: <em>¡Mira!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cogió, lo miró: <em>¿No lo has leído?</em>, preguntó poco convencido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa fue la señal definitiva. Tenía que leerlo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había leído fragmentos en el instituto. ¿O fue en la universidad?. Nunca entero. La película siempre me dio miedo y, aun así, muchas mañanas amanezco con su banda sonora en la cabeza y la utilizo de base para cantar lo que voy haciendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acabo de cerrar el libro y estoy esperando a que me lo vuelva a preguntar. Le diré: <em>sí, ahora sí</em>. Y sentenciaré: <strong>La historia interminable es la vida</strong>.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">No dejaré de sostener el libro entre mis manos, mientras, con más calma, le explicaré que el viaje de Atreyu me ha fascinado. Que se lo quiero leer a las niñas. También confesaré, acariciando el lomo, que Bastián me ha caído mal durante casi todo el libro. Y buscaré su comprensión cuando añada: <em>Creo que me ha incomodado reconocerme en algunas de sus actitudes</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le leeré, ya que lo tengo entre las manos, las frases que podría tatuarme o usar para bordar una camiseta. Por último, y solo después de explicarle con detalle pasajes enteros, le diré que <strong>incluso entre toda esa fantasía, está la vida: la aceptación, el valor, el peso de los deseos… y el amor.</strong></p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4132" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/lahistoriainterminable-alpiedelafoto39.png" alt="" class="wp-image-4132" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/lahistoriainterminable-alpiedelafoto39.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/lahistoriainterminable-alpiedelafoto39-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>
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		<title>Leer a Keum Suk Gendry-Kim para mirar mejor el mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:46:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No conozco mucho de la historia de Corea. Apenas retazos recogidos aquí y allá en</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">No conozco mucho de la historia de Corea. Apenas retazos recogidos aquí y allá en los libros: El camino más corto, Dentro del secreto, Hierba. Fue este último el que me llevó hasta <a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-grafica/399086-libro-mi-amigo-kim-jong-un-9788419940667?srsltid=AfmBOooJy_sr4Pq3Cr3DSakENqGBB1NwztnCMiYH7cn59qkLmY7aw7zE">Mi amigo Kim Jong-Un (Reservoir Books)</a>. Fue <a href="https://alpiedelafoto.com/hierba-una-brizna/">con Hierba que conocí a su autora e ilustradora: Keum Suk Gendry-Kim</a>, que me ha conquistado por completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo bien la sensación al leer Dentro del secreto, de <a href="https://www.instagram.com/joseluispeixoto/">José Luís Peixoto</a>. Me dejó perpleja. De verdad me costaba creer que un lugar así existiera. Pensaba en Corea del Norte y la cabeza me daba vueltas, como cuando repites una palabra demasiadas veces y acaba perdiendo el sentido. Me parecía el argumento de una película sobre un experimento social llevado al extremo. Pero el experimento es real. Quizá la única forma de mantener el orden mundial sea observarlo desde la barrera: intentar comprender, o cerrar los ojos y seguir con lo nuestro. Ninguna de las dos opciones resulta sencilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Keum Suk Gendry-Kim logra dibujar precisamente esa posición incómoda. Y lo hace desde un lugar aún más incómodo: viviendo cerca de la frontera, con el ruido de las bombas que llega hasta su cocina, su habitación, hasta el lugar donde pasea con sus perros. La amenaza no es abstracta ni lejana, la amenaza forma parte de su paisaje diario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Mi amigo Kim Jong Un, la autora no cae en la caricatura ni en el juicio fácil. La búsqueda de información es compleja. ¿Cómo se verifican fuentes que no existen, que están muertas o que no quieren hablar? Desde el punto de vista periodístico es todo un compendio práctico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me fascina cómo sus trazos hablan, cómo el dibujo sostiene lo que las palabras no siempre alcanzan. Su experiencia personal funciona como un puente que me permite conectar con un significado que antes me resultaba incomprensible. No habla de ideas abstractas, habla de personas, habla con personas. Todas tienen sus motivos, sus razones, sus miedos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El uso del color turquesa marca escenas, separa planos, determina puntos de vista. Es una elección que no es solo estética, sino narrativa. Cuando aborda la historia de las dos Coreas, tan ajena para mí, lo hace de una manera casi pedagógica sin ser didáctica. Siento como si me invitara a observar qué ocurre cuando se elige la pastilla azul o la roja y aun así me mostrara el yin y el yang que hay en ambas opciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este libro me ha parecido una lectura necesaria para comprender que las palabras, de tanto repetirlas, a veces se vacían, pero no por ello pierden lo que quieren decir. Una lectura para recordar que detrás de los conceptos frontera, enemigo, régimen, amenaza, hay vidas concretas. Y, sobre todo, para aprender a mirar el mundo con ojos extrañados, sin convicciones tan rígidas que impidan avanzar.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4117" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Mi-amigo-Kim-Jong-Un-de-Keum-Suk-Gendry-Kim-al-pie-de-la-foto27-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4117"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4119" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Mi-amigo-Kim-Jong-Un-de-Keum-Suk-Gendry-Kim-al-pie-de-la-foto26-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4119"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4116" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Mi-amigo-Kim-Jong-Un-de-Keum-Suk-Gendry-Kim-al-pie-de-la-foto25-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4116"/></figure>
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		<title>Un libro breve, delicado y necesario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:17:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay libros que mezclan la memoria de quien escribe con la memoria de quien lee.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay libros que mezclan la memoria de quien escribe con la memoria de quien lee. No se limitan a contar una historia, la terminan de construir en el acto íntimo de la lectura, con las voces de fondo, con la forma en la que sujetamos el libro, con el lugar físico y emocional desde el que lo abrimos. Libros que se cosen a nuestra experiencia sin pedir permiso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hilos perdidos, de <strong><a href="https://www.instagram.com/julianadelaurel/?hl=es">Juliana Muñoz Toro</a></strong>, es uno de esos libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora, escritora colombiana, según leo en las contras de sus libros, <a href="https://julianamunoztoro.wordpress.com/">hace literatura de lo cotidiano y de la intimidad</a>. En esta obra se sitúa a medio camino entre la novela breve, la memoria y el texto poético, aborda la figura de la madre y su progresiva pérdida de la memoria a través del bordado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La narradora reconstruye la memoria materna siguiendo los hilos, los nudos, las telas. El bordado se convierte así en un lenguaje alternativo, una forma de decir lo que no siempre puede nombrarse o recordarse de otra forma. Cada puntada guarda una historia, cada hilo conecta tiempos. A través de este gesto, pasar el hilo de un lado a otro de la tela, la autora propone una manera de resistir al olvido y de sostener el recuerdo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo también bordo. Y leo. Y quizá por eso el libro me ha atravesado con una delicadeza especial. Me ha parecido tan hermoso y tan tierno que, por momentos, me he perdido en mis propios recuerdos: en las manos que aprendieron antes que yo, en los objetos que sobreviven a quienes los usaron, en esa transmisión silenciosa que no siempre pasa por las palabras. Por momentos, también, me he detenido en esas sentencias mínimas y luminosas sobre el sentido de los hilos, los nudos y las pérdidas. Frases que se quedan.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-7 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4112" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22.png" alt="" class="wp-image-4112" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4111" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21.png" alt="" class="wp-image-4111" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Frse subrayada del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4110" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20.png" alt="" class="wp-image-4110" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Bordo porque amo, del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">La historia que propone Los hilos perdidos es dura. Habla de enfermedad, de deterioro, de ausencia, pero está construida de una forma casi onírica, fragmentaria, como funciona la memoria cuando intenta aferrarse a algo que se escapa. No hay un relato lineal ni una cronología cerrada. Hay imágenes, sensaciones, gestos que vuelven. Y en esa estructura quebrada hay una verdad emocional muy poderosa. La reivindicación también de un saber históricamente femenino y doméstico como forma de escritura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hilos perdidos se ha convertido en mi libro-costura, con el que acaba 2025 y empezaba 2026. en este cambio de año. Recomendadísimo.</p>
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		<title>Yo también fui un mapa: volver a Budapest, de Chico Buarque</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Jan 2026 13:54:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Lusofonía]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unas semanas terminé de releer Budapest (Budapeste, título original, 2003), de Chico Buarque.Yo, que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace unas semanas terminé de releer <strong>Budapest</strong> (<em>Budapeste</em>, título original, 2003), de Chico Buarque.<br>Yo, que no releía libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chico Buarque: músico, dramaturgo y escritor brasileño. A él llegué primero por la música. <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=RhLJFYwutUs">Valsinha</a></em> en bucle. <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=lkH0nPiF7mE">Ópera do Malandro</a></em> en bucle. Después descubrí que, además de contar historias cantadas, también las escribía. Y así fue como <em>Budapeste</em> se cruzó conmigo en una librería de barrio en Lisboa, uno de esos días en los que caminaba perdida en todos los sentidos. Seguramente llevaba su música en el mp3.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me costó empezar a leerlo. Recuerdo que me costaba concentrarme y quedarme quieta en un texto. Hasta que encontré mi rincón mágico en Cais do Sodré. Allí pasé tardes enteras esperando el último barco hacia la otra orilla del Tajo, esperando también que un día mi teléfono sonara para quedarme. No sonó. Me mudé a Oporto y terminé <em>Budapest</em> en la habitación de un piso compartido en el que no duré ni dos meses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora te cuento el argumento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante un viaje de trabajo, una escala imprevista lleva a José Costa, escritor fantasma que redacta artículos, discursos y libros para otros, a Budapest. La ciudad lo deslumbra de inmediato, pero es sobre todo el idioma húngaro, opaco, ajeno, casi indescifrable, lo que se le queda adherido como una obsesión. De regreso a Brasil retoma su vida: está casado con Vanda, una periodista ambiciosa, y trabaja en una agencia de escritura anónima. Tiene éxito, pero siempre en la sombra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Budapest no lo suelta. Decide volver, aprender la lengua magiar, quedarse. Allí inicia una relación con Kriska, su profesora de húngaro, y comienza una segunda vida paralela, tan real como la primera y, probablemente, más verdadera. Poco a poco, José Costa se desplaza: de lengua, de ciudad, de identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la novela es un juego de espejos: quien escribe y quien firma, el éxito y el anonimato, la pertenencia y el desarraigo. Pero también es una reflexión sobre cómo la lengua nos define, nos limita y nos reinventa. Sobre qué ocurre cuando empezamos a pensar y a escribir en un idioma que no es el nuestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la primera vez como la segunda, me fascinó su relación con las palabras y con las lenguas. En la primera lectura eso fue lo que me sostuvo, aunque la atmósfera de José Costa y la mía propia se me hicieran asfixiantes. Yo también estaba en un momento de cambio y la incertidumbre, entonces, no me sentaba bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta segunda vez, lo he leído con más aire alrededor. He disfrutado todas sus capas. Pero he vuelto a quedarme prendada de ese juego con los idiomas y de frases como esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No me aburría caminar así en un mapa, quizá porque siempre tuve la vaga sensación de ser yo también el mapa de una persona.” (<em>Budapest</em>)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo me queda añadir una recomendación sencilla y honesta:<br><strong>escucha a Chico y lee a Chico.</strong></p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-8 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4101" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto27-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4101"/></figure>



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