Etiqueta: Dulce Pontes

  • Dulce Pontes, Momentos en Mos

    Torpeza o despiste, el caso es que me fui al concierto de Dulce Pontes en Mos sin cámara de fotos.

    Ayer domingo 23 de mayo de 2010 el Pazo de los Marqueses en Mos acogió un concierto de la gira Momentos de Dulce Pontes. El concierto forma parte de los espectáculos patrocinados por el Xacobeo dentro del programa “Vive o Camiño”.

    A las nueve de la tarde en punto el Pazo de Mos se llenó de pompas de jabón y notas musicales arrancadas de un piano y una garganta. Era todavía de día, lo único oscuro como la noche que había eran el piano negro de cola y el vestido y pañuelo-velo que llevaba Dulce. Ella, como en la última ocasión que la vi (hace ya tres años de esa), y como aparece en todos sus conciertos, iba descalza. Durante una de las actuaciones se calzó unas tobilleras de cascabeles y su cuerpo formó parte del fondo musical que la acompañaba: acordeón, percusión, guitarra portuguesa, violoncello, oboe, fagot.

    Durante una hora y media no paró ni un momento de enlazar canciones y besos, agradecimientos al público y una mención especial a Doña Carmen y a Uxía.

    Tengo la certeza de que conmovió a todo el mundo con Lela. En gallego y todos juntos mientras el sol iba cediendo cantamos “non me deixes e ten compasión de min…”

    Mientras veía a Dulce interpretar, me pregunté si aunque no la pudiera escuchar, solo con verla entendería todo lo que me estaba transmitiendo; me respondí que sí. Porque Dulce Pontes no solo canta y baila: interpreta y transmite con ello todo el repertorio de sensaciones que se esconden en las letras y los acordes de sus canciones.
    Otra vez me volví a lamentar de no haber traído la cámara de fotos.

    Cantó un Fado Menor con su hermano, Luís Pontes. En este Fado el tiempo dolía más que nunca y existía sin estar aquí. Pero ella estaba allí, sus músicos también, el público sin duda que estaba y el tiempo no dolió hasta que la noche nos cayó encima y el escenario se apagó.
  • El Destino cantado

    El FADO merecería páginas y páginas de análisis. El misterio de su origen, la diversidad de sus temas, la diversidad de sus cantores e cantadeiras, las teorías que lo proponen como símbolo nacional portugués y las que lo niegan y lo sitúan diferenciadamente en Lisboa y Coimbra.
    El FADO es un estilo musical propio e identificativo de Portugal en el extranjero. Actualmente las nuevas voces de jóvenes fadistas han expandido sus melodías y letras más allá de las fronteras.
    Mariza, Dulce Pontes, Mísia, Camané… son conocidos ahora en otros núcleos fuera de las tabernas y casas de fado y así mismo es el FADO ahora conocido también fuera de esos núcleos.
    Leyendas hay muchas, pero para situarnos en el carácter que envuelve el ritual del FADO, vamos a comenzar por una definición de diccionario.
    Fado: del latín fatum, destino, vida dictada por el Oráculo y que no se puede cambiar.

    Este destino cantado, formado como estilo musical propio, podría tener origen en los musulmanes que vivían en Lisboa, en los marineros, en los bandidos, en las tristezas del partir y de la pérdida de lo querido. Hay variedad de opiniones y estudios.
    No obstante, el FADO tiene su FADISTA y éste tiene un modo de vestir, un modo de hablar (calão), una forma insolente de comportarse, es un bandido, una canalla de navaja en mano que aprovecha la mala iluminación de las calles de Lisboa para cometer sus fechorías. Fechorías que por otro lado provienen de la mala situación del país en la época en que Napoleón Bonaparte invade Portugal y la familia Real se fuga a Brasil. En esta época, las venganzas y los ajustes de cuentas, los robos y saqueos, la búsqueda del alimento se forja como forma y estilo de vida, atribuido al fadista. Este fadista comienza a moverse por las tabernas donde comienza a cantar sus andanzas y de ahí evoluciona a otras temáticas y formas.
    Es sólo una de las teorías, si cabe la que mejor explica y la más datada de las que he leído.
    Dejen que me presente… Yo soy el FADO. Por favor no me confundan con mi homónimo “fado” que tiene su origen en el latín “fatum” y quiere decir destino, aquello que tiene que suceder. No, yo soy el FADO, expresión musical unas veces cantado, otras maltratado y en el sentir, de los maestros, llorado en las cuerdas de una Guitarra Portuguesa. Pero ya que nuestra cultura (la portuguesa) parece ser pariente próxima de mi homónimo, por favor denme el privilegio de defenderme. No me hagan viejo, porque no lo soy y no me cambien la nacionalidad, porque estoy muy orgulloso de ser portugués. Si quieren saber el nombre de mis padres no lean erróneos certificados de nacimiento. Sean cuidadosos en la búsqueda. Si a veces soy melancólico, no nací en el Norte de África (último reducto de la cultura Musulmana). Hay quien confunde mi soltura con el balanceo de las Carabelas. Poco probable. Saben que me mareo, sino habría aprovechado los viajes del Infante D. Enrique y sería personaje célebre de nuestros Descubrimientos. Que yo sepa, Luis de Camões no era fadista… (Traducción propia de un texto de José Lucio. Texto completo en portugués e inglés.)
    ¿Es fado el FADO?
    No me interesa tanto contar aquí los orígenes como definir el FADO como auténtica expresión que perdura en el tiempo y mantiene un carácter muy portugués.
    A lo largo de los años el FADO se ha convertido en reclamo turístico en las Tabernas y Casas de Fado que ofrecen noche de cena y fado por un módico/elevado precio. Los rincones más oscuros y las Tabernas más escondidas suelen ser las auténticas donde hoy aparece un Fadista y mañana aparece Mariza, Celeste Rodríguez (hermana de la más grande Amália Rodrigues, símbolo e icono del FADO por excelencia), Camané…
    Los espectáculos en estos lugares turísticos nunca aseguran una gran noche de FADO pero seguro que queda grabado en la memoria y hace remover cualquier cosa dentro de los oyentes(/”sentidores”).
    Si se siente, el FADO es fado inevitable.
    FADO no es sólo melancolía, no es sólo tristeza y saudade (añoranza, nostalgia, palabra portuguesa que no tiene traducción exacta en ninguna otra lengua), es un canto a las tradiciones, a historias de amoríos, de partidas, de toros, de fiestas populares, calles, barrios y personajes. Es incluso a veces una lección de vida que el propio FADO se canta.
    Los poemas de grandes autores como Luís de Camões, Fernando Pessoa, Pedro Homen de Mello, José Régio, Sophia de Mello Breyner Andresen, Miguel Torga o Manuel Alegre son letras de músicas cantadas por los grandes conocidos y los grandes que se mueven en círculos menos conocidos.
    El primer icono del FADO fue La Severa (1820-1846), una joven cantadeira (cantante de FADO) y prostituta de vida turbulenta que mantuvo una relación con el 13º Conde de Vimioso D. Francisco de Paula Portugal e Castro y que murió a los 26 años, según dicen de amor por el Conde.

    Chorai, fadistas, chorai

    Que uma fadista morreu

    Hoje mesmo faz um ano

    Que a Severa faleceu.

    Morreu, já faz hoje um ano,

    Das fadistas a rainha,

    Com ela o fado perdeu

    O gosto que o fado tinha…

    (Fado da Severa)

    Después de La Severa llegó Amália y conquistó el mundo del FADO, llenando almas, escenarios y Casas. Hizo del FADO el género único que hoy es, se mantiene viva como referente para las nuevas voces y se mantiene viva en el imaginario portugués.
    Carlos do Carmo, Helder Moutinho, Maria da Fé, Mafalda Arnauth, Camané, Mariza, Cristina Branco, Dulce Pontes, Alfredo Marceneiro… la lista es interminable y todos ellos han continuado y continúan con lo que Amália entronizó. El FADO se ha hecho fado para todos ellos y la historia de Portugal, concretamente la historia de Lisboa.
    Las acompañantes del FADO
    La guitarra portuguesa y la viola (guitarra española) son las acompañantes de todo fadista, también en este arte de tocar hay grandes exponentes como Carlos Paredes.
    Tocar la guitarra portuguesa es una difícil profesión que actualmente sigue siendo estudiada por muchos jóvenes enamorados de sus 12 cuerdas y su sonoridad.
    La guitarra portuguesa tiene diferentes afinaciones dependiendo del tipo. La de Coimbra no suena igual que la de Lisboa, como no suena igual el FADO de uno y otro lugar, ni tiene las mismas preocupaciones temáticas. El FADO de Coimbra es cantado sólo por hombres, vestidos con el traje académico y capa negra, cantan temas universitarios y rondan a las amadas.
    La explicación más aproximada del FADO
    El FADO se siente no se cuenta, es FADO mientras sucede.
  • Estendo meu xaile no chão

    Dulce Pontes presentó El corazón tiene Tres Puertas en Madrid En Canto, en el Teatro Albéniz, mañana día 14 de junio repetirá.
    En este trabajo, su “trabajo más verdadero”, lo ha puesto todo, producción, edición, arreglos, mezclas y composición.
    Cuando comenzó el día las ganas de estar en Lisboa no me dejaban disfrutar de la posibilidad que me traía mi antiguo barrio de Madrid, ni siquiera me acordé.
    Quería sardinhas, marchas populares, arraial e bailarico, a cambio la noche se hizo eterna en el Teatro Albéniz la noche de Santo Antônio.
    Pero llegó el fin de la tarde y las tres puertas del Teatro en la calle La Paz estaban saturadas de gente tranquila. Fuimos entrando, a ver, despacio. Había algún rezagado y alguno que no consiguió una entrada a tiempo y lo intentaba en la reventa.
    Dulce Pontes presentaba su trabajo El Corazón tiene Tres Puertas en el consolidado Madrid En Canto.
    Después de haber arrasado en prácticamente todo el mundo, de haber puesto los vellos de punta a Nueva York, después de haber cantado para los socios del Sporting de Lisboa haciendo del Amor a Portugal verdadero amor… después de todo y más, llegaba a la capital española para intentar conmover, aquí donde parece que no se tiene sentimientos entre semana.
    Dulce venía con cierta ventaja, el recinto estaba lleno y, el público, aunque tímido, estaba entregado a gustar.
    Comenzó sentada al piano, melodía, flauta, violoncello. Expresiva en todos sus movimientos, con vestido rojo, xaile (chal. Al más puro estilo del Fado).
    El escenario presentaba las tres puertas de entrada, imposible la salida, al corazón de la música. La iluminación marcaba estados de ánimo, estados del alma y estados del día. Azul amanecer, Rojo de danza de fuego, Amarillo oro, naranja calidez del amor de hogar.
    Reinventó la música popular portuguesa y la dejó danzar con ritmos cercanos a Galicia, a África, al Fado, a todos los registros. Dejó salir a todas las artes, bailó, interpretó, cantó, conmovió, dibujo sonrisas y palabras en el ambiente.
    El público fue despertando y después de fallarle en un primer momento por no saber seguirla, consiguió robar declaraciones de amor, palmas, tarareos, balanceos y la locura de alguno de los presentes.
    Duró casi dos horas, no paró en ningún momento.
    Sus músicos hicieron improvisaciones combinadas, guitarra, oboe, guitarra portuguesa, percusión, cello, voz, toda la complicidad puesta en escena.
    Nadie quería dejarlos ir y remató con Canção do Mar, Laurindinha e Lágrima, éxitos, sin duda, anteriores y en la noche.
    No puedo negar, que hoy extiendo meu xaile no chão.
    ¡Por Dulce!