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	<title>Bitácora Archives - Al pie de la foto</title>
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	<title>Bitácora Archives - Al pie de la foto</title>
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		<title>Peñíscola después de Jerusalém</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 15:23:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cómo leer cambia los lugares Subir al castillo, dejar que la noche me encuentre en</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo leer cambia los lugares</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Subir al castillo, dejar que la noche me encuentre en la playa, comer un helado, bañarme bajo la luna, comprar uno o dos libros en la <a href="https://www.instagram.com/libreriaparisp/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">librería París</a>. En invierno lo llamaríamos rutina. En Peñíscola son rituales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta vez llegué con <em>Jerusalém</em>, de Gonçalo M. Tavares, en la maleta. La tercera novela de <em>O Reino</em>, la tetralogía con la que el escritor portugués explora distintas formas del mal. Como suele sucederme, el libro terminó infiltrándose en los lugares que visitaba y alterando mi manera de mirarlos. (<a href="https://ileon.eldiario.es/opinion/asombroso-viaje-pomponio-flato-termas-astorga_129_13180474.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Como ya me pasó en la ruta romana de Astorga con Pomponio Flato</a>)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El castillo de Peñíscola guarda historias de cruzadas, templarios y del papa Luna. La visita guiada reconstruye ese pasado a través de un único personaje. Avanzamos por las estancias, la guía narra escenas y yo me sorprendo pensando que Tavares hace algo parecido en <em>Jerusalém</em>: construye la novela desde las personas que encarnan los acontecimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Pedro Martínez de Luna fue elegido papa durante el Cisma de Occidente. Cuando apenas le quedaban partidarios se refugió en Peñíscola. Siguió firmando documentos, nombrando cardenales y ejerciendo una autoridad que el mundo ya no reconocía. Nunca renunció», explica la guía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esas palabras aparece en mi cabeza, inevitablemente, Theodor Busbeck. No sé si el personaje se parece o no al Papa Luna, pero ambos viven encerrados en una certeza. Cada uno la suya. Hay algo profundamente literario en esa obstinación. La imagen del anciano rodeado de piedra y de mar, aislado del mundo, convencido de una verdad que ya casi nadie comparte. El papa Luna podría ser uno de los personajes de <em>Jerusalém</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guía añade otro detalle: con noventa años, Benedicto XIII retuvo durante siete horas a un emisario del papa de Roma para defender la legitimidad de su pontificado. Imagino ese discurso interminable, pronunciado primero para convencer a su interlocutor y después, quizá, para convencerse a sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Busbeck sostiene una idea inquietante: quien no busca a Dios está enfermo y debe ser tratado. Vista desde ahí, la obcecación del Papa Luna adquiere otro significado. En <em>Jerusalém</em> cuesta distinguir con claridad dónde termina todos tienen motivos y todos están locos. Los personajes viven atrapados en un trauma, una culpa o una obsesión. Todos son islas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También este castillo. Aunque ya no lo separe del continente una lengua de arena, sigue suspendido entre el mar y todo lo demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La novela funciona como un interruptor. De pronto dejo de mirar la fortaleza como un monumento y empiezo a verla como una sucesión de conflictos. Subo las escaleras intentando colocar el escudo como indica la guía. «Te atacarían por la derecha». El gesto dura apenas unos segundos, lo suficiente para imaginar el peso de aquello que habitó estas piedras: la violencia, la culpa, la necesidad de salvación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca había reparado en que casi todos los grandes edificios históricos se explican desde la violencia: la que motivó su construcción, la que ejercieron o aquella de la que pretendían protegerse. La belleza de las piedras superpuestas suele ocultar historias de barbarie. Busbeck habría recorrido este castillo buscando precisamente eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo que admiro especialmente en <em>Jerusalém</em>, y en toda la saga <em>O Reino</em>: el espacio que Tavares deja al lector. Sus novelas nunca clausuran el sentido. Obligan a completar las conexiones, a decidir quién está realmente cuerdo y quién no, a seguir pensando cuando ya se ha cerrado el libro. Quizá por eso la lectura acaba contaminando la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando termina la visita tengo la impresión de que la frontera entre ambos relatos se ha diluido. El castillo es el mismo de cada año, pero Tavares ha conseguido que lo lea de otra manera.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-2 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4192" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-819x1024.png" alt="Castillo de peñíscola desde el agua en playa norte. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4192" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares1.png 1080w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Castillo de peñíscola desde el agua en playa norte. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4193" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-819x1024.png" alt="Lengua de tierra que une el peñón del castillo de Peñíscola a la tierra. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4193" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares2.png 1080w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Lengua de tierra que une el peñón del castillo de Peñíscola a la tierra. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4195" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-819x1024.png" alt="Torre del castillo de Peñíscola con vistas al mar. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4195" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares4.png 1080w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Torre del castillo de Peñíscola con vistas al mar. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4194" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-819x1024.png" alt="Castillo de Peñíscola desde el mar en un día con oleaje. Playa norte. Lele Sorribas - Alpiedelafoto.com" class="wp-image-4194" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-819x1024.png 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-240x300.png 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-768x960.png 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3-1024x1280.png 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/07/Peniscola-desde-Jerusalem-de-Goncalo-M-Tavares3.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /><figcaption class="wp-element-caption">Castillo de Peñíscola desde el mar en un día con oleaje. Playa norte. Lele Sorribas &#8211; Alpiedelafoto.com</figcaption></figure>
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		<title>Escribir para hacer habitable el silencio. Sobre Luciérnaga, de Natalia Litvinova</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Feb 2026 14:41:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los desastres que se quedan latentes, esos con los que la gente convive con la</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Los desastres que se quedan latentes, esos con los que la gente convive con la naturalidad de lo cotidiano, me vuelan la cabeza. Chernóbil es uno de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El año pasado leí <strong>Voces de Chernóbil</strong>, de Svetlana Aleksiévic, y aquellas voces me persiguen y me han llevado hasta <em>Luciérnaga</em>, de Natalia Litvinova.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ambas lecturas puedo decir lo mismo: lo que más me impresiona es la belleza del horror. La capacidad de encontrar algo poético en lo putrefacto. La manzana más hermosa, la mejor cosecha de patatas, el agua más transparente… y la amenaza invisible que encierran<strong>. </strong>La muerte es real.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Luciérnaga</strong> no es solo la historia de una mujer que nace el mismo año que la explosión de Chernóbil. Es la memoria de tres generaciones atravesadas por algo que no se ve y de lo que no siempre se habla. Luciérnaga, como la radiación, es eso que está ahí aunque nadie lo nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Natalia Litvinova construye un relato familiar delicado y feroz a la vez. Un relato que es a la vez hechos históricos y álbum de familia. La infancia, marcada como todas por la inocencia que trata de completar aquello que los mayores solo explican a medias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Cuando era niña creía que por las noches la radiación salía de mí e iluminaba el cuarto como una pequeña lámpara.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa imagen es una excelente muestra de la poesía que encierra su título.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me encanta cómo convierte las emociones en algo tan visual como unas manchas en la nieve.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“La nieve se volvía sucia. Las enormes manchas grises que dejaban nuestras alfombras me producían una tristeza que no era capaz de explicar.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, ante todo, a pesar del silencio que la rodea, se nutre de la necesidad de contar, de revivir la memoria. Escribir se convierte en el acto necesario para que el silencio sea habitable. Por eso también usa el realismo mágico para traer de vuelta lo que nadie le ha llegado a contar nunca, lo que su madre calla y su abuela se llevó al pantano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luciérnaga (editorial Lumen) es un libro luminoso, no cegador. Es un texto plagado de poesía, porque Natalia es poeta. <a href="https://alpiedelafoto.com/no-lei-por-valentia-lei-por-deseo-manana-de-olalla-castro/">Una vez más, llego a las poetas a través de su prosa.</a></p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4150" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/02/Luciernaga-de-Natalia-Litvinova-alpiedelafoto2.jpg" alt="" class="wp-image-4150"/></figure>



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		<title>No leí por valentía, leí por deseo. «Mañana», de Olalla Castro.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 Jan 2026 11:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Casi abandono, casi.Una madre pasando por el duelo de una hija. Nada más empezar. Sin</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Casi abandono, casi.<br>Una madre pasando por el duelo de una hija. Nada más empezar. Sin anestesia. “Una hija es como un miembro fantasma que nunca te deja de picar”, cita. Ahí ya me dolía todo. La voz de la protagonista seguía escarbando y cada una de sus frases se queda vibrando en algún sitio incómodo del cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguí leyendo. Seguí con esa sensación de estar entrando en un lugar donde no sabes si deberías quedarte. Y casi lo vuelvo a dejar. Entré en la historia de otra mujer. Otra vida. Un matrimonio concertado y el maltrato en el lugar de la decepción. La descripción de la violencia no es macabra, pasaría por la normalidad incluso. Hay rebeldía en este personaje, pero también aceptación. La salida parece inviable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, continué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No por valentía ni por disciplina lectora. Continué porque me obsesionan las palabras. El efecto que tienen. El modo en que el lenguaje puede sostenernos o hundirnos. La capacidad que tenemos para comunicarnos de tantas maneras. Continué porque la esperanza en esta historia está en el lenguaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque suene ingenuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Mañana</em> es un libro fácil de leer, difícil de transitar. No ofrece un consuelo rápido. Olalla Castro escribe desde un lugar muy profundo. En muchos momentos me he preguntado cómo se sobrevive a escribir algo así, cómo no te rompes del todo al ponerte las voces y los silencios de esos personajes. Después descubro las chispas de belleza y los destellos breves que van ganando espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el deseo. Hay algo muy poderoso en cómo el deseo busca surgir incluso en situaciones límite. Sí, también seguí por el deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Mañana” es la primera novela de Olalla Castro, poeta y ensayista. <a href="https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20250604/olalla-castro-escritora-manana-queria-118174737">En una entrevista, Olalla describe su poesía antes de Mañana como oscura</a>. No he leído su poesía. Siempre llego a las poetas a través de su prosa.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
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		<title>Es la vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 17:28:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Encontré el libro en el trastero de la casa nueva. Los antiguos inquilinos habían dejado</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Encontré el libro en el trastero de la casa nueva. Los antiguos inquilinos habían dejado algunas cajas olvidadas, restos de otra vida. Se lo enseñé: <em>¡Mira!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cogió, lo miró: <em>¿No lo has leído?</em>, preguntó poco convencido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa fue la señal definitiva. Tenía que leerlo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había leído fragmentos en el instituto. ¿O fue en la universidad?. Nunca entero. La película siempre me dio miedo y, aun así, muchas mañanas amanezco con su banda sonora en la cabeza y la utilizo de base para cantar lo que voy haciendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acabo de cerrar el libro y estoy esperando a que me lo vuelva a preguntar. Le diré: <em>sí, ahora sí</em>. Y sentenciaré: <strong>La historia interminable es la vida</strong>.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">No dejaré de sostener el libro entre mis manos, mientras, con más calma, le explicaré que el viaje de Atreyu me ha fascinado. Que se lo quiero leer a las niñas. También confesaré, acariciando el lomo, que Bastián me ha caído mal durante casi todo el libro. Y buscaré su comprensión cuando añada: <em>Creo que me ha incomodado reconocerme en algunas de sus actitudes</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le leeré, ya que lo tengo entre las manos, las frases que podría tatuarme o usar para bordar una camiseta. Por último, y solo después de explicarle con detalle pasajes enteros, le diré que <strong>incluso entre toda esa fantasía, está la vida: la aceptación, el valor, el peso de los deseos… y el amor.</strong></p>



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		<title>Leer a Keum Suk Gendry-Kim para mirar mejor el mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:46:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No conozco mucho de la historia de Corea. Apenas retazos recogidos aquí y allá en</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">No conozco mucho de la historia de Corea. Apenas retazos recogidos aquí y allá en los libros: El camino más corto, Dentro del secreto, Hierba. Fue este último el que me llevó hasta <a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-grafica/399086-libro-mi-amigo-kim-jong-un-9788419940667?srsltid=AfmBOooJy_sr4Pq3Cr3DSakENqGBB1NwztnCMiYH7cn59qkLmY7aw7zE">Mi amigo Kim Jong-Un (Reservoir Books)</a>. Fue <a href="https://alpiedelafoto.com/hierba-una-brizna/">con Hierba que conocí a su autora e ilustradora: Keum Suk Gendry-Kim</a>, que me ha conquistado por completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo bien la sensación al leer Dentro del secreto, de <a href="https://www.instagram.com/joseluispeixoto/">José Luís Peixoto</a>. Me dejó perpleja. De verdad me costaba creer que un lugar así existiera. Pensaba en Corea del Norte y la cabeza me daba vueltas, como cuando repites una palabra demasiadas veces y acaba perdiendo el sentido. Me parecía el argumento de una película sobre un experimento social llevado al extremo. Pero el experimento es real. Quizá la única forma de mantener el orden mundial sea observarlo desde la barrera: intentar comprender, o cerrar los ojos y seguir con lo nuestro. Ninguna de las dos opciones resulta sencilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Keum Suk Gendry-Kim logra dibujar precisamente esa posición incómoda. Y lo hace desde un lugar aún más incómodo: viviendo cerca de la frontera, con el ruido de las bombas que llega hasta su cocina, su habitación, hasta el lugar donde pasea con sus perros. La amenaza no es abstracta ni lejana, la amenaza forma parte de su paisaje diario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Mi amigo Kim Jong Un, la autora no cae en la caricatura ni en el juicio fácil. La búsqueda de información es compleja. ¿Cómo se verifican fuentes que no existen, que están muertas o que no quieren hablar? Desde el punto de vista periodístico es todo un compendio práctico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me fascina cómo sus trazos hablan, cómo el dibujo sostiene lo que las palabras no siempre alcanzan. Su experiencia personal funciona como un puente que me permite conectar con un significado que antes me resultaba incomprensible. No habla de ideas abstractas, habla de personas, habla con personas. Todas tienen sus motivos, sus razones, sus miedos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El uso del color turquesa marca escenas, separa planos, determina puntos de vista. Es una elección que no es solo estética, sino narrativa. Cuando aborda la historia de las dos Coreas, tan ajena para mí, lo hace de una manera casi pedagógica sin ser didáctica. Siento como si me invitara a observar qué ocurre cuando se elige la pastilla azul o la roja y aun así me mostrara el yin y el yang que hay en ambas opciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este libro me ha parecido una lectura necesaria para comprender que las palabras, de tanto repetirlas, a veces se vacían, pero no por ello pierden lo que quieren decir. Una lectura para recordar que detrás de los conceptos frontera, enemigo, régimen, amenaza, hay vidas concretas. Y, sobre todo, para aprender a mirar el mundo con ojos extrañados, sin convicciones tan rígidas que impidan avanzar.</p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4117" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Mi-amigo-Kim-Jong-Un-de-Keum-Suk-Gendry-Kim-al-pie-de-la-foto27-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4117"/></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4116" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Mi-amigo-Kim-Jong-Un-de-Keum-Suk-Gendry-Kim-al-pie-de-la-foto25-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4116"/></figure>
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		<title>Un libro breve, delicado y necesario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:17:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay libros que mezclan la memoria de quien escribe con la memoria de quien lee.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay libros que mezclan la memoria de quien escribe con la memoria de quien lee. No se limitan a contar una historia, la terminan de construir en el acto íntimo de la lectura, con las voces de fondo, con la forma en la que sujetamos el libro, con el lugar físico y emocional desde el que lo abrimos. Libros que se cosen a nuestra experiencia sin pedir permiso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hilos perdidos, de <strong><a href="https://www.instagram.com/julianadelaurel/?hl=es">Juliana Muñoz Toro</a></strong>, es uno de esos libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora, escritora colombiana, según leo en las contras de sus libros, <a href="https://julianamunoztoro.wordpress.com/">hace literatura de lo cotidiano y de la intimidad</a>. En esta obra se sitúa a medio camino entre la novela breve, la memoria y el texto poético, aborda la figura de la madre y su progresiva pérdida de la memoria a través del bordado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La narradora reconstruye la memoria materna siguiendo los hilos, los nudos, las telas. El bordado se convierte así en un lenguaje alternativo, una forma de decir lo que no siempre puede nombrarse o recordarse de otra forma. Cada puntada guarda una historia, cada hilo conecta tiempos. A través de este gesto, pasar el hilo de un lado a otro de la tela, la autora propone una manera de resistir al olvido y de sostener el recuerdo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo también bordo. Y leo. Y quizá por eso el libro me ha atravesado con una delicadeza especial. Me ha parecido tan hermoso y tan tierno que, por momentos, me he perdido en mis propios recuerdos: en las manos que aprendieron antes que yo, en los objetos que sobreviven a quienes los usaron, en esa transmisión silenciosa que no siempre pasa por las palabras. Por momentos, también, me he detenido en esas sentencias mínimas y luminosas sobre el sentido de los hilos, los nudos y las pérdidas. Frases que se quedan.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4112" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22.png" alt="" class="wp-image-4112" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-22-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4111" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21.png" alt="" class="wp-image-4111" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-21-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Frse subrayada del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1350" data-id="4110" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20.png" alt="" class="wp-image-4110" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20.png 1080w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/httpsalpiedelafoto.com-20-240x300.png 240w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><figcaption class="wp-element-caption">Bordo porque amo, del libro Los hilos perdidos, de Juliana Muñoz Toro</figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">La historia que propone Los hilos perdidos es dura. Habla de enfermedad, de deterioro, de ausencia, pero está construida de una forma casi onírica, fragmentaria, como funciona la memoria cuando intenta aferrarse a algo que se escapa. No hay un relato lineal ni una cronología cerrada. Hay imágenes, sensaciones, gestos que vuelven. Y en esa estructura quebrada hay una verdad emocional muy poderosa. La reivindicación también de un saber históricamente femenino y doméstico como forma de escritura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hilos perdidos se ha convertido en mi libro-costura, con el que acaba 2025 y empezaba 2026. en este cambio de año. Recomendadísimo.</p>
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		<title>Yo también fui un mapa: volver a Budapest, de Chico Buarque</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Jan 2026 13:54:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Lusofonía]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Hace unas semanas terminé de releer <strong>Budapest</strong> (<em>Budapeste</em>, título original, 2003), de Chico Buarque.<br>Yo, que no releía libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chico Buarque: músico, dramaturgo y escritor brasileño. A él llegué primero por la música. <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=RhLJFYwutUs">Valsinha</a></em> en bucle. <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=lkH0nPiF7mE">Ópera do Malandro</a></em> en bucle. Después descubrí que, además de contar historias cantadas, también las escribía. Y así fue como <em>Budapeste</em> se cruzó conmigo en una librería de barrio en Lisboa, uno de esos días en los que caminaba perdida en todos los sentidos. Seguramente llevaba su música en el mp3.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me costó empezar a leerlo. Recuerdo que me costaba concentrarme y quedarme quieta en un texto. Hasta que encontré mi rincón mágico en Cais do Sodré. Allí pasé tardes enteras esperando el último barco hacia la otra orilla del Tajo, esperando también que un día mi teléfono sonara para quedarme. No sonó. Me mudé a Oporto y terminé <em>Budapest</em> en la habitación de un piso compartido en el que no duré ni dos meses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora te cuento el argumento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante un viaje de trabajo, una escala imprevista lleva a José Costa, escritor fantasma que redacta artículos, discursos y libros para otros, a Budapest. La ciudad lo deslumbra de inmediato, pero es sobre todo el idioma húngaro, opaco, ajeno, casi indescifrable, lo que se le queda adherido como una obsesión. De regreso a Brasil retoma su vida: está casado con Vanda, una periodista ambiciosa, y trabaja en una agencia de escritura anónima. Tiene éxito, pero siempre en la sombra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Budapest no lo suelta. Decide volver, aprender la lengua magiar, quedarse. Allí inicia una relación con Kriska, su profesora de húngaro, y comienza una segunda vida paralela, tan real como la primera y, probablemente, más verdadera. Poco a poco, José Costa se desplaza: de lengua, de ciudad, de identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la novela es un juego de espejos: quien escribe y quien firma, el éxito y el anonimato, la pertenencia y el desarraigo. Pero también es una reflexión sobre cómo la lengua nos define, nos limita y nos reinventa. Sobre qué ocurre cuando empezamos a pensar y a escribir en un idioma que no es el nuestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la primera vez como la segunda, me fascinó su relación con las palabras y con las lenguas. En la primera lectura eso fue lo que me sostuvo, aunque la atmósfera de José Costa y la mía propia se me hicieran asfixiantes. Yo también estaba en un momento de cambio y la incertidumbre, entonces, no me sentaba bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta segunda vez, lo he leído con más aire alrededor. He disfrutado todas sus capas. Pero he vuelto a quedarme prendada de ese juego con los idiomas y de frases como esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No me aburría caminar así en un mapa, quizá porque siempre tuve la vaga sensación de ser yo también el mapa de una persona.” (<em>Budapest</em>)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo me queda añadir una recomendación sencilla y honesta:<br><strong>escucha a Chico y lee a Chico.</strong></p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-7 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4101" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto27-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4101"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4102" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26-819x1024.webp" alt="" class="wp-image-4102" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26-819x1024.webp 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26-240x300.webp 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26-768x960.webp 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26-1024x1280.webp 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto26.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" data-id="4103" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25-819x1024.webp" alt="" class="wp-image-4103" srcset="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25-819x1024.webp 819w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25-240x300.webp 240w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25-768x960.webp 768w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25-1024x1280.webp 1024w, https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2026/01/Budapest-chico-buarque-al-pie-de-la-foto25.webp 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>
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		<title>Más que claveles, Revolución, libro de Hugo Gonçalves</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Nov 2025 17:01:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Portugal ao pé]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Portugal]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Estaba esperando en el andén del tren, oía ya de fondo como se acercaba, en mi kindle decía que me quedaban apenas 3 minutos de lectura, veía ya en el horizonte de las vías el morro de la máquina, pero no podía soltar las últimas páginas de Revolución (Revolução), de Hugo Gonçalves. La apoteosis del final narrado de la familia Storm me tenía enganchada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que empezó como una novela histórica para narrar la revolución de los claveles y su desarrollo posterior, acaba por convertirse el álbum generacional de una familia a la que te une la empatía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Revolución tiene desde el principio todos los ingredientes que se le piden al género: construir <strong>personajes verosímiles en el momento histórico y vital en el que se encuentran</strong> y con los que puedes conectar y transitar los hechos que se cuentan. Es más, Revolución consigue ser <strong>más objetivo que muchos libros de Historia, dando voz a las subjetividades de los personajes para conocer los puntos de vista diversos y distantes entre sí </strong>que suceden cuando hay un momento de cambio tan relevante como el de la transición de una dictadura a la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Portugal, como España, vivió una larga dictadura que, naturalmente, obligó a tener una posición. Así sucede, y es realmente interesante ver cómo el desarrollo del libro va modulándose, mostrando <strong>primero unos personajes conducidos por su posicionamiento político y como posteriormente, son sus decisiones las que les llevan por un camino o por otro</strong>. La vida es eso, la secuencia de decisiones aunque en algunas ocasiones las opciones a escoger parecen venir dadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy lectora habitual de escritores lusófonos*, Saramago, José Eduardo Agualusa, Mia Couto, Peixoto, Valter Hugo Mae&#8230; así que no era extraño que me inclinara por descubrir a Hugo Gonçalves. Aunque en realidad, lo que me hizo decantarme por <a href="https://librosdelasteroide.com/libro/revolucion">Revolución fue saber que se encontraba entre las novedades de Libros del Asteroide</a>. La curiosidad por ver qué venía para acercarnos a Portugal, aún muy desconocido para muchos en este lado de la frontera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>*Tengo una deuda con las escritoras y acepto recomendaciones, aunque sé que empezaré por Lobos, de Tania Ganho.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En una <a href="https://www.rtve.es/play/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-revolucion-hugo-goncalves/16804625/">entrevista en el Ojo Crítico, Gonçalves </a>dijo no haber escrito pensando en la memoria, aunque <strong>sí se reconoce como ciudadano y padre y no dejar de ver necesario mantener la memoria de cómo se construyó la democracia</strong>. Como lectora española, nacida ya en los 80, me veo paralela a ese pensamiento. También leo por eso, y me ha resultado por momentos necesario parar y pensar en las diferencias y similitudes que ambas democracias, portuguesa y española, han tenido y en cómo la actualidad pone de manifiesto que nada se puede dar por sentado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante todo, para mí, Revolución es un libro que muestra los caminos transitados por un país en efervescencia: con una dictadura a sus espaldas de la que cuesta tomar distancia, guerras coloniales activas que gastan la juventud de muchos hombres, retornados de esas colonias sin arraigo ni lugar&#8230; Pero también es un libro que cuenta como ningún otro cómo las elecciones individuales condicionan el futuro personal y el de toda una familia y a su vez el de toda una sociedad. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por cómo está escrito y cómo desarrolla los personajes, tienen una esencia muy cinematográfica, con banda sonora incluida</strong>. Podría ser porque Hugo Gonçalves es también guionista o porque para el personaje de Maria Luisa Storm hay una película que marca el inicio de su conciencia política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablemos de esos personajes: Malu Tormenta (Maria Luisa Storm), la hermana revolucionaria, que se interpela a sí misma; Pureza Storm, uno de los personajes, que por su condición de hermana mediana, me parece de los más difíciles de retratar; Frederico Storm, el pequeño, el que vive atrapado entre Peter Pan y su narrador interno (el que pone la banda sonora); Antonia, la madre, la madre y el peso de su culpa alargándose por toda la trama; y también Diego, Nádia, Raposo, Ricardo Walker&#8230; Un elenco que pone voz a las aristas y planos de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo he leído la edición en portugués de Companhia das Letras, publicada en octubre de 2023, que resultó ganadora del Prémio Literário Fernando Namora 2024.&nbsp;Ahora, <strong>Libros del Asteroide pone al alcance de los lectores españoles la traducción y es toda una invitación para deshacer el reduccionismo al que por aquí se ha limitado el símbolo del clavel y el 25 de abril</strong>, para abrir la puerta a un Portugal más próximo.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-8 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4058" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2025/11/subrayado-revolucao-de-hugo-goncalves-05-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4058"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4059" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2025/11/subrayado-revolucao-de-hugo-goncalves-04-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4059"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4062" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2025/11/subrayado-revolucao-de-hugo-goncalves-03-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4062"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4060" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2025/11/subrayado-revolucao-de-hugo-goncalves-02-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4060"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" data-id="4061" src="https://alpiedelafoto.com/wp-content/uploads/2025/11/subrayado-revolucao-de-hugo-goncalves-01-819x1024.png" alt="" class="wp-image-4061"/></figure>
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		<title>El libro en la mesita, Pequeño Zar y el bosque animado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Sep 2025 19:14:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay un gesto que primero se instaló en mi rutina nocturna y que ahora también</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay un gesto que primero se instaló en mi rutina nocturna y que ahora también se ha vuelto imprescindible en la de mis hijas. Es el libro en la mesita. Tenemos los que esperan su turno, los que simplemente hacen bonito y los que de verdad estamos leyendo. No me cabe duda de que es una de las mejores ideas que hemos incorporado al ritual de irse a dormir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando empezamos, leíamos los cuentos típicos y algunos clásicos. Luego hubo una época en la que nos pasamos a las historias inventadas. Un día, decidí contarles el libro que estaba leyendo yo en ese momento, Caperucita en Manhattan. No se lo leía en voz alta, se lo explicaba con mis palabras, capítulo a capítulo. Nos fascinó a las tres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde, encontramos en la biblioteca <a href="https://www.instagram.com/p/DKP6hSStVoR/?igsh=MTdhZmMwbmY3Zml4bw==">La muy catastrófica visita al zoo, de Joël Dicker</a>. Había oído varias reseñas que lo describían como un libro para niños de 7 a 120 años, o algo así. Lo trajimos a casa y aquello fue un éxito. La hora de dormir pasó a ser un momento esperado con entusiasmo porque queríamos descubrir qué ocurriría en el siguiente capítulo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta vez, nos hemos echado al bosque con Pequeño Zar y el bosque animado, de <a href="https://alpiedelafoto.com/cordillera-de-marta-del-riego-anta-libro-cantado/">Marta del Riego Anta</a>. Si soy sincera, me costó convencerlas porque la portada no tenía brillos ni colores llamativos. El truco definitivo fue anticiparme. Las esperé en la cama con el libro abierto y en cuanto aparecieron por la puerta, listas para acomodarse, empecé a leer en voz alta. Le puse un poco más de intensidad  a cada frase, interpretando lo que iba sucediendo, y se quedaron en silencio. Al terminar el primer capítulo, escuché: “¡otro, otro! Uno más, porfa, mamá”. Y seguí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos lo hemos pasado genial con las conversaciones entre Pequeño Zar y sus amigos, hemos aprendido cosas sobre arañas y osos, y hasta buscamos cómo son los urogallos. El libro nos duró poco, no nos valía eso de un capítulo por noche. Ahora lo mantenemos en la mesita, creo que le daremos una segunda vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mis hijas les ha encantado verse reflejadas en un niño real que, como ellas, es capaz de poner voz a objetos y animalillos. A mí me ha cautivado el mensaje de amor a la naturaleza, el elogio a la vida que vuelve a las raíces y los guiños a la generación de padres que ahora pueden leer esta historia a sus hijos. También he disfrutado al encontrar una lectura que no infantiliza la experiencia de leer, Marta no recurre a un vocabulario simplón, confía en la inteligencia y la sensibilidad de quienes leen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pequeño Zar y el bosque animado es una aventura pensada para que niños y adultos vuelvan a sentir su lado más curioso e imaginativo. Si eres adulto, es uno de esos libros infantiles que agradecerás haber compartido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Marta, queremos más aventuras con Pequeño Zar!</p>
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		<title>Canta ella y las palabras bailan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lele Sorribas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Sep 2025 21:44:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay libros que son como una canción pegadiza. Tienen música y cada vez que los</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay libros que son como una canción pegadiza. Tienen música y cada vez que los cierras, en la cabeza continúas con la melodía inventando letras nuevas. A veces las letras siguen la historia por otros derroteros; otras, son solo palabras que no tienen un significado concreto, pero suenan con la misma cadencia que las del libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/llibres-anagrama/canto-jo-i-la-muntanya-balla/9788433915689/LA_61">Canto jo i la muntanya ballla, de Irene Solà (editorial Anagrama)</a>, es uno de estos libros. Me pasó también con <a href="https://alpiedelafoto.com/cordillera-de-marta-del-riego-anta-libro-cantado/">Cordillera, de Marta del Riego Anta</a>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">No es de extrañar, el ritmo de sus frases es pegadizo, el propio catalán tiene esa sonoridad cantarina siseada y que encaracola la lengua. Esa musicalidad impregna toda la novela, hasta el punto de que uno siente que más que leer, está escuchando. Irene canta y sus palabras bailan entre los dientes y la lengua y se disparan hacia el resto de los sentidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué bonito libro, que hasta la crueldad de la vida que narra parece necesaria para componer un libro hermoso. Toda su dureza es indispensable para existir. Por momentos, es poesía que corta la respiración, te obliga a buscar reposo y no te lo pone fácil. El ritmo te sigue arrastrando. La puntuación juega un gran papel en ello. También el misterio, el no saber quién habla hasta que en lo que parece un descuido se descubre un nombre. Los acontecimientos son como una maravillosa excusa para contar todo lo demás, para dejar que la montaña cuente. Yo, que no soy de montaña, pienso: qué suerte que uno es de donde nace, de donde pace, y de donde lee y de lo que lee.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He disfrutado hasta cuando he sentido que me perdía entre sus devaneos. <em>Canto jo i la muntanya balla</em> es un libro que se gusta a sí mismo, que se recrea en su forma, y precisamente por eso resulta tan contagioso. No es una novela para quienes buscan una historia lineal o un relato cerrado: es para quienes disfrutan de la poesía narrada, para quienes se dejan arrastrar por una voz que sabe cantar. Y qué suerte que Irene Solà lo haga, que ella cante y sus palabras bailen.</p>



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